Fraternidad, arte y resistencia; el significado del bordado para las mujeres en Chiapas

Tejedoras y bordadoras tsotsiles de Zinacantán,. Chiapas. Foto: Elizabeth Ruiz/Chiapas PARALELO

*Las diseñadoras y tejedoras han intercambiado saberes a lo largo de las últimas décadas el significado que esto tiene para las mujeres involucradas se relaciona con la forma en que se aprende el mundo y lo que significa en cada cultura.

*Este trabajo de investigación pertenece a una compilación del libro Ruralidades, cultura laboral y feminismos en el sureste de México, publicado en el año 2018.


Karla Pérez Cánovas, maestra en Antropología en el Instituto de Investigaciones Antropológicas de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), presentó un artículo donde se describen y explican las formas en que se comparten e intercambian los conocimientos y saberes tradicionales entre tejedoras y bordadoras de Los Altos y algunas diseñadoras y diseñadores establecidos en la ciudad de San Cristóbal de Las Casas.

Para las artesanas compartir conocimientos es mezclar su trabajo, haciendo lo que cada una sabe y crear en conjunto una nueva pieza textil. Tienen claro que los diseños de sus tejidos les pertenecen y, que las y los diseñadores aportan son herramientas para diversificar y crear nuevas opciones.

Las diseñadoras enfrentan diversas dificultades desde sus disciplinas. Los procesos vividos por algunas con las tejedoras buscan la integración en todas las etapas de producción del textil. Uno de los objetivos es promover que estas últimas tengan otras opciones y que al final del proceso de intercambio de saberes, sean quienes promuevan sus propios diseños y tengan más opciones para difundir su trabajo, expresa la maestra.

Pérez menciona que, para algunas de las diseñadoras, la relación que tienen las tejedoras con los textiles es un medio artístico de la resistencia de las mujeres, por el cual sus culturas y cosmovisiones se han mantenido a través del tiempo. Es el reflejo de quiénes son como mujeres, de cómo se sienten y de la forma en que proyectan su visión del mundo y su cultura.

El proceso de construcción de estos saberes entre estos dos sujetos, aunque tienen aportes individuales al acervo común, sigue siendo una tarea colectiva. El aprendizaje tiene como eje privilegiado la experiencia y como base de ella el hacer y el demostrar con hechos, añade la investigadora.

Tejedoras y bordadoras tsotsiles de Zinacantán,. Chiapas. Foto: Elizabeth Ruiz/Chiapas PARALELO

Las diseñadoras junto con las tejedoras y bordadoras comparten ideas y diseñan, desarrollando sus necesidades materiales y creativas. La innovación las ha llevado a la creación o modificación de sus productos para la introducción en el mercado y de los procesos de instrumentos, organización y resultados, así como la reinterpretación de un fondo cultural de diversas historias, expresa Pérez.

Pérez Cánovas da a conocer que el trabajo de algunos diseñadores y diseñadoras con las tejedoras ha sido de experimentación. Tejedoras y bordadoras de Zinacantán y San Juan Chamula, a través de talleres de tintes naturales, aplicando técnicas tintóreas y utilizando lana, han obtenido una gama de colores más amplia, han elaborado distintas pruebas de tejido y han obtenido variaciones que se pueden aplicar con las fibras y en diferentes materiales.

En Zinacantán algunas tejedoras han elaborado lienzos con diversas densidades de trama y urdimbre haciendo tejidos más ligeros, logrando efectos únicos, utilizando menos hilos en la y desarrollando la técnica del jachum una técnica antigua y del brocado que en la actualidad lo trabajan en figuras a gran escala con la finalidad de no desperdiciar las telas que se utilizan, añade la maestra.

La calidad del trabajo artesanal depende de la relación entre el conocimiento tácito y reflexivo, no se trata de saber cómo y por qué, sino de conocer el material con el que se está trabajando y de tener las habilidades para trabajarlo, expresa Pérez.

Tejedoras y bordadoras tsotsiles de Zinacantán,. Chiapas. Foto: Elizabeth Ruiz/Chiapas PARALELO

Pérez dice que las tejedoras están compartiendo entre sí sus conocimientos, los cuales han sido adaptados a nuevas formas de producción artesanal. Enfrentan situaciones como la de adaptar conocimientos desde los referentes de los diseñadores. Aprendieron a adaptar lo empírico a lo técnico.

Las herramientas e ideas que las diseñadoras proponen a las tejedoras y de las cuales no han estado de acuerdo, es en la forma que se define la autoría o propiedad de los diseños y el cómo exponen su idea sobre la incursión cuando intervienen en el campo artesanal. Para las artesanas, algunas de sus técnicas utilizadas son adaptadas en formas distintas, expresa Pérez.

Pérez expone que las relaciones en torno a la práctica textil entre diseñadoras y tejedoras resultan complejas. Las primeras han preferido tener sus procesos de creación con las tejedoras con las que trabajan y se organizan, y tener relación directa con el comprador. Las segundas consideran que las diseñadoras comparten y aportan herramientas, pero no enseñan el tejido original afirman que “para enseñar hay que saber hacer”, y ellas no tienen los conocimientos que poseen y que se han transmitido de generación en generación.

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