Los Anfibios de Tuxtla PT. IV

Entre las ranas más llamativas, se encuentran las arborícolas o trepadoras, que poseen adaptaciones morfológicas que les permiten trepar por superficies verticales, ¡incluso sobre el vidrio! En Tuxtla, contamos con 3 especies de este grupo. © Daniel Pineda Vera.

Entre las ramas: Ranas Arborícolas y Trepadoras

Por Daniel Pineda Vera. 

Las ranas en general, podrían considerarse entre los anfibios más carismáticos, representativos y aceptados por buena parte de la población… A menos que estas caigan sobre nuestro cuerpo ¿o no? Incluso naturalistas como Don Miguel Álvarez del Toro no dudaban en manifestar cierto grado de repudio por estos curiosos anfibios de piel húmeda, fría y ojos saltones (para más detalles, sugiero leer «Los Animales Silvestres de Chiapas», de Don MAT, 1952), no obstante, es de admirar la belleza de muchas de ellas, especialmente de las ranas arborícolas, a quienes dedico esta nota.

Las ranas arborícolas, las cuales eran clasificadas hasta hace algunos años, dentro de la familia Hylidae. Sin embargo, fue en el 2016, que diversas investigaciones encaminadas a esclarecer el parentesco y relaciones ecológicas entre las diversas ranas arborícolas del mundo (Duellman, et al., 2016). Entonces, en México, y por tanto, en Chiapas, contamos con dos familias (u grupos biológicos) de ranas arborícolas: Las Hylidas (Hylidae) y las Filomedúsidas (Phyllomedusidae). Cabe mencionar que en esta última familia (Phyllomedusidae), se encuentra una de las ranas más hermosas y mundialmente famosas del Sur de México: La espléndida Rana Arborícola de Ojos Rojos o Ninfa del Bosque (Agalychnis callidryas), la cual habita las selvas tropicales húmedas bien conservadas del norte de Chiapas, desde Cintalapa hasta las márgenes del Río Usumacinta (puedes conocer su distribución potencial en el siguiente link: http://www.conabio.gob.mx/informacion/gis/?vns=gis_root/biodiv/distpot/amphibia/anura/agal_callgw). Esta especie además, es el emblema del Parque Educativo «Laguna Bélgica», en el municipio de Ocozocoautla de Espinosa, donde la puedes conocer «en vivo y a todo color».

La Ninfa del Bosque (Agalychnis callidryas) es quizás la rana arborícola más famosa del mundo, y no queda duda del porque: Su esbelta y elegante figura, así como su colorido tan llamativo, la hacen merecedora de los ojos del mundo. Como chiapanecos, deberíamos sentirnos orgullosos de tenerla de forma natural en nuestras selvas, mismas que día con día desaparecen. © Nature’s Trapestry

Pero, ¿qué hace de una rana arborícola, una rana arborícola?

Su característica más distintiva, se encuentra en cada uno de sus dedos. Se trata de los «discos dactilares», una especie de almohadillas adhesivas, que son las que les permiten trepar por prácticamente cualquier superficie. En esta familia, los discos dactilares son redondos y bien definidos y con clara función adhesiva, a diferencia de aquellos presentes en otros grupos de ranas, como las Ranitas Cueveras y de Hojarasca (Familias Craugastoridae y Eleutherodactylidae), en donde las almohadillas incluso poseen formas extravagantes, como de corazón. Otras ranas chiapanecas con almohadillas adhesivas son las recientemente famosas «Ranas de Cristal» (familia Centrolenidae), de la cual tenemos una especie (Hyalinobatrachium fleischmanii) en las prístinas selvas tropicales húmedas del norte de Chiapas* (Lee, 2000; Köhler, 2011). Estas se distinguen por tener el vientre translúcido, permitiendo observar sus órganos internos.

