Una tarde de Manhattan en Tuxtla

Aspecto de la avenida central durante el Festival de la Primavera. Foto: Arnold Jarquin/ Cortesía.

Aspecto de la avenida central durante el Festival de la Primavera. Foto: Arnold Jarquin/ Cortesía.

Los árboles de primavera que resguardan la avenida central florearon antes de tiempo este año. Llegó la primavera y ellos ya se habían ido, no estuvieron presentes sus flores en el Festival organizado en su honor. ¡Qué falta nos hicieron!

Este sábado 19 de Marzo desde las 4:00 de la tarde hasta las 8:00 de la noche se realizó el Festival de Primavera en la avenida central de Tuxtla Gutiérrez,  en donde participaron diferentes organizaciones y artistas con distintas actividades: paseo en bici, exposiciones artísticas, caminata perruna y conciertos al aire libre.

Por una tarde las y los peatones recuperaron el espacio que le han cedido a los automóviles;  pudieron recorrer una parte de la ciudad sin prisa, sin temor de ser arrollados.

Durante el Festival hubo paseo en bici. Foto: Arnold Jarquin/ Cortesía.

Durante el Festival hubo paseo en bici. Foto: Arnold Jarquin/ Cortesía.

Afuera del Museo de la Ciudad se presentó la Big Band Jazz de la Unicach, una agrupación de jóvenes dirigido por Luis Felipe Martínez. “Ese hombre parece Zeus dirigiendo a los Dioses del Olimpo” me dijo el periodista Oscar Gutiérrez refiriéndose al director de la banda.

A las y los músicos también los describió: “Míralos, ahí enfundados en su ropa negra, no son ni siquiera conscientes de lo que están haciendo, de la tarde que nos están regalando. Al terminar recogerán sus instrumentos y se mezclarán con la gente y nadie sabrá que son ellos los que han venido hoy a recordarnos que la única manera de rescatar esta ciudad será con la ciencia y el arte.

“Estos hombres de negro no han venido con palos, ni piedras como los del MOCRI; ni con discursos como los políticos, sino con instrumentos de música, míralos…¡Qué manera de hacer el amor en público, sólo les falta quitarse la ropa” me decía el querido Óscar con esa su manera tan peculiar de contar, de ver a las y los demás.

El público emergente, que salió al paso, que tal vez no tenía ni planeado escuchar jazz esa día, resultaron ser espectadores muy agradecidos que no dejaban de aplaudir.

“Estoy seguro que esa señora que está ahí –me decía Óscar mientras me enseñaba a una mujer de unos 50 años con la bolsa del mandado en la mano, que cerraba los ojos y movía los pies mientras escuchaba la música-  no venía al concierto,  tal vez no escuchaba jazz, pero ahora se va a ir a su casa, caminará con toda la gente, pero ella irá feliz, sonriendo por está tarde, que si cierras los ojos pensarás que estás en Manhattan” aunque la comparación me pareció exagerada, yo sólo asentía a lo que me decía Oscar, jamás hubiera encontrado por cuenta propia esa manera de describir el concierto al aire libre.

A pesar de las suplicas del público por querer prolongar esa tarde de música, la Big Band Jazz de la Unicach terminó su concierto porque  las y los automovilistas estaba impacientes porque la avenida central se abriera – ¡Pobres! estaban muy lejos de saber lo que en ese espacio sucedía-

Al terminar el concierto el público se fue, cedió de nueva cuenta su espacio y se refugió en las aceras, mientras las y los músicos recogían sus instrumentos –y como dijera Oscar- sin ser conscientes de la tarde que nos habían regalado.

 

 

 

 

 

 

 

 

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