Los Anfibios de Tuxtla PT. III

Las Ranitas Chifladoras llenan el espacio oscuro y húmedo de las noches tuxtlecas a lo largo del verano. A pesar de su minúsculo tamaño, su canto es potente, y han demostrado resistencia ante la presencia humana. © Daniel Pineda Vera.

Entre las Macetas: Los Sapos y Ranitas Chifladoras

Por Daniel Pineda Vera.

Los Sapos son quizás de los anfibios más conocidos y aborrecidos que existen. Su cuerpo fofo, regordete y lleno de pequeñas verrugas, además de su mirada usualmente fría, con un toque de melancolía y aburrimiento e incluso soberbia en ciertos ejemplares, poca gracia hacen a muchas personas. A lo largo de la historia, les ha tocado personificar la fealdad humana, ser parte de las fechorías de brujas y el objeto de protagonistas de novelas. Incluso en tiempos recientes, los hemos visto en programas de televisión como parte de retos en los que se someten a los conductores a soportar el asco o miedo que pudieran tener a estos animales… Pero, ¿realmente son tan feos?

Supondrá ya el lector que yo haré de «Contreras» y diré que no. A título personal, puedo decir que en la actualidad, los sapos son de los animales más hermosos que existen, especialmente aquellos enormes que con pausados saltos andan entre el zacate en las noches lluviosas, particularmente me parecen muy tiernos. Pero bien, al igual que muchos, crecí con el miedo y asco que la televisión y la familia me impusieron, hasta hace poco más de diez años solía sentir cierto pavor hacia estos anfibios. Sin embargo, luego de diez años de trabajar frecuentemente con ellos, puedo comprobar dos cosas:

1.- Que el miedo y asco hacia las diversas formas de vida son producto de las -pésimas- enseñanzas de nuestro entorno próximo (medios de comunicación, amigos y familiares) y de experiencias no malas, sino ocurridas en situaciones desfavorables.

2.- Que esto puede ser totalmente superado con el debido conocimiento y acercamiento voluntario a estas interesantes formas de vida. La realidad, es muy distante de lo que pudiera emanar de la boca de muchos.

Deberíamos considerarnos afortunados, de que aún hoy en día, sapos y pequeñas ranas forman parte de la fauna urbana con quienes compartimos espacios como parques y jardines. © Daniel Pineda Vera.

En Tuxtla Gutiérrez, existen hoy en día, dos especies de sapos, ambas muy comunes y ampliamente distribuidas por gran parte del Estado de Chiapas. En primer lugar, tenemos al anfibio más grande y pesado de Chiapas:

1.- El Sapo Gigante (Rhinella horribilis), de hasta poco más de 20 cm de longitud hocico-cloaca; de coloración café grisácea, con manchas verdosas y amarillentas. Cuerpo robusto y cubierto de «verrugas». Posee 2 glándulas, una detrás de cada ojo, de las cuales secreta una sustancia tóxica parecida a la leche, que puede ocasionar molestias si se ingiere o entra en contacto con los ojos. Es falso que escupan o lancen esta «Leche de Sapo».

Los Sapos Gigantes habitan por lo general sitios húmedos, cercanos a fuentes de agua. Durante la época de sequía se resguardan bajo troncos, bajo piedras, saliendo únicamente en las noches húmedas o, como se dice coloquialmente, con «sereno». En la época de lluvias pueden ser realmente abundantes en ciertas regiones, como en la Costa y el Soconusco, donde de igual forma, se encuentran algunos de los ejemplares más grandes.Es nocturno, terrestre, e insectívoro, aunque, en este último aspecto, pueden variar su dieta con otras fuentes de proteína, como lo son otros sapos o ranas, culebritas, mamíferos pequeños, entre otros animalitos, siempre y cuando le quepan en la boca, pues son bastante voraces.

El Sapo Gigante, en temporadas y sitios adecuados, puede mostrar cierta actividad diurna, descansando o vigilando en lugares sombreados y húmedos. © Daniel Pineda Vera.

Como muchos otros sapos y ranas, el Sapo Gigante se refugia bajo rocas, troncos podridos o grietas del terreno durante la época de secas. Este ejemplar, ha sido sacado accidentalmente de su escondite durante trabajos de remoción de suelo. © Daniel Pineda Vera.

