Mujeres indígenas utilizan la reciprocidad y liderazgo comunitario como estrategia ante la arena textil

Integrantes de la cooperativa Mujeres Sembrando la Vida. Cortesía: Mujeres Sembrando la Vid

*Las mujeres de la cooperativa Mujeres Sembrando la Vida han desarrollado una estrategia en la que combinan la reciprocidad y el liderazgo comunitario


Claudia Tovilla Borraz, Carla Zamora Lomelí, Erin Estrada Lugo y María Amalia Gracia, investigadoras de El Colegio de la Frontera Sur (ECOSUR) dieron a conocer la importancia de la reciprocidad y liderazgo en la cooperativa Mujeres Sembrando la Vida en Zinacantán, a partir de estrategias de adaptación en la arena textil y su incidencia en la reproducción social, esto en su trabajo: “Artesanía textil, reciprocidad, liderazgo y reproducción social en Zinacantán, Chiapas”.

A través de la apropiación y resignificación de la figura de cooperativa, los grupos localizados de producción se insertan en una economía de mercado por medio de una estrategia cultural, demuestra capacidad adaptativa y autogestión para garantizar su reproducción social en un entorno diverso en términos culturales.

La cooperativa se constituyó ante notario público en 2008, con 200 socias, 70 dedicadas a la elaboración de textiles por medio de telar de cintura y al bordado de telas a mano y a máquina, y 130 participaban en la sección de ahorro y crédito. Estas originarias de Nachig, Nabenchauc, Elambó, Jechtoch, Jechentic, Pasté y la cabecera municipal de Zinacantán.

La investigación acentúa las restricciones de la demanda del mercado al no contar con clientes cuyos pedidos den trabajo a todas las integrantes. Por ello, la encargada de la promoción planteó uno de los principales retos para la cooperativa que “las mujeres tengan su salario mínimo, vivan bien y tengan la mejor calidad de vida”.

Profundiza como una organización no gubernamental enseñó a las artesanas a determinar los precios de las piezas textiles y a dar la asignación de un rango mínimo por hora de trabajo de entre 15 y 20 pesos.

Las mujeres entregan sus piezas y la cantidad de horas trabajadas para acordar sus pagos. Sin embargo, la dificultad se presenta cuando las prendas más comunes se ponen en el mercado, pues sus precios no compiten. A este se suma que algunas artesanas aumentan el número de horas para obtener un pago mayor.

Durante la investigación de campo, las investigadoras observaron el trabajo artesanal textil de la cooperativa y se desarrolló en tres ámbitos:  el del grupo localizado de producción, la cooperativa y la arena textil. Este último es el espacio donde confluyen otros actores y donde se lleva a cabo el intercambio que da inicio a la producción y comercialización.

El grupo localizado de producción (GLP) está integrado por mujeres con lazos de parentesco lineal o ritual y por vecinas que pueden pertenecer al mismo grupo doméstico o a otro, pero que se juntan para la producción y la comercialización textil por la vía del proyecto asociativo, expusieron las investigadoras.

Aunque de manera individual también tienen más de una estrategia de venta, pero comercializar sus productos por medio de la cooperativa es mejor pagado, aunque el tiempo para obtener el ingreso es más largo.

Los grupos domésticos usan diversas facetas de reciprocidad simétrica y asimétrica, y liderazgo comunitario en tres ámbitos de trabajo: grupo localizado de producción, cooperativa o proyecto asociativo y arena textil para su reproducción social. Cortesía: Mujeres Sembrando la Vida

Las artesanas utilizan el conteo vigesimal maya y elaborar textiles para la comercialización requiere el aprendizaje de nuevos modelos, tendencias del mercado y uniformar los tamaños de las prendas. El interés de las mujeres en la educación es patente, en la mayoría de los grupos pusieron al frente a quien sabe leer, escribir y hablar en español.

