El río Grande de Chiapas

Chiapa Antiguo, Paso San Pedro. Foto: Archivo

Chiapa Antiguo, Paso San Pedro. Foto: Archivo

«Poseen tierras muchas y las mejores que hay en Indias…Siembran dos veces al año y si quisieran sembrar siete también pudieran, porque la tierra siempre está para ello…hay grandísima abundancia de los frutos de la tierra…Son gente trabajadora y así vemos de noche lumbre por las casas, que están las mujeres hilando y tejiendo. Hácense aquí las mejores mantas de algodón que se hacen en la tierra y aun en las indias…no dejaré de decir de las calabazas que aquí hay. Haylas muy mayores que grandes arneros y aquellas pártenlas por medio y píntanlas para servirse de ellas en lugar de cestas y de platos y son tan galanas como platos de Valencia”.

Fray Tomás de la Torre, citado por Francisco Ximénez,

Ahora el lomo del río luce empequeñecido, la poderosa serpiente de agua que atraviesa el centro del estado deja ver su desnuda piel de arena, gruesa piel de tierra y piedras compañeras de viaje del agua de lluvia bajan desde las montañas y se citan cada mayo para dar vida a este enorme reptil hídrico. Este año las nubes han negado su presencia en los Cuchumatanes y con ello el reptil languidece, se adelgaza hasta el puerto frontera en Tabasco. Cuando cobra vida y se carga de energía convida lo que encuentra a su paso, lo mismo peces que lagartos y hasta las casas que arrastra con furia.

Don Segundo Borrás, oriundo de  Cahuaré, contempla con ojos nostálgicos el manso paso del río. Habitante de esta antigua población que se fundó a la entrada del Cañón del sumidero, justo donde nació la leyenda de los indios Chiapa, que se desbarrancaron huyendo de los encomenderos españoles. Mito que da orgullo y motivo de fiesta a Chiapa de Corzo. Mito que fue desmentido por Jean de Vos y que provoca risa entre los chiapacorceños, -¿Cómo va a saber más ese salado que nosotros?

Por su mente pasan vertiginosas imágenes de aquel 26 de diciembre de 1956 cuando Roberto Ramírez de los Ríos,  no logró que le obedeciera la desenfrenada máquina del tráiler que diera muerte al viejo puente colgante hecho de madera.

“Era yo muchachito, me acuerdo bien cuando cayó el puente, acá estaba yo nadando en la pocita, tenía sumida la cabeza en el agua, mi mamá estaba lavando, escuché que gritaron “el puente” y salimos corriendo. Ahí estaba el tráiler en el otro lado, el puente se comenzó a doblar hacia el centro” Junta las manos y describe con ellas como se fue quebrando el viejo puente de madera que se construyó en el porfiriato.

“Mi papa me llevó encuerado…del otro lado, donde se volcó  el tráiler al que se le fueron los frenos, le pegó a la base de los cables, unos cables gruesos que trajeron desde Pensilvania y llegaron acá, arrastrados por 60 mulas desde Arriaga.  Había muchos muertos.. eran trabajadores de los que pasaban la carga para este lado.. porque como el puente era de madera de chicozapote, había que descargar los camiones y acá de este lado se volvían  a cargar”

“Vinieron muchas canoas, para seguir pasando la gente, hicieron harta paga, mi papá ganaba del diario hasta 500 pesos, su salario mensual era de 12 pesos en la Secretaría de Recursos Hidráulicos. Todo  lo mal gastó,  llegaba a una cantina que estaba allá por San Roque”

Don Segundo vio como el río dejó de tronar en la época de creciente, cuando en 1981 empezaron a llenar el embalse de la presa de Chicohasén y se volvió manso, dejó de ahogar gente en semana santa. Perdió su fiereza.

“Una vez me dejaron cuidando tres cadáveres, les prendieron sus veladora, los cuide hasta que aparecieron sus familiares. Estaba yo muchachito, me daba miedo, esa semana santa  se ahogaron 18 personas”.