En esta hermosa Ranita de Montaña (Ptychohyla euthysanota), podemos observar la presencia de los discos adhesivos en la punta de cada uno de sus dedos. © Daniel Pineda Vera

Algo curioso de estas ranas adaptadas a la vida en las alturas, es que solamente bajan al suelo en época reproductiva y en las noches húmedas o francamente lluviosas, en busca de alimento. Como es sabido, estos anfibios se alimentan de insectos y existen especies realmente voraces. Algunas como la Ninfa del Bosque, sólo pueden ser vistas durante la época reproductiva, donde generan enormes congregaciones de parejas reproductivas. Es tanta la euforia que genera este acontecimiento reproductivo, que en décadas pasadas, la abundancia de ranas resultaba abrumadora (sugiero leer el libro de anécdotas «¡Así era Chiapas!» de Don Miguel Álvarez del Toro, 1985), como aún sucede en países con cultura ambiental, como Costa Rica, cosa maravillosa, que pueden apreciar en el siguiente video: https://www.facebook.com/watch/?v=10155004171881998.

Derivado del frenesí reproductivo, estas ranas, como otras especies de ranas de hábitos arborícolas, colocan sus huevos en las hojas anchas de plantas tropicales, las cuales penden sobre la superficie del agua de charcas, arroyos, o pequeñas lagunas al interior de las selvas. Los huevos se depositan en masas pegajosas. Los embriones se convierten en renacuajos en cuestión de días, y cuando están suficientemente desarrollados, salen del huevo y caen directamente al agua, donde continúan su desarrollo (Köhler, 2011).

Pareja de Ranitas Amarillas (Dendropsophus microcephalus) en abrazo reproductivo (amplexo), en una charca a las afueras de Marqués de Comillas, Chiapas. © Daniel Pineda Vera.

Desde luego, existe un amplio rango de hábitats que estas ranitas ocupan, desde los fríos y húmedos bosques de niebla de la Sierra Madre de Chiapas, hasta los zacatales inundables cercanos a las playas, pasando por las selvas secas tropicales de la Depresión Central. Y claro, algunas, hacen su luchita por adaptarse a vivir con nosotros, los «humanos», a veces recibiendo la asquerosa recompensa de ser repudiadas, golpeadas e incluso asesinadas por personas sin escrúpulos ni respeto por la vida, escudándose en el miedo y el «por si acaso».

Envidiaré entonces, a todo aquel que tenga la oportunidad de tener al menos una de estas ranas en su patio.

En Chiapas, contamos con alrededor de 33 especies de ranas arborícolas (Johnson et al., 2015), de las cuales, dos son de la familia Phyllomedusidae y el resto, de la familia Hylidae (Duellman, et al., 2016). Para el caso de Tuxtla Gutiérrez, únicamente contamos con tres especies (observaciones personales), dos de ellas (Scinax staufferi y Smilisca baudinii) son sumamente comunes, al paso que la restante (Exerodonta sumichrasti) es una completa rareza. A continuación, presento una breve descripción de estas tres especies, ¡seguramente has visto alguna de ellas!

1.- Rana Arborícola Mexicana (Smilisca baudinii): Una rana de aspecto regordete, de entre 4 y 8 cm, de color beige, verde amarillento o café claro, manchada de café, gris oscuro o negro, y, si observamos bien, notaremos una «bolita» o «disco» en la punta de cada uno de sus dedos, los cuales, le ayudan a trepar por superficies verticales, incluso en el vidrio (Lee, 2000).

Esta es una especie sumamente común en todo el sur de México, especialmente en las zonas tropicales con distintos niveles de humedad. Si bien se le puede ver todo el año, es durante las lluvias que sus números se multiplican y aparecen casi por todos lados, desde luego, exceptuando las zonas urbanas, pues incluso en los poblados y ranchos llegan a encontrarse a donde sea que haya agua, así sean arroyos o charcas naturales, o incluso tanques, cisternas abiertas o los bebederos del ganado (Lee, 2000, y observaciones personales).

