Slem K’ok Band; le da un giro al etnorock, trae historias de vidas de la religión cristiana

Catedral de San Cristóbal en Las Casas, un edificio colonial de estilo barroco cuya construcción comenzó en 1528 y a lo largo de los siglos ha sido un emblema de la ciudad. Cortesía: Hi sour.

*En Slem K’ok Band, como muchas otras bandas, se comienzan a gestar en la idea de que las creencias y lo religioso también pueden ser una práctica juvenil y no se sitúan solo dentro de la congregación, de la iglesia o de los dogmas morales que se inculcan. Han surgido cierto tipo de jóvenes para quienes la experiencia religiosa es importante, por el hecho de que la misma es atravesada por referentes culturales heredados y adoptados.


*La investigación está integrada en el libro Etnorock: Los rostros de una música global en el sur de México.

Alan Llanos Velázquez, investigador y maestro en Antropología Social del Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social (CIESAS), realizó un trabajo de investigación, sobre la forma en que un grupo de jóvenes indígenas, dispusieron que, la creencia en Cristo se manifiesta por el tradicional culto evangélico, lleno de música de alabanza y adoración, en la que sus integrantes, a partir de sus propios gustos y estilos musicales, han creado una novedosa forma de manifestar su fe.

Asimismo, este ligado con el movimiento cultural y musical denominado etnorock; sin embargo, difiere en algunos aspectos, en aquellos que resaltan elementos religiosos de la tradición indígena que no les son propios como jóvenes indígenas urbanos y cristianos.

Llanos Velázquez menciona que, el fenómeno religioso en Chiapas es diverso; la cuestión musical forma parte de él y ha adquirido una serie de singularidades. La condición de algunos cristianismos se manifiesta en la forma en la que la música se ha desarrollado en tal espacio; en ese sentido, el desenvolvimiento musical dentro de las congregaciones se ha dado de formas distintas.

Por ello, San Cristóbal de Las Casas se convierte en un lugar donde esas manifestaciones se desarrollan y se convierten en formas diferenciadas de vivir la creencia, acercarse a Dios y sentir su presencia. La oferta musical cristiana en la ciudad es amplia, variada y accesible, ya sea en sus versiones congregacionales o en las interpretadas por artistas cristianos.

El investigador añade que, mucha de la música que puede conseguirse es interpretada en tseltal o tsotsil, se suma la venta de prédicas de pastores de renombre y las presentaciones de cantantes locales realizadas en iglesias de la ciudad. Incluso existe un gran número de frecuencias de radio cristianas que, dentro del cuadrante radiofónico de la ciudad, incluyen en su programación toda esta diversidad musical.

Además, más allá de la música de tríos y grupos tropicales que tocan en nombre de Cristo, que son los más populares, existe otra amplia gama de estilos musicales con los que de igual forma se rinde culto a Dios.

“Me refiero a las agrupaciones que, desde ritmos como el rock, el reggae, el ska, el pop, el hip-hop, el metal o el punk, realizan lo mismo en sentido estricto. Agrupaciones como Rescate, de Argentina, Redimidos, de Puerto Rico, o Fermín IV, de México, quienes van del rock al rap y al hip-hop, son sólo algunos ejemplos de artistas de renombre internacional que manifiestan su creencia por medio del contenido de sus letras, y cuyos materiales pueden adquirirse en los mercados de la zona”, expresa el investigador.

En ese entorno, se insertan los jóvenes músicos cristianos indígenas, algunos como espectadores y seguidores de bandas, como consumidores de música proveniente de otras partes del mundo; otros por medio de sus grupos congregacionales, de modo que cada domingo tienen la oportunidad de tocar o cantar; y otros tantos por medio de la conformación de sus propias bandas.

En las poblaciones de hablantes de lenguas indígenas, son los jóvenes quienes han sido los receptores más abiertos a la llegada de lo novedoso. Los jóvenes indígenas se han aproximado y en algunos casos han adaptado a sus contextos sociales expresiones culturales de distintas partes del mundo, hoy en día es posible apreciar distintas manifestaciones artísticas que dan cuenta de ello.