2.- El Sapo Común o Sapito Costero (Incilius valliceps), de no más de 8 cm del hocico a la cloaca. Su coloración es algo variable, generalmente café claro (o amarillento) grisáceo con manchas cafés oscuras o verdes, y una característica línea amarilla que le recorre el dorso justo por la mitad. A cada lado de su cabeza, detrás de los ojos, posee un par de glándulas, glándulas parótidas, por las que secreta una sustancia lechosa comúnmente conocida como «Leche de Sapo», la cual puede causar intoxicación moderada y molestias si se ingiere o si entra en contacto con los ojos (una gotita de esta «leche de sapo» en el ojo, genera un ardor horrible, es recomendable lavar con abundante agua el ojo).

Los Sapitos son bastante comunes durante la época de lluvias, congregándose en las cercanías de fuentes de agua. Durante el día, y durante la época de sequía, se resguardan bajo piedras, troncos podridos, escombros y, como algunas personas han notado -para su disgusto-, en las maceteras de nuestros jardines.

Realmente especies como esta nos resultan benéficas, pues controlan la población de diversos insectos y demás bichitos que pueden hacernos daño o causar molestias, tales como arañitas, cucarachas, mosquitos, entre muchos otros. Tomemos en cuenta que, la «Leche de Sapo», es solo un método de defensa que usan en raros, muy raros casos, y únicamente si se insiste en molestarlos; y, en todo caso, no escupen ni «avientan» esta sustancia tóxica como la gente suele creer.

Esta especie habita prácticamente todas las zonas cálidas de Chiapas, por lo general, cerca de fuentes de agua. Son comunes y hasta abundantes en ciertos sitios, indicando una buena salud del ecosistema que habitan. En esta época es frecuente encontrarlos en apareamiento, y, sus huevos son muy característicos, pues los depositan en el agua en forma de largas cadenas, de las que posteriormente emergen los renacuajos.

Por otro lado, aquí mismo en Tuxtla Gutiérrez, contamos con una especie de anfibio casi invisible, tanto por lo diminuto de su tamaño, como por lo huraña y tímida que es, no obstante, ¡todos la han escuchado! ¿Les parece familiar un «pip … pip» silbado que se escucha con mucha frecuencia durante las noches de verano? Corresponde a la siguiente especie:

El Sapito Común es una de las especies de anfibios que podemos encontrar en nuestros jardines y patios. Debido a su dieta, son útiles por la gran cantidad de insectos y otros bichos que gustan devorar. © Daniel Pineda Vera.

En esta fotografía se puede apreciar la famosa «leche de sapo» emanando de las glándulas parótidas detrás de la cabeza del sapo. Para que esto sucediera, el sapo desde luego pasó por mucho estrés debido a la manipulación. Es totalmente falso que escupan esta sustancia tóxica, y también es falso que haga daño directo a la piel si se le toca. © Daniel Pineda Vera.

3.- Ranita Chifladora (Eleutherodactylus pipilans). Esta ranita mide aproximadamente 3 cm de longitud del hocico a la cloaca, su coloración es un fondo café grisáceo, con numerosas manchas color mostaza u ocre en el dorso. Su vientre es de color claro. En sus patas posee pequeños discos dactilares que le permiten trepar (aunque no con mucha habilidad en ciertas ocasiones) sobre superficies verticales.

La Ranita Chifladora habita sitios húmedos y oscuros, en su hábitat natural, tienen cierta preferencia por cuevas y refugios similares, de donde salen únicamente en las húmedas noches de verano, generalmente cuando llueve. Se alimentan de insectos pequeños principalmente. Su canto es muy característico y conocido, es un sonoro «pip… pip», que frecuentemente se escucha hasta en las casas tuxtlecas. En las zonas urbanas y semiurbanas, frecuentemente se les ve en cisternas, tinacos, bajo macetas, y demás sitios que guarden bastante humedad. Pueden encontrarse pequeños grupos de entre 2 a 5 individuos en una misma área.

A diferencia de muchas otras ranas, esta especie (y similares) no pasan por una etapa de larva (más conocida como «renacuajo»), por el contrario, la hembra deposita los pequeños huevos entre la hojarasca, o en sitios muy húmedos. Tiempo después, nacen copias exactas en miniatura de sus padres, completamente desarrolladas.

Habitante de sitios algo rocosos y húmedos, desde cavernas, hasta el húmedo recinto de la bomba de agua de una casa, la Ranita Chifladora ha sido de las pocas ranas que ha podido sobrevivir a la invasión humana con algo de éxito. © Daniel Pineda Vera.

pesar de su resistencia y la facilidad que tiene para adaptarse, año con año, es más raro escuchar sus alegres cantos nocturnos, a causa de la ausencia de verdaderas áreas verdes y el exceso de contaminantes de todo tipo. © Daniel Pineda Vera.

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