A pesar de que la razón de ser del mundial de futbol es -o era- la práctica competitiva cuatrianual de ese deporte, evidentemente, y como es común, está resultando mucho más que eso. Ante las imposibilidades de asistir a los partidos, de poder contratar la plataforma exclusiva para ver todos los juegos, o de tener el tiempo para tirarse en un sillón a ver cada disputa, de la mano de los soportes comunicacionales tradicionales y digitales uno termina mirando, oyendo y sabiendo mucho más sobre lo que sucede afuera de las canchas que de los juegos mismos.
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