Durante el periodo de asesoría con FDS, nombraron a una mujer mayor y a joven como delegadas de cada GLP para combinar el liderazgo basado en la experiencia con habilidades escolares. Al interior de cada grupo el trato para la producción textil no presenta jerarquías.

Las investigadoras percibieron la confianza basada en los lazos de parentesco al fortalecer la cooperación para el trabajo. La comunicación es rápida a través de sus celulares y donde no hay señal, la representante viaja dos veces por semana para reunirse con las demás mujeres, pero los fondos de la cooperativa no cubrían los gastos de viáticos para visitar todas las comunidades,

El espacio de socialización femenino sigue siendo privado indicaron las especialistas. La poca relación entre las mujeres de los distintos GLP, la dinámica de permanencia y el tiempo entre la última asamblea revelaron el limitado intercambio de trabajo.

Las asambleas solían ser espacio de convivencia, las tensiones en este ámbito emergen cuando no cumplen con los plazos de entrega o la calidad del trabajo. Lo último repercute en los precios de venta y en su respectivo pago.

El parentesco y el sistema de cargos son la base de las relaciones sociales, con lo cual se demuestra que las mujeres desarrollan estrategias de adaptación en el campo textil. Cortesía: Mujeres Sembrando la Vida

Sobre la reciprocidad, se expresa mediante el apoyo que dan las representantes a las artesanas, tanto para capacitar como para terminar los trabajos cuando éstas no pueden hacerlo expone la investigación. Por otro lado, la arena textil es el sitio donde se funden los diversos intereses de los actores que participan, la estrategia de reciprocidad en los GLP y el liderazgo que se ejerce en la cooperativa. Ahí todos se ponen a prueba.

Es el foro donde se encuentran los actores y el discurso predominante de comercio ético. En él se incluyen los espacios físicos y virtuales donde se da el intercambio, ya sea en la tienda que está en Zinacantán o a través de las alianzas o de las relaciones que establecen las lideresas, mencionaron las investigadoras.

A través de éstas, el proyecto tiene acceso al mercado solidario en el que los clientes pagan el precio que se determina y las artesanas obtienen el reconocimiento por el trabajo que realizan. La reciprocidad también se expresa en el lenguaje, en vocablos como cocreación, codiseño y coautoría.

Estas palabras se refieren a la colaboración entre la diseñadora y la artesana, entre el grupo localizado de producción y el proyecto asociativo, que en este caso es la cooperativa. Sin embargo, en la producción y en la comercialización puede haber diferentes entendimientos sobre lo que se percibe como conducta ética, retribución justa o reconocimiento, añadieron las académicas.

A través de la apropiación y de la resignificación de la figura de cooperativa, los grupos localizados de producción se insertan en una economía de mercado mediante una estrategia con anclaje cultura. Cortesía: Mujeres Sembrando la Vida

La dimensión de ética tiene varias aristas, genera tensiones y puede tener consecuencias negativas para las artesanas. Por un lado, están los esfuerzos de protección al patrimonio colectivo que se enfrenta a una naturalización del saqueo o despojo a la población indígena por parte de marcas transnacionales, como de diseñadores o intermediarios que ven esos actos como una oportunidad de negocio.

Las alianzas que la cooperativa ha logrado a través de sus lideresas con personas en organizaciones, fundaciones y voluntarios, la han llevado a recibir cursos de capacitación o apoyo para las solicitudes de financiamientos. También han abierto el acceso a redes solidarias, clientes u otros grupos de artesanas con los que realizan intercambios.

De manera individual, las mujeres establecen relaciones de parentesco ritual o compadrazgo, algunos clientes se han transformado en amigos, al igual que las diseñadoras o personas relacionadas con la escuela de los hijos o gente del trabajo.

Acerca de los procesos y retos más importantes en la arena textil que llevan tensiones implícitas son la autoconfianza de las mujeres y la fragmentación en el sector artesanal textil, que las coloca en desventaja en una industria dominada por el fast fashion. También lo es no contar con la profesionalización que se requiere para insertarse en un sistema nuevo, concluyeron las investigadoras.

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