“En el caso que nos compete, nos referimos a lo que se ha dado en llamar rock étnico o etnorock, es decir, una manifestación musical en la que distintas vertientes del rock y otros estilos musicales, como el ska, el hip-hop, el reggae, el metal o el punk, se han fusionado con cantos tradicionales o concepciones culturales de los pueblos de origen”, manifiesta.

El investigador comparte que, el etnorock no suele ubicarse a fuerzas dentro de los pueblos originarios. En el caso de Chiapas observa que el etnorock se desarrolló a partir del año 1994 tras la irrupción en la escena política y social del Ejército Zapatista de Liberación Nacional y del proceso de globalización que, comenzó a experimentar tanto la ciudad de San Cristóbal de Las Casas, como la región de Los Altos de Chiapas.

También, en esa región se encuentran los municipios de San Juan Chamula y Zinacantán, considerados los semilleros de las agrupaciones de indígenas rockeros en el estado, algunos son Sak Tzevul, Vayijel, Xkukav, Lumaltok y Yibelme’tik Banamil.

El etnorock, comprende las vivencias de la actualidad entre los jóvenes indígenas. Cortesía: Radial314.

El etnorock se ha posicionado como una forma de visibilizar las vías por las cuales los jóvenes provenientes de distintos pueblos originarios manifiestan su herencia cultural, entreviendo aspectos que les son significativos y reconfigurándolos mediante las nuevas propuestas musicales que envuelven a la sociedad en general.

Llanos Velázquez dice que, pensar el etnorock como una posibilidad de comprender las vivencias de la actualidad entre los jóvenes indígenas le otorga un nuevo significado. Pues al hacerlo, el espectro de las manifestaciones artísticas de la población indígena se amplía para mostrar su variedad y riqueza.

Además, tales manifestaciones se imbrican con aquellas en las que la creencia religiosa se añade, lo que deriva en un ambiente en el que música, creencia y etnicidad se entremezclan, dando por resultado, en un sector de jóvenes indígenas, fusiones musicales que yuxtaponen elementos tan disímbolos como el rock y la religión.

Es así como, en el núcleo de manifestaciones musicales y artísticas generadas por jóvenes indígenas cuentan con el añadido de asumirse como cristianas, es donde se integra la banda musical Slem K’ok Band, que en tsotsil significa “llamas de fuego”; llamas que aluden a aquellas que, según referencias bíblicas, durante el día de Pentecostés se manifestaron sobre los doce apóstoles.

Esta agrupación de rock cristiano en tsotsil nació en el 2008 bajo el liderazgo de Meir Méndez, un joven nacido en San Cristóbal de Las Casas, de padres originarios de San Juan Chamula, tuvieron que trasladarse a la ciudad a raíz de las expulsiones por motivos religiosos ocurridas a finales de la década de los setenta.

Además de ser músico, cantante y compositor, se dedica al comercio; vende tacos y ropa en el Mercadito II de la ciudad. Por temporadas, vende ropa, para jóvenes y triques o juegos pirotécnicos, durante las fiestas decembrinas.

Méndez comenta que la idea de tener una banda surgió cuando se asumió como cristiano, observaba en las congregaciones algunas personas compartían su experiencia de vida y de cambio a partir del conocimiento de Cristo, pero lo realizaban de una forma poco sencilla e incluso aburrida:

Por ello, los testimonios sobre historias de vida y los cambios acontecidos a partir de abrazar la fe en Jesús son las historias de la conversión de las personas, la mayoría de las veces incluye violencia, actividades ilícitas, consumo de drogas y alcohol, para terminar con una idea de renacimiento en Dios.

