Puente en la Selva: Frans Blom y Gertrude Duby

Línea de letras

María Luisa Armendáriz

La tumba donde descansan los restos mortales de Frans Blom y GertrudyDuby, en Nahá, junto a otros indígenas y líderes lacandones. Foto: Isaín Mandujano/Chiapas PARALELO

La tumba donde descansan los restos mortales de Frans Blom y GertrudyDuby, en Nahá, junto a otros indígenas y líderes lacandones. Foto: Isaín Mandujano/Chiapas PARALELO

Si bien el libro del famoso escritor B. Traven refiere a una historia de la búsqueda de un niño, el ambiente en que fue escrito hace tal vez sólo noventa años, guarda cierto parecido con el de la lacandona este 23 de diciembre del 2013, día que inicio mi colaboración en este medio digital al que auguro y deseo por lo menos unas cuantas décadas.

Traven me cautivó hace casi cuarenta años como debe hacerlo un buen escritor, por sus historias. No fue sino hasta que ya había leído todos sus libros y empezaba a interesarme en la literatura que supe que él no existía realmente, que era un invento de sí mismo. Un artificio que nos alcanza hasta la actualidad y de quien se ha dicho que es muchos personajes en “la vida real”. Entre muchos, se ha dicho que fue el propio Frans Blom, fundador de Na Bolom y la verdad es que me cuesta poco creerlo, por muchos motivos:

  • Porque Frans llegó a México en los años veinte, cuando las novelas debieron empezar a tomar forma en la mente del autor.

  • Porque estuvo en los mismos sitios, incluido Nuevo Orleans en los tiempos en que se publicó El tesoro de la sierra madre, la Selva Lacandona, Chamula, San Cristóbal, Veracruz y Tampico. Mismo espacio físico y temporal.

  • Porque los manuscritos fueron enviados a un editor en alemán, idioma que a Frans le inculcaron desde la infancia junto con el francés y el inglés.

  • Porque los libros de Frans tienen el mismo estilo literario de las novelas que años después publicara Traven.

  • Porque la literatura de Blom y la de Traven ocupó los mismos temas e intereses

  • Y porque tenían opiniones semejantes, sobre todo respecto de las condiciones del trabajo en México a principios del Siglo XX.

Para Frans Blom, como para B. Traven, el gobierno de México era una farsa que servía para la explotación. Uno y otro justificaban su crítica en viejas prácticas pre revolucionarias que habían quedado del tiempo de don Porfirio y por eso sus escritos se situaban en tiempo de los chicleros, en las monterías, en los ferrocarriles o en las habilidades de aquellos que solían venir a nuestra tierra a buscar petróleo, en lo que hoy se llama Pemex exploración.

En persona he aprendido que se requiere de un doble para expresar opiniones contrarias a un régimen si hay algo que quieres proteger o cuidar: de ahí tal vez el interés del autor de cuidar celosamente su verdadera identidad.

Al principio de su vida en México Frans Blom trabajó para la compañía petrolera “El águila” y tuvo a su mando a miles de obreros indígenas en Coatzacoalcos, en sus cartas a su madre detallaba el trabajo de la petrolera americana y las responsabilidades propias de su función. Es así como Blom se encontró con Lagarteros, el primer sitio arqueológico del que escribió; lo enviaron en comisión a marcar los lugares en que habían tenido que cerrar los pozos para que “tan pronto pasara la revolución” se volvieran a abrir porque habían caído en manos de los rebeldes. Para él, como para Trudy y muchos cientos de intelectuales, la justicia revolucionaria la encarnó Lázaro Cárdenas y desde entonces los escritos de Traven parecían relatar tiempos pasados.

No obstante, Frans Blom tuvo por lo menos cinco años entre mil novecientos treinta y ocho y mil novecientos cuarenta y tres en que su vida se volvió un misterio. Si bien los primeros los vivía en Nuevo Orleáns donde algunos aseguraban se había refugiado en el alcohol, la única constante de su vida pareciera no haber dejado rastro alguno: dejó de escribir. Luego apareció en México, feliz y campante mientras que John Huston se entrevistaba con un desconocido que temía a los aviones (única forma de llegar a la selva) para rodar la famosa película caracterizada por Humphrey Bogart, El tesoro de la sierra madre. Así dejó Frans Nuevo Orleans.

Narraba Gabriel Figueroa (y es una historia que le gusta contar a Laco Zepeda) que un día Trudy (Duby) le dijo que Frans era Traven. Pero debo confesar que todas estas coincidencias me han parecido interesantes a partir de Peter (Pedro) Wood, un querido amigo de Na Bolom que un día se acercó a mi despacho preguntándome por la silla de Traven. Él fue quien, obsesionado con la historia, me ha obligado a perseguir su trama con el interés que merece: si en realidad Frans Blom y B. Traven fueron el autor de la maravillosa saga de la selva, estaríamos en deuda trescientos millones de lectores (por lo menos) que conocimos lo que aquí ocurrió hace cien años, cuando las monterías servían para enganchar y acasillar indígenas y explotarlos de la manera más brutal que se recuerde: La rebelión de los colgados, junto con Puente en la selva, La carreta y La troza, Macario, Tierra y Libertad, Gobierno, Canasta de cuentos mexicanos son, sin duda, historias descarnadas donde el indígena cobra humanidad y el cashlán o ladino se degrada a la calidad de bestia.

Estoy en el campamento de Trudy el solsticio de invierno, a unos cuantos kilómetros del sitio sagrado de Metzabök. Se conmemora el 20 aniversario de su muerte y Antonio Chan K´in Martínez realizó la ceremonia del balché en un día que la comunidad ha dedicado a su memoria y a la de Frans. Esta tarde en Na Bolom Pedro Wood y su esposa Josephine Willis han preparado en el jardín del jaguar un homenaje para cerrar un círculo entre Traven, Frans y Trudy en una obra de arte que vale la pena visitar y que da inicio a una serie de murales con los que Na Bolom busca el legado de Fray Bartolomé de Las Casas.

Menos mal que ya terminó esa pesadilla del siglo veinte y que no tenemos que recordar a cada rato la miseria, la pobreza, la tragedia que tuvieron que vivir los antepasados de los indígenas para explotar sus recursos naturales: que el futuro promisorio les asegura el redd plus, que las reformas estructurales ya pasaron todas para que no haya trabas para el progreso de México y que la energía ya volvió a manos de quienes sí sabrán explorar y explotar correctamente los recursos para generar la riqueza que con tanta persistencia se les niega a quienes hace veinte años también…

Ese es otro cantar, los escritos de Trudy sobre los zapatistas.

Ahí nos leemos en una semana.

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