Crianza y educación de la infancia en Oxchuc

Municipio de Oxchuc, Chiapas. Cortesía: Mural Chiapas.

Prácticas, estilos de crianza e integración en la comunidad de niños en la zona rural en pobreza extrema de la región de los Altos, hablantes de la lengua tzeltal, ubicadas en el Paraje Saklumilja, Municipio de Oxchuc, Chiapas.


Martha Olivia Peña Ramos y José Ángel Vera Noriega del Centro de Investigación y Desarrollo junto con Jesús Edén Santiz López de la Universidad Autónoma Indígena de México realizaron un estudio sobre las prácticas y estilos de crianza de niños en la población indígena tseltal de Saklumilja’, ubicada en el municipio de Oxchuc en la región Altos de Chiapas.

Paraje Saklumilja.

Los investigadores trabajaron con una muestra de 20 madres en condiciones de pobreza extrema, con un promedio de edad de 23 a 43 años, la mayoría con escolaridad de primaria y al menos con un hijo de edad entre 1 y 6 años. En su totalidad son monolingües, hablantes de la lengua Tseltal, viven en condiciones de marginación en la región.

La educación inicia desde la familia, donde los niños reciben los principios básicos de formación y las primeras fases del proceso de enseñanza y aprendizaje, se transmiten los primeros valores, conocimientos, creencias, costumbres, mitos y ritos, de tal forma que los padres tienen la responsabilidad de educar a sus descendientes. Se les educa para que aprendan a respetar los «prinsipaletik» de cada clan, son señores mayores que cumplieron cargos dentro del grupo.

Niñas del paraje. Cortesía: Viernes Tradicional

Los padres se preocupan por cuidar y alimentar a los pequeños, les enseñan a trabajar la tierra y a cumplir responsabilidades con los del linaje y dentro de la comunidad. Si un padre tiene alguna habilidad, tratará de que su hijo aprenda su sabiduría. A las niñas se les suele enseñar a hacer tareas del hogar; de esta manera no tendrá problemas maritales al momento en que un joven se fije en ellas para tomarlas como esposas. Mencionan Peña, Vera y Santiz.

La interacción sucede de manera natural, se adquiere a través del tiempo. En relación con la diada padres e hijos se pueden encontrar diversos patrones de integración y procesos de socialización. Un mecanismo fundamental es la de interactuar durante el trabajo, también es una opción cuando no tienen con quién dejarlos.

Durante la niñez los padres, como muestra de afecto proporcionan juguetes a sus hijos; para los varones, carritos, muñecos, canicas y las niñas muñecas y ositos; afirman que cuando estos juguetes se extravían en los cafetales o entre los árboles frutales, ellos colaboran en la búsqueda, también reportan que sus hijos juegan con objetos como palos, ramitas, botes, etc.; juegan por arriba de las piedras y suben en los árboles frutales.

Niña apegada a su madre y a su hermana mayor. Cortesía: SFGATE.

Las niñas están apegadas a la madre y desde que tienen un año se les involucra en las labores domésticas; sin embargo, esto se da a través del juego, al desgranar el maíz, esta le enseña cómo hacerlo. Alcanzando los 4 años, en su mayoría empiezan a hacer tortillas de maíz y también dominan diferentes actividades del hogar, aluden los investigadores.

Los hermanos más grandes de 4 a 6 años se encargan de atender, distraer o jugar con los más pequeños de 1 a 3 años. estos llevan y traen de la escuela al pequeño y así se convierten en cuidadores y transmisores de pautas de socialización.

En condiciones de salud Peña, Vera y Santiz dicen que son precarias por sus circunstancias económicas y sociales. Reciben atención médica y vacunación completa en la clínica de la comunidad vecina de Chaonil, son atendidos por una enfermera en turno o por una doctora asignada, en algunos casos prefieren utilizar remedios caseros por la falta de medicamentos en la clínica y por la baja calidad de la atención.

Las entrevistadas indican que desde muy temprana edad comienzan a ofrecerles alimentos como calditos de frijol, tortillitas remojadas con caldo de frijol o alimentos suaves, para que puedan digerirlos cuidando su salud. Estos controlan su esfínter a partir de los dos a tres años; sus padres y sus hermanos mayores, se encargan de encaminarlos e instruirlos a usar el baño.

Los enfoques de aprendizaje son los de seguir las tradiciones, costumbres y rituales y las prácticas del campo. Una de las actividades transmitidas por generaciones, es saber tejer los trajes regionales. Se inculca el respeto a los «tajunab» tíos del mismo linaje y a los ancianos llamados «mamtik principal», son los personajes de gran jerarquía, han prestado servicios y han cumplido algún cargo encomendado por la colectividad.

Niña aprendiendo a tejer. Cortesía: Viernes Tradicional.

Peña, Vera y Santiz mencionan que están estructurados y distribuidos a través de clanes y linajes. El joven tseltal, al alcanzar la mayoría de edad, está obligado a la participación en los cargos, sin distinción del parentesco, de su dinero o de su edad. Quien elude este deber es sancionado o expulsado de la comunidad. Las prácticas de crianza están referidas a los comportamientos específicos de los padres para guiar a sus hijos hacia el logro de metas de socialización.

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