Vivencias de jóvenes migrantes centroamericanos en Tapachula

La deportaciones masivas y operativos de contención no los van a detener, «la situación en nuestro país es desesperada», señalan migrantes. Foto: Bladimir Pérez

*El trabajo es una colaboración entre el Observatorio de Política Migratoria de El Colegio de la Frontera Norte y Nexos, lleva por Título ¡Hacer vida en el sur! Ser joven migrante centroamericano en Tapachula, Chiapas, publicado en ECOSUR el 16 de abril del 2020.


Iván Francisco Porraz Gómez, investigador de la Frontera Sur (ECOSUR) realizo durante este mes de abril un artículo sobre jóvenes migrantes centroamericanos en Tapachula, menciona que son actores genéricos, por la existencia de marcas internas y externas como la etnia, clase, género o de donde proviene.

Porraz añade que muchos jóvenes centroamericanos llegan a la frontera sur de México, en específico a Tapachula, han descrito la vida cotidiana en sus lugares de origen, en base a la noción de Isabell Lorey, miembro del European Institute for Progressive Cultural Policies (EIPCP) como precariedad extrema y modo de vida.

El investigador refiere las experiencias que conjugan la expropiación y apropiación de las dimensiones de su vida cotidiana en su nicho, descubre una experiencia de producción de subjetivación y sustracción que posibilita enfrentar desafíos de violencia con muchos rostros y la tarea de negociar el derecho a la vida.

En Tapachula llegan día a día numerosas personas de Centroamérica y otras partes del continente, sobre todo haitianos y algunos africanos, recepcionados por centros migrantes, por ejemplo, el albergue Belén donde cientos de migrantes pernoctan cada día, albergue Jesús El Buen Pastor, atiende al menos un millar de migrantes que no tienen condiciones para continuar su viaje o que esperan la conclusión de trámites que permitan su estancia legal en México y la Estación Migratoria Siglo XXI.

Porraz Gómez menciona que algunos jóvenes hondureños y nicaragüenses que llegan a esta puerta despliegan una narrativa con relación a su experiencia de expulsión en sus lugares de origen, se componen de varios factores como la violencia derivada de las llamadas pandillas y de los Estados centroamericanos, el no poder asegurar condiciones mínimas de vida y de la persecución política.

Tapachula ha sido forjada por migrantes que han traído costumbres, tradiciones, saberes y gastronomía desde sus tierras de origen. Los guatemaltecos cosechan y recolectan café; salvadoreños y hondureños tienen La Perla del Soconusco como punto estratégico en la ruta para llegar a Estados Unidos, también nicaragüenses, caribeños, africanos, que han enriquecido la diversidad en la ciudad, añade Porraz.

Sin embargo, el investigador dice que, han adquirido miedos e incertidumbre. Pero la esperanza les abre camino, las prácticas y sensibilidades de la diversidad migrante irrumpen regularidades espaciales y temporales, propias de las ciudades y vivencias en constante flujo y movimiento, nucleadas por fracturas, discontinuidades y relaciones de disyunción que definen el mundo global, como un mundo de flujos

Finaliza mencionando que, en ocasiones la presencia los migrantes, en especial la población centroamericana, ha producido rechazo, discriminación de tipo racial y xenofóbico, las cuales son imaginadas e impulsadas por algunos medios de comunicación de la región y sectores empresariales.

Juan, originario de Santa Ana, segunda ciudad más importante en El Salvador llegó a Tapachula hace 4 años, estuvo de manera irregular por dos, pero con la llegada de la primera caravana migrante en 2018 decidió solicitar la condición de refugiado.

“Tapachula es una ciudad complicada pero tranquila, cuando llegué iba con la idea de seguir para más arriba, al gabacho pues, ¡¿me entendés?! Acá no hay mucho empleo y el calor es bastante, como en El Salvador, pero acá se puede hacer vida. Hace dos años me dedico hacer pupusas, inicié con una prima, pero después se me ocurrió hacer para vender en las fiestas de cumpleaños y demás, ahora hago por encargo y me va bien, creo que este lugar puede estar bien para vivir algunos años…” Expreso Juan.

Ricardo, llegó en 2018 con la caravana migrante, es de San Salvador, capital de El Salvador, fue uno de los primeros en obtener una Tarjeta de Visitante por Razones Humanitarias en el inicio de la administración de Andrés Manuel López Obrador.

“Para mí Tapachula es una opción, acá trabajo como guardia de seguridad en una cantina, no me pagan mucho, pero vivo bien, regresar a El Salvador no creo, hay mucha violencia y pocas posibilidades para uno. Ir a Estados Unidos tampoco, esta difícil ahora, acá he conocido amigos mexicanos y de otras nacionalidades, tengo una novia de Guatemala y veo que acá se puede seguir la vida…”, compartió Ricardo.

Kevin, joven hondureño de San Pedro Sula lleva nueve años en Tapachula.

“Yo llegue como a los 12 años y luego me fui al norte de México, intenté pasar dos veces y nada, después me regrese a Tapachula, conocí a una novia mexicana y nos casamos, después me separé, tengo una hija, y tengo la nacionalidad y al paso de unos años abrí un negocio que era mi sueño desde que fui al norte, tener una barbería acá cerca del parque Miguel Hidalgo. Para mí Tapachula está bien para vivir, me gusta, veo a mi hija y hasta puedo visitar a mi familia allá en Honduras”, mencionó Kevin.

 

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