Terror

Donald Trump. Foto: https://www.whitehouse.gov

Varias construcciones económicas políticas ideológicas y culturales que representaban un fin y llamado “progreso”, “civilización” o “globalización”, se están derrumbando. Edificios construidos con palas “libertarias y triunfadoras” y cemento occidental. La ONU es uno de ellos. Como encargada de mantener la paz, ha sido rebasada pese a que en su seno aún se encuentra el diálogo, pero al final prevalece el veto la ignorancia a los abucheos contra el genocidio palestino. Otra es la Organización Mundial del Comercio, la que Estados Unidos abandonó para romper las “reglas del comercio mundial” al imponer aranceles. El edificio construido sobre ladrillos “civilizatorios” ha dejado de funcionar porque las reglas internacionales para el consenso hecho desde Wettsfalia para evitar la guerra, el presidente Trump se ha encargado de derribarlo, al secuestrar a un presidente electo y usar la fuerza contra Libia, Irán, Venezuela. El riesgo aquí es que cunda la anarquía sobre un orden basado en el consenso y en el derecho internacional y reconfigurado a partir de 1945.

Por otro lado, el problema interno que enfrenta Trump no es menor. Las violaciones a los derechos humanos y la destrucción del modelo democrático liberal como represión, persecución, caza y expulsión de migrantes y ciudadanos norteamericanos, son la muestra de prácticas que se acercan peligrosamente a una tentación totalitaria. En este sentido, la convivencia que permite la aplicación y el respeto de la constitucionalidad se tambalea por el uso sistemático de la fuerza policiaca. Pese a esta ofensiva, el derecho a la desobediencia civil, hecha por el norteamericano Henry Thoreau, se vuelve poco a poco resistencia y protesta entre la federación y el centro que desequilibra el pacto social entre las élites demócratas y conservadoras.

El asesinato en público de una mujer norteamericana reanima las hostilidades y la polarización política, acaso no nuevas. Ni aquel empresario con sesgos fascistas como Berlusconi, se atrevió a tanto. La operación especial hecha por la CIA en Venezuela ya había sido advertida desde la Casa Blanca. Tampoco nuevo como medio de “cambio de régimen” (el más importante fue hecho en Ucrania e Irán está en proceso) frente a los Torrijos, Chávez, los Kadafis, Hussein, Bashar, nacionalismos y soberanías nacionales incómodos, perseguidos, atrapados, asesinados, se ha unido el presidente Maduro, por mencionar sólo a algunos de la larga lista. Que se siga haciendo es el problema. Un imperialismo en descenso acarrea la tesis de que en los cambios de hegemonía se han producido por la guerra.

El robo que se hará del petróleo venezolano, divisas y oro con el ingreso de los DELTA y con apoyo interno, una táctica militar sin invasión, distrae poco el  “terrorismo doméstico” usada contra Minnesota para justificar el asesinato de la poeta, abre la posibilidad de que la guardia nacional sea usada contra el ICE, que son percibidos como una amenaza al estado y a su seguridad.

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