Trabajo doméstico: racismo, desigualdades y sexismo en mujeres indígenas de los Altos

La Organización Internacional del Trabajo (OIT) formuló el Convenio 189 entró en vigor en 2011 con el fin de regular las relaciones laborales del trabajo doméstico remunerado a nivel mundial. Cortesía: Roma (Película).

*Las condiciones de pobreza y baja escolaridad las empujan a insertarse de manera más fácil en el trabajo doméstico remunerado. La herencia colonial en las formas de trabajo ligadas a la servidumbre aún sigue teniendo validez, aunque han adoptado nuevas formas.

*Este trabajo de investigación se encuentra en el libro Ruralidades, cultura laboral y feminismos en el Sureste de México, publicado en el 2018.


Astrid Yulieth Cuero Montenegro Doctorante en Estudios e Intervención Feministas presento un artículo exploratorio acerca de las desigualdades de clase, el sexismo y racismo en las condiciones laborales de un grupo de empleadas laborales en San Cristóbal de las Casas.

El crecimiento de la ciudad se fundó desde el siglo XVI sobre el despojo de los indígenas y en el uso del poder político y religioso para imponer nuevas reglas a otras regiones, a través del monopolio de los cargos públicos se configura una élite “coleta” que comenzó a hacer de este lugar un centro moderno, fundado en las desigualdades de clase y raza-etnicidad, explica Cuero.

La doctorante señala que el trabajo doméstico remunerado es uno de los mercados laborales más importantes para las mujeres del Estado. La mayor parte de las empleadas son de zonas rurales migrantes a las cabeceras municipales más importantes del estado como Comitán de Domínguez, Tuxtla Gutiérrez, Tapachula o San Cristóbal de Las Casas.

Martina Gómez, María Sánchez, Fabiola Rodríguez, Micaela Santiz, Manuela López y Lupita Guerrero, conforman la Colectiva de Empleadas Domésticas de Los Altos de Chiapas (CEDACH) fundada en el año 2009. Sus edades en ese entonces oscilaban entre los 29 y los 60 años, son originarias y migrantes de otros municipios como Ocosingo, San Juan Cancuc, Chenalhó, Tenejapa, Pantelhó, Oxchuc y Teopisca.

Estas seis mujeres trabajan, en la modalidad de entrada por salida, desarrollando diferentes actividades como lavanderas de ropa o en la limpieza general de las casas. En cuanto al salario, cobran alrededor de 35 pesos por hora de trabajo y cuando cuidan niños cobran entre 45 y 50 pesos la hora. Además, son madres de dos a cinco hijos, algunas viven con sus compañeros o hijos, comparte la investigadora.

La globalización de las economías ha conllevado la feminización de la pobreza siendo el trabajo doméstico remunerado un ejemplo de ello. Cortesía: Movimiento Ciudadano.

Su condición socioeconómica y de clase social, es baja y precaria. La casa que funciona como oficina del CEDACH se encuentra ubicada en el barrio Tlaxcala, ubicado en la periferia de la ciudad, que es la zona donde viven varias de las empleadas domésticas. Cuero se apoyó en la información obtenida a partir de la historia de vida y trayectorias laborales de Martina Gómez y María Sánchez.

Martina Gómez mujer indígena activa en el trabajo doméstico remunerado. Su inserción laboral se produjo a través de una de sus tías, quien la llevó a trabajar a Tuxtla Gutiérrez, siendo una niña de 9 años.

Ella señala que desde su primera experiencia laboral se enfrentó con varias situaciones de violencia, maltrato y discriminación sexista y racista, ya que no sabía hablar español y tampoco sabía hacer todas las actividades que constituyen el trabajo doméstico.

Gómez señala que insultos como inútil, india, tonta o mensa, se los decían los hijos varones de su patrona. Era golpeada tanto por la dueña de la casa y los sus hijos de esta. Permaneció en este trabajo tres años, hasta que una de las hijas de su empleadora se casa y constituye un hogar aparte, le pide que la lleve con ella como su empleada, dado que se sentía más cómoda con ella.

María Sánchez se insertó al trabajo a los 9 años, hablaba solo su lengua tseltal, consigue su primer trabajo a través de su hermana quien negocia las condiciones ya que tenía más experiencia y porque sabía hablar español.

Las relaciones de sexo-género, con las jerarquías étnico-raciales, han ubicado a las mujeres racializadas/etnizadas el mercado laboral del trabajo doméstico remunerado. Cortesía: López Doriga.

La investigadora menciona que las trayectorias de estas dos mujeres muestran la importancia de las redes familiares para ingresar al mercado laboral, ya que necesitaban contar con su apoyo y conocimientos sobre un espacio laboral que ellas no conocen o saben muy poco, además tal ingreso se realiza a una edad muy temprana.

Los primeros trabajos que ejercen la mayoría de las empleadas domésticas integrantes del CEDACH son de planta, es decir, viviendo en el lugar de trabajo, a medida que alcanzan mayor experiencia y edad, tienden a buscar trabajos por horas o de entrada por salida, lo cual les da un poco más de independencia y autonomía, les permite negociar de mejor manera sus condiciones laborales y conseguir pareja o formar sus propios hogares y familias, expresa Cuero.

El trabajo de planta en ocasiones permite que se presenten con frecuencia situaciones de explotación laboral, maltrato físico, psicológico y de violencia sexual. Las condiciones están impregnadas de situaciones de humillación, que remiten a relaciones de servidumbre de carácter neocolonial y racista, a través de ejercicios de segregación en cuanto al uso de elementos de cocina o al uso de ciertos espacios del lugar del trabajo.

Otras violencias vividas relacionadas con el sexismo en las condiciones laborales han sido los acosos sexuales e intentos de violación que han ejercido algunos miembros de las familias para las cuales han trabajado, añade la investigadora.

Martina se vio sometida a situaciones de acoso sexual por parte del esposo de su patrona y María sufrió acoso e intentos de violación sexual en la casa en la que trabajaba para una maestra, quien le había dado muy buen trato y la animó a iniciar sus estudios.

Estas situaciones de acoso sexual que enfrentan de manera constante son una muestra del alto grado de precarización laboral y de vulnerabilidad a la que están expuestas. Estas situaciones se convierten en uno de los motivos para abandonar su trabajo, sin recibir muchas veces ningún apoyo de sus empleadores. La modalidad de trabajo de planta es la que permite que se presenten estos ejercicios por parte de los miembros masculinos de las familias para las que trabajan, expresa Cuero.

Las integrantes del colectivo CEDACH a pesar de estas situaciones de racismo y precariedad laboral que viven han logrado organizarse de manera colectiva para la defensa de sus derechos laborales, con el fin de revelar éste como un trabajo y como una identidad esencial de las mujeres.

 

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