Adaptada a una vida arborícola, entre las ramas, sus patas son largas y algo delgadas, pero fuertes, que permiten que efectúen saltos asombrosos, y, como ya dije, en cada uno de sus dedos tienen discos adhesivos, que les permiten «pegarse» a casi cualquier superficie. Por cierto, esta especie tiene la capacidad de cambiar de color a voluntad, si bien no es un cambio tan «asombroso» como el que vemos en los camaleones, bien podemos notar la diversidad de colores y patrones entre los ejemplares de ésta especie de rana con tan solo salir una noche a caminar en algún sitio donde se escuchen sus roncos llamados. Lo más común es encontrar ejemplares cafés o beige, con manchas cafés oscuro, pero también los hay verdes, que a mi parecer, son de los más bonitos.

Interesantes patrones de coloración en la Rana Arborícola Mexicana, mostrando tonos amarillentos, verdes e incluso azulados, algo poco común. Estos ejemplares fueron encontrados en las cercanías de Tuxtla Gutiérrez, en el 2013. © Daniel Pineda Vera.

Interesantes patrones de coloración en la Rana Arborícola Mexicana, mostrando tonos amarillentos, verdes e incluso azulados, algo poco común. Estos ejemplares fueron encontrados en las cercanías de Tuxtla Gutiérrez, en el 2013. © Daniel Pineda Vera.

Como en toda rana o sapo, son los machos los que cantan y solemos escuchar, y lo hacen con el fin de atraer a posibles pretendientes con quienes aparearse. En el caso de Smilisca baudinii, los machos poseen un par de sacos gulares con los cuales amplifica el sonido de sus cantos, diferente a lo común, que es que presenten solo un saco gular. Como se nos ha enseñado, estas ranas se reproducen por medio de huevos que depositan en el agua, y posteriormente de ellos emergen renacuajos, que al tiempo, crecerán y pasarán por una metamorfosis para ser ya ranas juveniles.

Coloración frecuente en la Rana Arborícola Mexicana. Este ejemplar fue encontrado en las orillas de la Selva Lacandona, en Marqués de Comillas, Chiapas, en el año 2017. © Daniel Pineda Vera.

La Rana Arborícola Mexicana es insectívora y muy voraz, se alimenta de grillos, chapulines, cucarachas, arañitas, y demás bichos que pueda cazar. Su actividad desde luego es nocturna, pero en días nublados o lluviosos, es posible encontrar algún ejemplar entre la vegetación o cerca de una charca. Durante el día suelen meterse entre cortezas flojas de árboles, entre vegetación epífita o simplemente se pegan a alguna hoja y se hacen «bolita», tratando de pasar inadvertidas (Lee, 2000, y observaciones personales).

Finalmente, esta especie la podemos encontrar en todo el estado de Chiapas, desde el nivel del mar, hasta cerca de los 1,500 metros sobre el nivel del mar. Preferentemente en zonas tropicales húmedas (observaciones personales).

2.- Ranita Narizona (Scinax staufferi): Esta pequeña ranita, de apenas 3 cm de longitud hocico-cloaca (Lee, 2000; Köhler, 2011), se caracteriza por su coloración amarillenta pálida, con algunas estrías un poco más oscuras, y sobre todo, por su hocico ligeramente alargado y respingado, el cual le confiere su nombre común. Al igual que la especie anterior, posee los característicos discos dactilares o almohadillas adhesivas que distinguen a estas ranas arborícolas.

En esta foto lateral de la Ranita Narizona, podemos observar sus formas esbeltas y su característico hocico alargado. © Daniel Pineda Vera.

La Ranita Narizona, al igual que la especie anterior, posee la capacidad de adaptarse y resistir la presencia del ser humano, de hecho, su presencia en selvas prístinas es rarísima y por el contrario, frecuenta las rancherías, lagunas y charcas a las afueras de poblaciones humanas. En la época de lluvias es frecuente observarle en los zacatales inundables. Habita en gran parte del Estado de Chiapas, particularmente abunda en la región Costa-Soconusco y en la región Norte de Chiapas (Johnson, et al., 2015, y observaciones personales). Durante la época de secas, permanece oculta entre la vegetación epífitas, especialmente bromelias, o bien, debajo de troncos podridos, rocas o grietas del terreno (Lee, 2000; Köhler, 2011).

