Educación, un catalizador de la independencia económica, familiar, social y político femenina en Chiapas durante el siglo XX

Hoy, se cumplen 60 años del voto femenino en México. En Chiapas el voto se otorgó desde 1925, antes que se diera a nivel federal.

*El 20 de mayo de 1925, las mujeres consiguieron uno de los derechos más importantes en la historia política del estado de Chiapas, el Congreso Local reconoció el derecho al voto de las mujeres.


María de los Ángeles Salto Argueta, historiadora de la Universidad de Ciencias y Artes de Chiapas (UNICACH) habló acerca del decreto realizado en mayo de 1925, por César Córdova, gobernador interino de la entidad, en la que se otorga al sufragio a las mujeres chiapanecas.

Salto Argueta mencionó que, la entidad siguió el porfiriato de la mano de Emilio Rabasa quien gobernó Chiapas de manera oficial entre 1891 – 1894, sin embargo, fue el cacique que impuso las políticas públicas del estado hasta 1911, con una amplia trayectoria docente en el ámbito de derecho.

Aunado a lo anterior, Rabasa fundó en 1893, la Escuela Industrial precursora del Instituto de Ciencias y Artes de Chiapas, e impulso la educación femenina según los dictados científicos de la época al crear un colegio de estudios para señoritas, todo lo anterior a partir de una administración progresista caracterizada por su reforma fiscal, construcción de caminos y expansión comercial.

La historiadora añadió que, esto generó abundancia económica en buena parte canalizada al rubro educativo, posterior a ello, Rafael Pimentel, quien gobernó entre 1899-1905, también fundó la Escuela Normal de Profesoras bajo la modalidad de internado, las candidatas debían ser mayores de 14 años, estar vacunas y con una educación previa concluida, dichas medidas eran aplicadas a nivel nacional y local hasta 1914, por la Revolución Mexicana.

Indicó que las mujeres que recibieron esta enseñanza, adquirieron una mayor independencia económica y de pensamiento, su juventud dio impulso al movimiento feminista que ya se encontraba definido, en la que sus demandas a nivel mundial eran propias, al mismo tiempo, su autonomía salarial permitía que salieran de la clase baja y se incorporaran por pleno derecho a la clase media de aquel entonces.

Por otro lado, mencionó que el movimiento armado de la Revolución Mexicana, quería trastocar la realidad del país, marcó nuevas pautas al movimiento feminista mexicano y chiapaneco, aunque en un primer momento no se sintió en la entidad por el poder de Rabasa que era indiscutible.

Fue hasta 1914, cuando sus efectos empezaron a sentirse con la llegada al poder de Venustiano Carranza, ya que sus reformas legales influyeron en las condiciones de vida de las mujeres chiapanecas a nivel nacional.

Salto Argueta señaló que las primeras jóvenes docentes educadas bajo directrices porfiristas ya eran mujeres con un criterio propio y no dudaron en demostrarlo al escribir en los periódicos de la época, incitando la lucha democrática en la campaña antirreeleccionista, recabando firmas contra el régimen porfirista, u organizando clubes femeninos encabezados por mujeres trabajadoras -maestras, normalistas u obreras textileras.

Para mayo de 1911, un grupo de mujeres feministas se valieron de una laguna legal en la Constitución Política de la República Mexicana de 1857 y de un principio general de derecho “todo lo que no está prohibido está permitido”.

Dijo que, el grupo de mujeres pidió a Francisco León de la Barra y Quijano, presidente interino de México en ese entonces, acceder al sufragio, pero no fueron aceptadas ni escuchadas.

Mientras tanto, en Yucatán hubo dos importantes eventos con trascendencia para las mujeres chiapanecas: el primer congreso feminista de enero de 1916, propiciado por Salvador Alvarado, gobernador del estado, y más tarde en noviembre del mismo año se realizó el segundo congreso, entre muchas de las demandas que planteaban se encontraba la de los derechos políticos en las mujeres.

La historiadora agregó que, una de las consecuencias de la Revolución fue la renovación del contrato social en México con la entrada en vigor de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos de 1917, aunque su creación otorgó nuevos derechos al pueblo en su conjunto, las demandas feministas al derecho al voto y la plena igualdad jurídica fueron ignoradas.

