El ranchito de la familia Culebro

Presentación del libro por el autor en 2017.
Foto: UNACH

#Unamásuno

Texto: Andrés Domínguez

Edición: Erika Valdes

Editado por la Universidad Autónoma de Chiapas (UNACH), “Caña Hueca”* es un ejemplar de apenas 59 páginas, cuya información privilegiada nos conduce a reflexionar sobre el futuro de uno de los espacios con mayor apropiación ciudadana de toda la capital.

Virgilio Segundo Culebro López, autor del libro, realiza un ejercicio profundo de memoria, para exponer desde la intimidad cómo al rancho de su familia, llegaban cientos de niños y niñas de otras colonias ya sea bañarse, cortar mango o jugar.

El Parque recreativo “Caña Hueca”, antes de ser lo que ahora se ve, era un predio de aproximadamente 19 hectáreas propiedad de la familia Culebro. De forma puntual, el sitio era de Don Mario Jesús Culebro Trujillo: quien fue el presidente municipal más joven de todos los tiempos con escasos 25 años.

Antes de imaginar las canchas de futbol, básquetbol, beisbol, tenis o la pista para corredores, en este espacio, se tenía sembrados múltiples árboles frutales, mangos de diferentes clases, chicozapotes también de diferentes clases y muy dulces, naranjas dulces y agrias, limones persa y mexicano o común, papaya de buena calidad, zapote negro muy dulce, zapote colorado o mamey, plátanos o guineos como se le dice aquí, de diferentes clases (morado, Chiapas, machos y de cochi cuadrado), se sembraba también maíz (milpa) y los desechos después de la pisca o cosecha era un excelente alimento para el ganado, habían así como cañaverales, pues Don Mario tenía un trapicho movido por caballos que exprimía la caña de azúcar.

De primera mano, Don Virgilio nos cuenta la integración de la familia Culebro. Don Mario contrajo nupcias con María Teresa López Coronel en 1924; lo que derivó en el nacimiento de María Teresa, Mario Jesús, Virgilio Segundo, Martha Elena, René Abraham y Javier Alberto Culebro López. Todos y todas conocidas como los “Caña Hueca”. Es decir, el conocido nombre del parque deviene del sobrenombre identificativo hacia la familia.

Caña Hueca
Foto: Andrés Domínguez

Según el cronista José Luis Castro Aguilar, el apodo nació cuando Alberto Chanona, maestro del extinto Instituto de Ciencias y Artes de Chiapas (hoy Universidad), al pedirle la clase a Mario, le dijo ¡a ver tu caña fistula! Luego de ello, el compañerismo trasformó la palabra fistula por hueca, porque Mario desde siempre fue muy delgado; por lo mismo y como relajo de sus compañeros lo apodaron desde entonces “Caña hueca”. Así fue como nació este sobrenombre y se quedó para siempre.

Por cierto, una vez en una reunión de amigos presentaron a Mario a una persona que por primera vez asistía a esas reuniones de amigos, y como algunos de más confianza le decían “Caña Hueca”, esa persona se atrevió a decirle su apodo y Mario lo paró en seco, pues le dijo que “Caña Hueca” era para sus amigos, pero para él, como lo acababa de conocer era Don  Mario.

Desde que supo que ya había de un parque que se le llama “Caña Hueca”, le gustaba que le dijeran su apodo. René, el segundo de la familia que ya se fue, popularizó el sobre-nombre de “Caña Hueca”, pues todos le decían “el cañita” y los de más confianza le decían “Caña”, muy querido por su lealtad y simpatía, recuperó Castro Aguilar.

En un punto álgido de intimidad, Don Virgilio nos relata las difíciles negociaciones entre su padre y los gobernadores Samuel León Brindis y Juan Sabines Guerrero. Al primero, Don Mario resistió a vendérselo debido a su poco interés. Por otra parte, Sabines logró la venta debido a que amenazó al propietario:

“Juan Sabines, como era de imperativo, respondió, era de ustedes, porque a partir de este momento es del Gobierno del Estado, o me lo venden o se los expropio” (p. 53).

El libro de Don Virgilio con tan solo existir resulta un documento patrimonio de la capital, ya que, si bien existen diversos esfuerzos por recuperar información histórica del sitio, es el único que lo hace como protagonista. Pero superior a eso, el actual contexto de incomodidad latente por el proyecto Circuito Interior, nos invita a reflexionar acerca de la serie de circunstancias que han derivado en darle la valía a un espacio, considerado por muchos y muchas más que un parque.


*Dicho ejemplar, puede encontrarse en la Biblioteca Central de la Universidad Autónoma de Chiapas. Se desconoce si existen ejemplares a la venta.

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