Como otras ranas arborícolas, forman congregaciones reproductivas en las charcas y zacatales inundados a las orillas de las selvas, donde los machos cantan sonoramente desde la vegetación que emerge del agua. Desde luego, en estas congregaciones, comparten el espacio con otras especies de ranas y sapos (Lee, 2000; Köhler, 2011 y observaciones personales).

Impresionantemente, estas diminutas ranas arborícolas pueden ser encontradas en los patios y jardines en zonas rurales o en las orillas de ciudades. Este pequeño ejemplar fue encontrado en un patio de Villaflores, Chiapas. © Daniel Pineda Vera.

 

Finalmente, comparto una breve y agradable anécdota que tiene a esta ranita como protagonista, ya que me resultó bastante divertido, el encontrarlas hace nueve años con relativa abundancia en un hotel en la costa chiapaneca, donde para mi sorpresa, al abrir la llave del agua de las regaderas para quitarse la arena del mar, caían sobre la cabeza o la espalda, diminutas ranitas de ésta especie. Desde luego, en la actualidad, y desde hace al menos tres años, esto ya no sucede en este mismo sitio.

Por último, tenemos a la especie de anfibio más raro y escaso de la ciudad, la Ranita Amarilla Serrana (Exerodonta sumichrasti):

Con apenas 3 cm en los individuos más grandes (generalmente hembras), la Ranita Amarilla Serrana es una hermosa y tímida habitante de las selvas húmedas mejor conservadas de los cerros cercanos a la ciudad. Poco se conoce de su biología e historia natural. En Chiapas, se encuentra en las selvas y bosques húmedos por arriba de los 600 metros sobre el nivel del mar, tanto en los cerros dispersos al poniente de la Depresión Central (de la altura de Villaflores hasta Cintalapa) y en los lomeríos de la Sierra Madre de Chiapas, extendiéndose hacia parte de Oaxaca (Köhler, 2011).

Diminuto ejemplar de Ranita Amarilla Serrana, encontrado en las inmediaciones de la Reserva Ecológica «El Zapotal», misma que pertenece a la colección del Arca de los Anfibios del ZooMAT (2013). © Daniel Pineda Vera.

Durante el día y a lo largo de toda la época de secas, se resguarda en las tanques con agua que se forman entre las hojas de las bromeliáceas o en las axilas de las enormes Orejas de Elefante o Quequeshté (Xanthosoma spp.), en la época lluviosa, descienden de sus guaridas, para reproducirse en los arroyos y charchas de aguas limpias al interior de las selvas, ocurriendo esto en los meses de junio a agosto (Köhler, 2011).

Variante amarillo-verdoso de la Ranita Amarilla Serrana, encontrada en Portillo Nejapa, Oaxaca, México. © W. E. Duellman.

A la fecha, esta especie únicamente ha sido registrada en las pocas selvas que aún quedan en la Meseta de Copoya y el Cerro Mactumatzá, al sur de nuestra ciudad capital (observaciones personales).

… En la próxima edición, hablaremos sobre las curiosas Ranitas Borregueras y el poco conocido Sapo Borracho. ¡Hasta pronto!

– Fuentes Consultadas:

1.- ¡Así era Chiapas! – Miguel Álvarez del Toro, 1985, 1ª edición.

2.- Los Animales Silvestres de Chiapas – Miguel Álvarez del Toro, 1952, 1ª edición.

3.- A field guide to the Amphibians and Reptiles of the Maya World – Julian C. Lee, 2000, 1ª edición.

4.- Amphibians of Central America – Gunther Köhler, 2011, 1ª edición.

5.- Phylogenetics, classification and biogeography of the Treefrogs (Amphibia: Anura: Arboranae) – William E. Duellman, et al., 2016. En: ZooTaxa

6.- The Herpetofauna of Chiapas, México: Composition, distribution and conservation – Jerry D. Johnson et al., 2015. En: Mesoamerican Herpetology.

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