El Juguito, tradición familiar desde 1970

Texto: Gabriela G. Barrios García

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Entrar al mercado es llegar a un festín de olores y colores que emanan de los puestos, el movimiento agitado de las personas que recorren ataviados con su morraletas, canastos y bolsas de plástico, el sonido ensordecedor de las voces de los vendedores que ofrecen sus vendimias mezclado con el de los visitantes que preguntan, regatean y compran, las máquinas de las carnicerías, los sonidos de los televisores y radios en algunos locales. Cada puesto tiene su historia, cada persona tiene mucho que contar de esa labor que incansablemente hace a diario.

Me he detenido un momento, en un pequeño local del Mercado Pascacio Gamboa, conocido como el “Mercado viejo”, quizá la nostalgia me ha obligado a detenerme e indagar más sobre un local de jugos, licuados y tortas llamado El juguito, cuyo título es acompañado de la leyenda: “Desde 1970”.

Pido de comer una torta de pierna con un jugo de naranja y zanahoria, a mi lado se encuentra una señora ya entrada en años, muy agradable, quien le pregunta a la señora del puesto por la salud de su papá, quien tuvo una caída hace poco. Me animo a preguntar por su nombre y de cuánto tiempo tiene de comer en la juguería.

Amablemente doña Evangelina me platica que ella y su esposo llevan muchos años frecuentando el lugar: “Nosotros trabajamos 42 años en un restaurante en Chiapa de Corzo y mi esposo siempre venía para acá y, como él salía a las cuatro de la mañana, le daba vuelta a casi todos los mercados y aquí venía a terminar para que pasara a traer su torta con su licuado de chocomilk”.

“Ahorita vamos al Seguro (IMSS) en la (clínica) 25, pero me dijo mi esposo que viniéramos a comer una torta y de ahí regresaríamos para el Seguro. Cada que podemos venimos hasta acá. Siempre pido mi torta de pierna y mi jugo de zanahoria con betabel”.

Doña Amparito, como la llaman sus clientes y amigos, lleva más de 44 años atendiendo la refresquería, comenzó a llegar desde los 12 años para ayudarle a su abuelita, doña Josefa López Velázquez, quien es la fundadora de ese negocio familiar. Ahora apoya a sus papás, ya que su mamá se retiró desde que la operaron y su papá, Manuel López Quirol –don Manuelito-, quien a pesar de haber sufrido una caída, sigue llegando muy temprano a preparar todas las cosas para abrir el local.

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¿Recuerda cómo era la actividad de su abuelita?
Mi abuelita fue muy trabajadora y siempre muy optimista. Ella era la que le daba ánimo a este negocio, decía: vamos hacer esto, vamos hacer lo otro. Cuando empezamos en este mercado no había muchas juguerías, pero en ese tiempo se preparaban las aguas picadas, se hacían las aguas preparadas y mi abuelita fue la que empezó con los licuados, los jugos, por ejemplo: el vampiro, el licuado verde, ella fue la que inició aquí con esos jugos, y también vendíamos aguas preparadas. Combinaba las dos bebidas.

¿En qué le ayudaba a su abuelita?
Ella era la que preparaba las tortas y yo le ayudaba a hacer los licuados y los jugos. Bien chica empecé, a los 12 años.

¿Cómo es un día en la juguería?
Desde temprano venimos y empezamos a preparar todo. Para mí es muy bonito porque es una manera de empezar el día en el trabajo y pensando siempre positivamente que vamos a vender, que vengo con la disponibilidad de atender bien a mis clientes para que se vayan contentos, satisfechos del servicio que les damos. Siempre con los compañeros compartiendo la alegría del negocio, que celebremos que estamos sanos, porque a veces cuando nos enfermamos o por alguna otra cosa, ya no venimos, pero cuando está uno bien, toda esa alegría de vernos, de saludamos y de que ya vamos a empezar a vender.

¿A qué hora viene?
Ahora que mi papá está enfermo antes de las 6 de la mañana empezamos a trabajar, siempre pensando en el negocio; trabajando pero pensando en la familia también porque la dejamos. Eso ya es de muchos años, los dejamos en casa.

¿Cuál es su horario?
De 6 de la mañana a 3 de la tarde. Ya nos hicimos ese propósito para no abandonar mucho a la familia, porque los abandona uno mucho y también tiene que ver por ellos.

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