Sin embargo, las mujeres feministas de la segunda década del Siglo XX, se organizaron formando grupos en todo el país, buscaban mediante el uso de todos los espacios disponibles, hacer escuchar su voto, concientizar a las demás mujeres, y sensibilizar a los hombres, aunque su objetivo principal seguía siendo el sufragio.

1925 en Chiapas se reconoce el derecho al sufragio femenino. Cortesía: Confabulario.

En Chiapas, el gobierno de Carranza trajo nuevos aires a la entidad con el proyecto nacional que estaba en marcha y donde las mujeres chiapanecas no se dejarían al margen de los cambios, pues su incorporación a la vida del estado sería una realidad de la mano de la triunfante revolución.

Salto Argueta puntualizó que, César Córdova, gobernador interino durante 1925, decretó un artículo en el que “se reconocen a las mujeres de 18 años en adelante en todo el territorio del Estado de Chiapas, los mismos derechos políticos del hombre, en consecuencia, tiene el derecho a votar y ser votada para los puestos públicos de elección popular cualesquiera que estos sean”.

Reconoció que, esta normatividad era la segunda a nivel nacional, por lo que, el reconocimiento fue celebrado por grupos de mujeres, en especial las feministas.

Acerca del por qué Chiapas lo hizo en esa época no es fácil de reconocer, sin embargo, es posible especular teniendo como marco previo la lucha que se venía dando de la República restaurada contra la iglesia católica, en la que el estado mexicano buscaba consolidar su poder, expuso la historiadora.

Pero más allá de la expedición de la ley, dijo que hubo varias vertientes a entender como la de establecer el poder de las nuevas fuerzas triunfantes después del proceso revolucionario nacional y local, no solo frente a su enemigo de siempre: la iglesia, sino a otras que no se pacificaban en la entidad.

La historiadora comentó que, uno de los casos es el Movimiento Mapache, quienes rompían con los viejos conceptos de ciudadanía, pero controlaban su población de manera vertical e inequívoca desde el aparato estatal.

Al cumplir los objetivos que se propuso, entre ellos, buscar el apoyo de mujeres sobre todo docentes organizadas en clubes o asociaciones feministas que pedían cambios legislativos, pues esto le garantizaba al gobierno aliadas que desempeñarían sus funciones en las comunidades más apartadas del territorio y serviría para asentar más su poder.

También, premiar e incentivar a las mujeres por la labor que realizaban desde hace décadas en una doble campaña: la desfanatización del pensamiento supersticioso, la fuente de poder de la iglesia católica y contra el alcoholismo que hacía presa a los hombres al ser improductivos, y por último ser un gobierno progresista.

Al respeto, Florinda Lazos, docente y feminista afirmó que las mujeres chiapanecas eran de acción porque les permitió ganar el reconocimiento de sus derechos políticos.

Movimiento feminista antes de la Revolución

Más allá de las Adelitas: Las mujeres en la Revolución Mexicana. Cortesía: Voces feministas

Salto Argueta mencionó que, las mujeres buscaban de manera activa cambiar las leyes a partir de elegir a los gobernantes que las emitían, en este sentido, cuando el movimiento feminista llegó a México en el Siglo XIX y alcanzó su auge a principios del Siglo XX, exhibió una doble característica que se observa a nivel mundial, sus demandas principales: el derecho a votar y a la educación femenina.

Sin embargo, la participación política de las mujeres había sido de manera general invisibilizado, señaló que en las páginas de la historia patria solo algunas mujeres han trascendido y las consideraron como excepciones al causar asombro y escándalo, por su opinión y actuar, para lo que esperan que sea el actuar femenino.

La historiadora destacó que, esta doble exigencia implico dos caras de una misma realidad, salir de la desvalorización de las mujeres, pues una no era posible sin la otra, este sentido, en México influyeron de manera positiva.

En relación a lo expuesto, el gobierno de Benito Juárez arrebató las instituciones educativas de la iglesia católica, aunque este giro en no fue por promulgar la desigualdad genérica sino de la disputa del poder -iglesia y estado-, pero favoreció a las mujeres en el ámbito escolar y como consecuente al sufragio femenino.

