Wané urbana

¡Viva el Mequé! música y celebraciones, el cual fue presentado el 30 de octubre. Foto: Cortesía/Chiapas PARALELO

¡Viva el Mequé! música y celebraciones, el cual fue presentado el 30 de octubre. Foto: Cortesía/Chiapas PARALELO

Por Fernando Híjar Sánchez

Las culturas musicales de Chiapas son vastas y diversas, conforman un complejo abanico de sonoridades que nutren y dan vida a los pueblos originarios de este Estado.

Es de especial interés la sonoridad de la cultura zoque de la ciudad de Tuxtla Gutiérrez (con fuertes reminiscencias de agrícolas) ya que se desarrolla en un entorno urbano que la “invisibiliza” del panorama musical de esta ciudad. Sin embargo la música y otras muchas expresiones del patrimonio cultural zoque siguen presentes, con la fuerza suficiente para mantenerse, y renovarse sin sacrificar sus principios, como lo han demostrado a lo largo de su historia.

Los músicos zoques citadinos se han formado por medio de la transmisión de generación a generación y por aprendizaje directo: escuchando y observando a los maestros, insertados en un ambiente comunitario festivo y de celebración. Esto no quiere decir que desdeñen o hagan a un lado los avances tecnológicos; todo lo contrario, algunos piteros se han valido de grabaciones con la música del maestro Ramón Chacón para enriquecer su conocimiento; incluso un joven pitero, cuando se inició de niño, recurría a las grabaciones que su padre “le bajó” a su celular, para recordar los sones. Ahora ya se ganó un espacio para tocar en algunas celebraciones

La música y danza son elementos insustituibles en las celebraciones y rituales, ya que poseen una poderosa presencia en casi todas las actividades del calendario festivo. La música zoque de Tuxtla es única y rica en variaciones y cambios melódicos; también es compleja en relación a su amplio repertorio, a la cantidad de misterios y sones y a su ordenada ejecución. La música zoque (o wané, en lengua) es fundamentalmente de carácter religioso, y se hace presente en los altares de casas y ermitas, pero también en las calles, cuando se llevan a cabo procesiones, o cuando irrumpe el Carnaval, o las fiestas de Corpus o de San Roque; no olvidemos los patios o afuera de las casas de Albaceas, Priostes y Mayordomos, y en ciertas ocasiones, lugares sagrados como la Cueva del Ramillete o la Iglesia de San Pascualito.

Existen dos agrupaciones musicales, principalmente: la compuesta por pito (flauta de carrizo) y tambor, y la de cuerdas o música de jarana. A la primera se le conoce, precisamente, como música de pito y tambor, al ejecutante del instrumento de viento se le llama pitero (algunos también lo llaman carricero, aunque este último nombre  se usa poco en Tuxtla pero sigue utilizándose con más frecuencia en otras regiones zoques),  ésta es la dotación más representativa de las músicas zoques. Por lo regular de tres a cinco tamboreros acompañan a la flauta de carrizo, aunque en ocasiones se puede iniciar la música con uno solo de éstos; en otras ocasiones, como la bajadas y subidas de las Vírgenes de Copoya y en el Carnaval, pueden aparecer más de ocho tamboreros. De igual modo se pueden presentar dos piteros, quienes alternan sus participaciones, siendo el maestro de este instrumento quien define con qué música y en qué momento interviene el otro pitero. Para ser maestro del carrizo se debe conocer perfectamente todo el repertorio musical zoque, y en qué universo festivo se toca cada una de las músicas que lo componen.

La dotación de cuerdas se compone por la jarana zoque *1 y una guitarra sexta; a los ejecutantes les llaman jaranistas o tipleros, y al guitarrero también lo nombran bajero. La dotación instrumental de pito y tambor ha permanecido relativamente sin cambios, no así la de cuerdas. Existen testimonios orales, escritos e incluso fotográficos que hacen referencia a la existencia del violín *2; también se ha asegurado que existía el arpa, pero en este caso no hay evidencia de ninguna índole. El maestro bajero Cecilio Hernández, nos habla de que en algunos momentos de la primera mitad del siglo pasado, convivían guitarras, jaranas y violines, conformando de esta manera pequeños conjuntos de cuerdas.

