Ese oscuro target del deseo

Deseo

La última vez que permití a alguien convencerme de utilizar la palabra “deseo” tenía una ficha de depósito en la mano:

—Anda, escribe un artículo.

Lo hice a mi pesar.

Me explico: uno termina odiando ciertas expresiones cuando se da cuenta que sólo pueden ser pronunciadas por un personaje de telenovela. Por ejemplo: “hicimos el amor”. Una vez que la frase ha sido emponzoñada por el pop y el melodrama, su carga sexual (incluso la engañosamente emocional) se ve reducida a una forma permisible de hablar de cosas sucias. Es el lenguaje, entre aséptico e hipócrita, con la televisión de la tarde trata la vida real. Lo mismo me sucede con la palabra “deseo”.

Entiendo que, en su sentido más amplio, “deseo” englobe matices de la pasión humana respecto a anhelar algo lejos de nuestro alcance, con especial énfasis en la ambigüedad de ese “algo” (persona, objeto, situación mundial) y de las circunstancias (orden social, salario, la condición humana, etc.) por las cuales o no puede ser obtenido o sólo puede ser satisfecho de manera fugaz. Sin embargo, si algo me intriga es saber a qué hora las mesas de libros se llenaron de deseosos. Bueno, sí, lo sospecho: “deseo” es un sustantivo limpio pero sugerente, creíble, corto, vende bien. La pregunta se vuelve más interesante si decimos: ¿a qué idea general de deseo obedecen esos libros? Para alcanzar una respuesta con el mínimo de rigor científico me propuse el siguiente

EXPERIMENTO

Escribí “deseo” en el buscador online de una de las librerías más grandes del país. Mi intención era saber qué género libresco explotaba con mayor frecuencia la palabra deseo incluso desde el título. Mis resultados fueron los siguientes:

Relatos Infantiles: 8 (no le va mal a los niños: los autores que hablan de deseos, cumplidos o por cumplirse, son William Faulkner, Michael Ende, Charles Perrault y Juan Villoro, aunque la lista también incluye a los Backyardigans).
Literatura seria: 7 (Tennesse Williams, Eugene O’Neill, Philip Roth y esa gente).
Ofertas engañosas: 1 (Lust, la novela de Elfriede Jelinek, cuya traducción del alemán sería “Lujuria” y que en español fue publicada con el título de Deseo. Una inexactitud, por decir lo menos, tomando en cuenta el tipo de cosas que suelen acontecer en las narraciones de Jelinek).
Estudios históricos, filosóficos, sociológicos y psicológicos: 10
Desarrollo humano, manuales prácticos para sacar partido del carácter irracional del deseo en tu empresa y en tus relaciones interpersonales: 8
Romance, erotismo y porno light: 82

Una gráfica del público al que va dirigidos estos libros mostraría la situación de este modo (he tomado el “modelo familiar” con propósitos ilustrativos):

 

Este análisis, que no pretende ser exhaustivo, puede resumirse en la petición que hiciera Hernán Casciari, tras su examen de la televisión vespertina española: ¡Salva a tu madre! Si alguien está consumiendo dosis incontenibles de deseo es precisamente ella. Pero eso es apenas la punta del iceberg. Lo que nuestras madres están aprendiendo del deseo, basándonos apenas en los títulos de los libros a su disposición, es lo siguiente:

• El momento propicio: Deseos al anochecer, Una noche de deseo.

• Los lugares favorables: Deseo en el desierto, Isla del deseo, Deseo en la Toscana, La jungla del deseo.

• Las personas propensas a su influjo: El deseo del millonario, El deseo del jeque, El deseo del conde.

• Los calificativos que merece y las formas en que suele manifestarse: Deseo inocente, Deseo salvaje, Deseo ardiente, Oscuros deseos, Deseos irresistibles, Puro deseo, Tan veloz como el deseo, Deseo por contrato.

• Su carácter irrefrenable: Desafiando el deseo, Espiral de deseo, Atrapados en el deseo, Encerrados con el deseo, En las profundidades del deseo, La furia del deseo, Encadenados en el deseo, En brazos del deseo, La libertad del deseo, Hambrientos de deseo, Torturados por el deseo, El deseo nunca muere.

• Los vínculos que acostumbra entablar con otros aspectos de la vida: Honor y deseo, Deseo y engaño, Entre la obligación y el deseo, Entre la verdad y el deseo, Deseo y venganza, Inocencia y deseo. Podría añadir La realidad y el deseo, pero los cernudistas van a querer crucificarme.

En estas páginas, son las chicas jóvenes, las esposas decepcionadas, los divorciados millonarios, los vacacionistas calientes, los abogados con dilemas éticos, las profesionistas insatisfechas con el simple éxito laboral, quienes mejor encarnan las posibilidades del deseo. El cálculo con que personajes de esa índole les está permitido desear consolida la imagen del deseo como un bien de clase. Del mismo modo que una salida de caza es la experiencia más cercana que ciertas personas de bien van a experimentar del asesinato, lo que ofrecen estos libros es una suerte de lujuria deportiva.

De eso se trata “desear” en estos tiempos: la pasión sin rasguños, todos bien. Alguien incluso podría terminar firmando un acta de matrimonio poco antes de llegar al colofón.

Una vez que hemos empezado a jalar el hilo del erotismo inofensivo es difícil detenerse. Si analizamos la lista de títulos más vendidos en el país (y algo similar ocurre en el mundo) encontramos que Cincuenta sombras de Grey, su continuación Cincuenta sombras más oscuras y su tercera parte, Cincuenta sombras liberadas, ¡acaparan los primeros 5 lugares! Por si no sabes de qué van estos libros (o viviste los últimos veinte años en una torre), en la saga de Grey, hay una joven estudiante de literatura, inocente pero brillante en el campo intelectual, y un hombre millonario que la conduce por los caminos del sadomasoquismo. El éxito de la trilogía descubrió que millones de lectoras podían aceptar historias de sumisión y dominio a cambio de que los hombres fueran innegablemente atractivos, esto último para tolerar cualquier acción que en otro ámbito les hubiera parecido denigrante. Esa manera protegida de bucear en el supuesto lado oscuro del ser humano parte de la premisa de que los buenos libros eróticos, o al menos los memorables, nos reconcilian con nuestra parte perversa y mezquina y terrible. Aunque, creo yo, lo que quizás realmente hagan los buenos libros sea poner en conflicto todas aquellas partes que antes creíamos en armonía.

En los libros del deseo para nuestras madres, no se juega con el fuego, los ahogamientos o el instrumental médico ginecológico, no hay actos que dejen marcas permanentes en la piel, el sadomasoquismo es seguro, los editores han certificado que todos los participantes eran mayores de edad cuando decidieron frotarse unos con otros. Si tenemos bases suficientemente sólidas para sentirnos a salvo, el libro va a ser legible incluso para las señoras conservadoras, no importa si hay escenas carnales, o alguien utilizó un látigo de tiras para azotar a la protagonista y la joven estudiante de literatura descubrió que había algo placentero en ser humillada.

Nada se mueve o se altera en el lector, aunque persista la ilusión de estar ante un pequeño artefacto que libera nuestras más profundas fantasías. En estos casos, resulta útil desconfiar de un libro “deseoso” que sólo ofrece recorridos turísticos por el lado oscuro y, en general, de toda lectura que prometa, más que extravíos, felices retornos.

(Artículo publicado en LA PESTE Num. 6 “Deseo”)

Retomado del blog del autor Tediósfera

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