Por ello, dijo que la República restaurada amplio el rol femenino -esposa y madre- al de educadora de sus hijos, incorporándola al trabajo remunerado en un ámbito exclusivo de los hombres, tendría como consecuencia la toma de consciencia sobre la explotación laboral genérica que sufrían.

Añadió que, el estado resolvió el problema con la incorporación de la educación técnica, pero sin romper la forma clásica patriarcal de ver a las mujeres como educadoras y cuidadoras de la infancia.

Asimismo, Porfirio Diaz dio continuidad de la Reforma Liberal, además de implantar la paz y restaurar el orden de un país que vivió a partir de 1810 una larga lista de guerra e invasión, que dejó a su población cansada.

Para esto, Díaz se rodeó de un grupo de intelectuales que llamaron “científicos”, verían dentro de su administración un instrumento idóneo para modernizar a México, como la educación de las mujeres acorde a los postulados positivistas, pues asumirían el rol de instruir al pueblo ya no en la fe cristiana sino en verdades positivas y científicas.

La historiadora enfatizó que, el discurso científico no implicaba un cambio de fondo sino en una forma de reacondicionar e incluso reforzar los estereotipos de genero vigentes, para los positivistas mexicanos del porfiriato, la docencia era: “la profesión ideal para una mujer, sobre todo para las jóvenes de las clases medias, porque no se alejaban de sus características naturales de madre”.

Por otro lado, Justo Sierra, secretario de instrucción pública, criticó la enseñanza de la iglesia católica a las mujeres jóvenes de la clase alta, consideraba que prestaba más importancia a las maneras sociales que a la educación cívica, sin entender que ellas estaban destinadas a ser la semilla de la conciencia patriótica de la futura familia.

Es posible inferir que la educación femenina fue vista para el estado mexicano como una herramienta o medio que se usaría no para la superación personal de las mujeres, ni como un fin para sí mismas, sino como un medio al servicio de los hombres para mejorar su educación a partir de tener mejores docentes mujeres desde un nivel más básico, expuso la historiadora.

Aunque la preparación reforzaba los modelos patriarcales establecidos, pero con tintes progresistas, así las mujeres de esa época supieron sacar provecho a la educación que recibieron convirtiéndola en un catalizador de la independencia económica femenina y fuente de aspectos familiar, social y político.

Historia del movimiento sufragista

Las mujeres mexicanas acudieron por primera vez a las urnas para elegir a diputados federales de la XLII Legislatura, luego de que Adolfo Ruiz Cortines, entonces presidente de México, promulgó el 17 de octubre de 1953 las reformas constitucionales para que las mexicanas gozaran de la ciudadanía plena. Cortesía: Congreso de la Unión

La historiadora comentó que, la obtención del derecho al voto en el país fue una lucha librada por mujeres que buscaban incidir a partir de la herramienta electoral, es decir, en el espacio de la política general que era ocupada a lo largo de la historia por los hombres, y como demanda del movimiento feminista en Europa que poco a poco se extendió a otros continentes.

Salto Argueta dijo que, el movimiento feminista de la primera ola entendió que la desigualdad tenía como primer enemigo a vencer la legislación, ya que las leyes vigentes de ese entonces, no permitían, sino que autorizaban y propiciaban la diferencia del trato genérico imponiendo distintas conductas a hombres y mujeres, lo que facilitaba la discriminación y el trato desigual.

Explicó que, el derecho al sufragio es entendido como la posibilidad institucional legalizada de acceder a un puesto de elección, así fue como se consideró una de las primeras metas a por el movimiento feminista del siglo XIX.

Las mujeres que peleaban por su igualdad creían que podían escoger entre los diferentes candidatos que se presentaran en una contienda electoral, a aquellos que tuvieran una agenda a favor de las mujeres o inclusive a las mujeres mismas, para que ya electos o electas fueran cambiando las leyes de género por nuevas más equitativas, de ahí que esta primera ola feminista se considere sufragista, finalizó la historiadora.

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