Chiapa Antiguo, caída del puente. Foto: Archivo

Chiapa Antiguo, caída del puente. Foto: Archivo

Los últimos estertores del río se dieron en 1975 cuando se cerró la presa de la Angostura y el caudal del río se redujo de 200 a unos 15 metros de ancho, como se encuentra  ahora. Entonces se pudo cruzar a pie. Conocimos su piel neolítica, sus escamas de arena entre la piedra bola.   Fue cuando comenzó a temblar y acabó con las casas de adobe de Chiapa. Decían que la campana grande de la iglesia Grande estaba enojada porque habían secado el río. Le llevaron marimba, quemaron cohete, le rezaron, pero no dejó de temblar. Los temblores hacían estremecer no solo Chiapa, muchos edificios de Tuxtla también se dañaron.

En el primer año de secundaria tuve como maestro de geografía a Jorge Narváez el “Mapitas” y que comandó la expedición del “Pañuelo Rojo” los primeros en cruzarlo, decían en Tuxtla que fue gracias a que la mamá de los Castillejos, famosa médium, había pactado con los “Dueños del Cañón” y que éstos les dieron permiso.

El maestro Jorge, nos decía que los temblores era ocasionados por el descenso del nivel freático de la cuenca del Grijalva, que las grutas quedaron sin agua y que al derrumbarse las piedra en su interior ocasionaban los temblores, los cuales duraron casi un mes, y terminaron cuando soltaron el agua almacenada en la Angostura.

Las presas amansaron al río, lo hicieron  navegable, pero también comenzó a acumular arena, que baja de los cerros deforestados,  arena y sedimento que ya no llega hasta el golfo, sino que ha ido habitando las cavernas y lechos que en otros tiempos formaran las caudalosas corrientes de la serpiente. Se puede apreciar que los grandes despeñaderos como el que estaba en la entrada del Cañón que le dio nombre de Sumidero están llenos de arena…

Don Segundo recuerda cuando acompañaba a su papá a traer palmito, yendo río abajo, a la entrada del cañón.  por las veredas que estaban a sus costados, que sólo conocían los que ahí vivían.

“Unos 150 metros de alto tenía esa caída de agua, que estaba abajito del mirador la Ceiba, donde inicia el cañón, por esa caída  le decían Sumidero ”  recuerda Don Segundo “la brisa nos llegaba bien sabrosa, mi papá conocía el camino y se iba con un mi tío a traer la palma”

La arena que ahora cubre las piedras, se volvió omnipresente en su lecho, ha ampliado los playones y envuelve lenta pero inexorablemente el río.

“por un litro de agua que se toma de muestra del río, se pone en un traste de porcelana y se checa cuanto de limo arenoso lleva ese litro de agua, el promedio es de 100 a 150 gramos por litro… se imagina son millones de metros cúbicos de agua…donde eran profundidades de 80 o 100m metros ya hay escasos 20 o 30 metros, todo está lleno de arena.  Hasta donde le llaman el Tapón, hasta ahí va la arena, se mira claro en tiempo de lluvia, porque hasta ahí se mira el agua chocolatosa y de ahí para allá se mira limpia, ahí muere el golpe de la arena”

Tal parece que la vida del cañón y de las presas que componen el sistema hidroeléctrico Grijalva  se pueden contar por décadas, los sedimentos de las montañas que escurren en las lluvias, generados por la tala y quema de los campos agrícolas, las están azolvando. Nuestro gran río se está convirtiendo en un enorme playón.

En nuestra memoria quedan los días de agua fresca, limpia cuando iba con mis padres a bañarnos a la poza y vertientes que brotan de la piedra en Cahuaré, donde soñábamos con llegar nadando al mar.  

La enorme serpiente de agua, ahora se arrastra por la arena, una arena que nos recuerda el desierto, los páramos de la deforestación, donde se reproduce la pobreza, que nos tiene, según datos del CONEVAL, en el primer lugar nacional. 

Con la esperanza dibujada en el rostro, Don Segundo Borrás que ha visto el río casi agonizante, sabe que las lluvias, el río grande de Chiapa recobrará su galanura.

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