J’pas Joloviletik, 40 años de asegurar ingresos, mejorar procesos y transformar la estructura de gobernanza

Las socias de la cooperativa participan en una dinámica de comunicación y trabajo en equipo. Cortesía: SSIR

*La artesanía textil mexicana es reconocida y admirada en el mundo. Es una actividad que, en su mayoría, es realizada por mujeres de origen indígena. Ellas preservan los conocimientos y técnicas tradicionales sobre el telar de cintura, el teñido de hilos de tintes naturales, y la cosmovisión que expresan mediante sus bordados.


Sylvia Hernández, jefa de Incidencia para el Desarrollo Liderado por las Comunidades y Gobernanza junto a Diana Delgadillo Ramírez, directora de Operaciones en The Hunger Project México, dieron a conocer que, en San Cristóbal de Las Casas, existen diversos grupos y cooperativas de textiles y bordados artesanales, que representan una fuente de ingresos para mujeres de la región.

Sin embargo, resaltaron que sus actividades se dan bajo estructuras de desigualdad económica y de género, por lo que, se vieron en la necesidad de visibilizarlas y transformarlas.

Por ello, presentaron la historia de la cooperativa J’pas Joloviletik (Las que Hacen Tejido, en tsotsil), quienes tienen 40 años de trabajo y aprendizajes, en que las mujeres se mantienen firmes en el objetivo de asegurar ingresos, mejorar procesos y transformar su estructura de gobernanza.

Como parte de ese proceso, crearon una segunda cooperativa, Mujeres Hilando Futuros, la cual reforzó sus procesos de organización interna.

Así pues, indicaron que las artesanas producían prendas, pero no percibían una remuneración por la inversión de su tiempo, talentos y recursos. Y, sin un fortalecimiento de su organización interna, tuvieron años de pérdidas, robos y abuso de confianza.

A pesar de ello, las socias no dejaron que J’pas Joloviletik desapareciera, una resiliencia que caracteriza a miles de pequeñas y medianas empresas (PYMES) y cooperativas del país.

Hernández y Delgadillo Ramírez señalaron que, cuando ellas decidieron comenzar a tomar acción, se enfrentaron a diversas complicaciones: organizarse de manera interna, cumplir con requisitos legales, administrativos y fiscales, así como definir su modelo de negocios y propuesta de valor.

El programa de THP-México para el Liderazgo de las Mujeres invierte en el empoderamiento de las mujeres, abriendo espacios de participación para que ellas pueden aportar con su visión y experiencia, y ejercer su liderazgo. Cortesía: THP-México

A ello, se sumó el hecho de que las socias fueran mujeres indígenas de origen tsotsil, lo que complejizó el comienzo de la cooperativa, dado el contexto de discriminación étnica, racial y de género.

Entre 2007 y 2008, The Hunger Project México (THP-México) comenzó actividades en los Altos de Chiapas, a través de este conocieron a las socias de J’pas Joloviletik.

Por medio del Taller de Visión Compromiso y Acción (TVCA),  las socias definieron que se enfocarían en mejorar sus habilidades de lectoescritura y matemáticas básicas, para mejorar el entendimiento de su negocio.

En 2021, lograron la creación de la segunda cooperativa: Mujeres Hilando Futuros. Donde las hijas y nietas de las socias fundadoras también definieron sus propias prioridades y decidieron que, para reducir algunos costos de materia primera, crearían una tienda de hilos y establecerían una relación directa con la empresa proveedora.

Además, crearon un espacio seguro para que las socias fueran tratadas con respeto y dignidad en el momento de compra, pues siendo mujeres indígenas no siempre eran bien recibidas ni tratadas con dignidad en los comercios. Por ejemplo, muchas veces no se les permitía expresarse en su propia lengua ni tocar la mercancía.

Estas mujeres, quienes viven en comunidades de Aldama, Chamula, Huixtán, Larráinzar, Pantelhó y Zinacantán, se han apropiado de su tienda en San Cristóbal y continúan adquiriendo las capacidades necesarias para alcanzar y sostener sus metas”, indicaron Hernández y Delgadillo Ramírez.

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Durante años de trabajo conjunto, las socias rompieron y traspasaron barreras comunitarias, identificando estructuras mentales y de desigualdad que les afectaban, ya que ellas decidieron salir de sus comunidades y tener una tienda física.

Así mismo, avanzaron y creyeron en su rol como empresarias, como mujeres que tienen la capacidad de realizar trámites en el banco, las notarías y frente a la autoridad fiscal. Tomando en cuenta que su primera lengua no es el español.

A mí me gusta aprender cosas nuevas. Yo soy parte de las comisiones de fotografía y computación. Hay cosas que no sabía hacer y por primera vez estoy intentando y me gusta. Hemos practicado mucho para poder entender cómo hacerlas mejor. Sé que hay cosas que aún me falta por aprender y me encantaría seguirlas aprendiendo, fueron las palabras de Antonia Hernández González, socia artesana de la comunidad de Tentic.

Por último, Hernández y Delgadillo Ramírez indicaron que construir una a estrategia de salida en colaboración con las socias fue relevante, porque contribuyó a crear las condiciones que no generaran una relación de dependencia ni de subordinación.

 La principal idea que hemos trabajado es dejar de pensar que no podemos. Hoy estamos viendo todo lo que hemos hecho: han sido muchas cosas y aún faltan algunas, pero vamos a lograr hacerlo, afirmó Rosa Sántiz Ruiz, socia artesana de la comunidad de Nachig.

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