Si bien están garantizadas las condiciones para que permanezca y se fortalezca la música de pito y tambor, no sucede así con las cuerdas, ya que no existen en la actualidad jóvenes que se interesen por ejecutar estos instrumentos. En Copoya hay músicos que ejecutan el repertorio de la música zoque de cuerdas, pero son primordialmente músicos de edad avanzada. En Tuxtla sólo hay dos parejas de jaranistas, y no hay elementos para suponer que esta situación puede cambiar en un futuro próximo.

Existen tres tipos de música: alabados (dedicada a vírgenes y santos), la música para las danzas y los zapateados *3. Las dos primeras están estructuradas a base de misterios y sones respectivamente, estos tienen un orden establecido y se ejecutan a partir del rompimiento o inicio de la música. En el caso de la música del Rosario, ésta llega a tener hasta nueve misterios. Dependiendo como se desarrolla cada festividad, el pitero determina la duración de cada parte y le imprime un toque personal. También encontramos el alabado cantado, que sólo se interpreta en las celebraciones de la Nacida de los Niñitos del Belén, aquí se conjugan la música de cuerdas, la danza y una voz en español, zoque y latín, el cantante se hace acompañar con un tambor que él mismo percute. Los zapateados, tienen sentido de agradecimiento y se escuchan y bailan al final de algunas fiestas, constituyendo el clímax de una celebración.

Puertarbor, producciones culturales con el apoyo del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes a través del Programa Fomento a Proyectos y Coinversiones Culturales, Emisión 2012; realizó el primer documento sonoro de los zoques de Tuxtla ¡Viva el Mequé! música y celebraciones, el cual fue presentado el 30 de octubre, por la Antropóloga Dolores Aramoni, el músico Federico Álvarez del Toro, el Albacea principal de la Mayordomía Samuel Ramos y los productores Aurora Oliva y Fernando Híjar; así como la participación de músicos y danzantes.

 

*1 El investigador Félix Rodríguez en el libro Los Zoques de Tuxtla, plantea: “la jarana zoque es una pequeña guitarra de cinco órdenes de cuerdas metálicas combinando dobles y triples. Se ejecuta por punteo mediante una plumilla fabricada industrialmente, que se consigue en los comercios de música. Tiene una función melódica aunque de una forma muy peculiar, ya que la cuerda aguda, y que por ende lleva la parte principal de la melodía, es la superior contrario a lo común en otros instrumentos de este tipo, en los cuales siempre es la de la parte inferior de la encordadura.”

*2 El último ejecutante del violín zoque en Tuxtla fue el maestro José Pérez, quien dejó de tocar este instrumento a mediados de la década de los sesenta del siglo pasado.

*3 Los alabados tienen una profunda connotación espiritual, ya que es música para que las “imágenes estén contentas, es su música”. En muchas ocasiones se contrata a conjuntos musicales electrónicos para “amenizar las celebraciones” (estos conjuntos han llegado a constituirse como parte de las actividades festivas de la Mayordomía), pero empiezan a tocar en momentos en que la música de la tradición le rinde devoción a las vírgenes y santos que se encuentran en los altares. El estridente sonido de estos conjuntos opaca y priva a la música tradicional de uno de sus objetivos primordiales: halagar a las imágenes.

Un comentario en “Wané urbana”

  1. fernando hijar tovany
    13 noviembre, 2014 at 18:36 #

    Hola Tio me gustaría saber ti, de como has estado ha sido difícil encontrarte ya que siempre fuiste uno de mis tios que siempre me hecho porras en todo momento.. así como agradecerte alguna vez los desayunos que me invitaste y hasta dinero me diste y créeme que no se me olvida y que decías tocayo esta bien galán.. te quiero tío

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