La tecnocracia y la muerte del PRI

El presidente Peña Nieto apoyado por el aparato gubernamental y los miembros del PRI destaparon a José Antonio Meade como candidato a la presidencia mexicana. Prácticamente no hubo medio de comunicación nacional que no hiciera eco del hecho y que no le descubriera a Meade virtudes como político y como ser humano que los ciudadanos no conocíamos.

Miembro distinguido de la tecnocracia mexicana, Meade junto con Miguel de la Madrid y Ernesto Zedillo, serían -si el hoy candidato priísta alcanza la presidencia- los únicos tres miembros de esa clase de administradores públicos que llegarían a la máxima aspiración de todo político mexicano.

La tecnocracia tuvo dificultades en la unción de Miguel De la Madrid; al PRI le costó el nacimiento de la “corriente democrática” y posteriormente del PRD. Ernesto Zedillo fue impuesto bajo una intensa campaña “del miedo”. Desde entonces, el PRI en cada elección federal muere un poco.

En el 2012, más por errores panistas que por aciertos priistas y claro está, por el apoyo de Televisa; el otrora partido hegemónico recupera la presidencia de la república. Pero desde entonces; su caída entre las simpatías públicas, no se detiene. Pero ya sea con el PAN o con el PRI, la tecnocracia seguía en el poder.

En ese sentido, para que sea el tercer tecnócrata en “Los Pinos” varios son los obstáculos que enfrenta Meade y que todo el aparato político-electoral gubernamental intentará quitarle de encima.

Sin embargo, en esa tarea, que se antoja titánica; es muy probable que los tecnócratas que le quitaron el sentido social al PRI, terminen matando al otrora partido hegemónico mexicano.

1.- A José Antonio Meade lo postula el PRI, pero el candidato priista no pertenece al PRI.

El problema en este obstáculo es que, si bien José Antonio Meade no es del PRI; no es un candidato completamente ciudadano y además está vinculado orgánica y personalmente con varios personajes del PAN.

2.- La corrupción. Quienes lo postulan -es decir el PRI- no son hermanitas de la caridad. Son miembros del periodo gubernamental que más escándalos de corrupción e impunidad documentada acumula.

A Meade probablemente no le puedan probar ningún acto de corrupción, pero representará en las elecciones a quienes sí lo son. Precisamente un negativo del PRI es que los ciudadanos mexicanos lo asocian con la corrupción galopante que el país sufre.

3.- ¿Le entregarán los “dinosauros” el poder a los tecnócratas?. Y además ¿Cómo ven los gobernadores priistas a Meade?.

Es claro que dentro de la alternancia política, casi ya no cabe la “disciplina” priista; puesto que también es rentable políticamente acudir o apoyar a otro partido político. ¿Qué pasaría si no despunta Meade?

4.- Meade y el PRI están en el tercer lugar de las preferencias electorales.

AMLO lo tiene en la última encuesta al dos por uno y además, la mayoría de los ciudadanos mexicanos dicen en las encuestas que jamás votarían por el PRI.

Con candidato ciudadano, con la corrupción a cuestas, en tercer lugar de las preferencias electorales y con los mexicanos diciendo que nunca votarían por el PRI; entonces:

¿Es el PRI el problema; especialmente para para Meade y la tecnocracia?.

Con el autoritarismo en su ADN, los priistas saben desde siempre que hacer reformas políticas, significa en el fondo; hacer concesiones a los partidos de oposición. Es decir, el PRI nunca ha parecido que sea un partido político hecho para competir.

Si gana, genera sospechas de fraudes. Si pierde; también genera sospechas de negociaciones.

De hecho, el PRI fue concebido para pacificar el país. Para que los numerosos jefes políticos se pusieran de acuerdo y las revueltas por el poder dejaran de producirse y reproducirse.

El PRI dependía para su éxito del control de los medios de comunicación -hoy hay medios independientes e internet- también de una obediencia absoluta al presidente de la república; pero con la alternancia política, es posible que varios actores políticos rompan con el primer magistrado de la nación. Dependía también del control del campesinado; estos hoy son los olvidados de las políticas públicas.

El símbolo distintivo de antes y de ahora del PRI era el autoritarismo, la cerrazón y cuando no había opción, la violencia política; Octubre del 68 y varios otros incidentes en el país dan cuenta de ello. En México, todos nos acordamos de ese PRI, al que además no se le ha quitado lo corrupto.

Pero para el PRI de hoy las condiciones han cambiado. El país ya no es el mismo. Para los tecnócratas, que -muchos- prefirieron el servicio público y no ser “cuadros” priistas; el otrora “partidazo” es ya un lastre. Pero por ello quedan las alianzas políticas. Especialmente con el PAN.

Para los tecnócratas el asunto primordial es asaltar el poder y conservarlo. Y si para ello tienen que desaparecer al PRI, cambiarle el nombre, congelar sus cuadros históricos o cualquier otra cosa lo harán. Tienen el apoyo del PAN y de la clase empresarial mexicana.

Pero para ello necesitan ganar las elecciones del 2018. Una empresa que en el tercer lugar de las preferencias se antoja difícil. No imposible. Pero es lo primero que hay que hacer.

Meade -por sus credenciales académicas- sería un presidente que genere confianza entre los poderosos del país y los inversionistas foráneos. Pero para llegar a ser presidente -dentro de la alternancia política actual- primero hay que ser buen candidato y tener un partido político con credibilidad que te respalde. José Antonio Meade carece precisamente de esos dos últimos elementos.

Lo que sí parece inminente, es que el PRI colapsará tarde o temprano. Cada vez son más los mexicanos que no creen en ese instituto político; o ¿de veras cree usted que cambiará el ADN priista?.

La tecnocracia, esa que le quitó la “justicia social” a la revolución mexicana, será la sepulturera del PRI.

El PRI no es ya un partido político que puede proteger los intereses de una camarilla que busca el poder por el poder y que por cierto, al país no le ha entregado buenos resultados.

La designación del candidato “ciudadano” Meade es el primer paso para aniquilarlo. Por eso le endilgan la etiqueta -que no tiene- de candidato ciudadano. Porque incluso la palabra tecnócrata tiene recuerdos negativos entre los mexicanos.

Desde 1988 en cada elección el priismo muere un poco. A la tecnocracia actual ya no le es un partido funcional.

Le falta poco para morir totalmente. El problema es que intenta dejarnos de herencia a la tecnocracia. Precisamente los que menos piensan en el bien común y la justicia social.

Twitter: @GerardoCoutino

 Correo: geracouti@hotmail.com

 

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