Con base a lo anterior, el compositor lo denomina “testirrollo”, pues termina siendo un testimonio, un “rollo” lanzado por una persona para sentirse mejor consigo misma y para tratar de dar un mensaje a quienes lo escuchan, al tiempo que se coloca como un ejemplo visible del cambio que ocurre cuando las personas se acercan a Dios.

Llanos Velázquez, comenta que, formar una banda cristiana de jóvenes no es una novedad en San Cristóbal, dado el contexto de la música cristiana y el movimiento del etnorock en la región, pero para Meir, si lo fue. Utiliza la música como instrumento de difusión de lo que como cristiano pensaba y sentía, invita a colaborar a jóvenes con los que compartía el mismo interés musical y religioso.

En un principio, las letras de las canciones de la banda eran en español, sin embargo, el compositor decidió que era mejor componer y cantar algunas en su lengua materna, el tsotsil, se dio cuenta de que al hacerlo se le abrían otras puertas y llegaba a más personas.

“A veces como jóvenes nos olvidamos del tsotsil, que es la lengua materna. Algunos jóvenes que ya usan ropa o tenis de marca, les da pena que otros chavos ladinos o caxlanes, como les decimos aquí, los oigan hablar, aunque nuestra apariencia siempre es como los mayas. Vi la posibilidad de llevar la música con mi lengua y descubrí que hay puertas que se pueden abrir para darme a conocer con mi música, mis letras y todas las cosas que yo hago”, dijo Méndez en una entrevista.

Por lo anterior, para él y los integrantes de la banda, el chuj es la prenda distintiva de los hombres indígenas de San Juan Chamula, es un elemento que complementa la forma de reivindicar el ser indígena en las presentaciones.

Slem K’ok Band reinterpreta desde una postura juvenil cristiana y en un contexto cultural indígena urbano. Cortesía: Slem K’ok Band.

La banda no solo se inserta en la ola del denominado etnorock, sino que transciende la esfera del solo hecho de tocar para manifestar su capacidad artística, al hacer visible a través de sus letras y presentaciones situaciones que los atraviesan y marcan como sujetos.

“Mi música habla de las tradiciones y las culturas que existen en mi pueblo, pero no canto para sentirme orgulloso de todas las cosas que ellos hacen. Simplemente quiero enseñarles a los jóvenes que uno puede ser malo y uno puede ser bueno… A mí me enseñaron que en el tiempo de Jesús había muchos caciques que perseguían y mataban a los cristianos, y resulta que lo mismo pasó aquí en Los Altos de Chiapas…”, comparte Meir.

A ritmo de rock, reggae y ska, Slem K’ok Band reinterpreta, desde una postura juvenil cristiana y en un contexto cultural indígena urbano, posicionan su forma de asumir y vivir la experiencia de creer en Cristo. La transgresión resulta evidente, al tiempo que su ritmo contagia las ganas de bailar, o al menos de mover el cuerpo.

Meir junto con los integrantes que han desfilado por la banda, hacen lo posible por llevar su música a múltiples espacios, saben que la firmeza de su creencia se basa en el mensaje impreso en sus letras, no en el espacio donde se toca.

También, las críticas han sido constantes; incluso desde las congregaciones e iglesias han llegado a calificarlos como “hijos del diablo vestidos de cristianos”. Tal situación, le provoca a Méndez un sentimiento de malestar.

Con una nueva agrupación, el grupo se mantiene vivo y en busca de nuevas oportunidades para tocar su música; variaciones constantes han permitido que la banda continúe presente, la agrupación conformada por Meir, guitarrista y líder; Omar, bajista y segunda voz; Chimi, baterista; Brayan, primer trompetista; Giovanni, trompetista, trombonista y corista; Amílkar segundo trompetista; Abraham trombonista, y Jessica, corista, panderista y segunda baterista, son quienes componen la banda.

Por último, su condición de creyentes en Cristo, lejos de alejarlos de temas políticos, los incita a observar y realizar críticas sobre lo que perciben y viven, al tiempo que se posicionan desde su identidad tanto juvenil, como indígena, religiosa y musical.

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