77% de la población escolar en Chiapas ha sufrido violencia; lo que influye en su concentración, autoestima, rendimiento y éxito académico

Entre la población adolescente es común que las conductas agresivas sean normalizadas. Cortesía: Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana.

*Con base a ENDIREH, los datos para Chiapas revelan que el 68.5% de las y los alumnos que han sufrido violencia en el entorno escolar, también la sufren en sus hogares.


De acuerdo con la última Encuesta Nacional sobre la Dinámica de las Relaciones en los Hogares (ENDIREH) realizada en 2016, al menos 15.3% de las adolescentes entre 15 y 19 años en Chiapas que asisten o asistieron a la escuela en los últimos 12 meses sufrieron actos de violencia en su contra.

“Se ha documentado que las conductas violentas afectan la capacidad de concentración, la autoestima, el rendimiento y el éxito académico constituyéndose en factores de riesgo para el abandono escolar. Aunque son diversos y complejos los factores que inciden en el abandono escolar, otras investigaciones muestran el papel de la violencia escolar, tanto entre pares como la perpetrada por autoridades escolares, como desencadenante en la decisión de abandonar la escuela sobre todo entre estudiantes de nuevo ingreso” señalan Angélica Aremy Evangelista García y Sarai Miranda Juárez, investigadoras sociales del Colegio de la Frontera Sur (ECOSUR) respecto al informe.

Por lo que, en este sentido, la encuesta demuestra que los estudiantes de nivel medio superior que presentan violencia recurrente registran un mayor ausentismo escolar. Es decir, el ausentismo se reportó un 30% más elevado entre estudiantes que presentan episodios de violencia recurrente, por lo que, debido a las agresiones, reportan haber faltado dos o más veces al mes a la escuela.

El menos el 68.5% del alumnado de más de 15 años, ha experimentado algún tipo de violencia en el entorno familiar por parte de sus propios compañeros de clases. Los datos para el estado de Chiapas revelan que, un 49% de los estudiantes hombres ha recibido algún insulto por parte de sus compañeros. En contraste con el 28% de las mujeres estudiantes que fueron insultadas en el mismo contexto.

En materia de violencia física entre los estudiantes de educación media superior, 14% de los hombres en el estado dijo que había recibido golpes. Por su parte, 15% de las mujeres fue víctima de violencia física por parte de sus compañeros. Finalmente, 12% de las mujeres de la entidad reportan haber recibido ofensas de carácter sexual, mientras que 14% de los hombres respondió que ha sido ofendido con insultos de carácter de este tipo.

“De acuerdo con las cifras antes mencionadas, las y los adolescentes están expuestos a diferentes formas de violencia -física, psicológica y sexual- en el ámbito escolar. Si bien México firmó la Convención sobre los Derechos del Niño donde se reconoce la condición de sujetos de derechos a niñas, niños y adolescentes, existe todavía una cultura de gran permisividad del ejercicio de violencia hacia este grupo de población” añaden las especialistas Evangelista y Miranda.

Para ellas, esta situación se suma a la naturalización y normalización de la violencia hacia la población adolescente, sobre todo al género femenino y a la ausencia de las denuncias. Por lo que es estudio muestra la expresión de los diferentes tipos de violencia, sobre todo cuando son perpetradas con el propósito de imponer subordinación hacia las mujeres frente a alguien que se encuentre en una posición de poder, tratándose así de violencia de género.

Cabe recordar que las mujeres que respondieron a la encuesta acerca de la violencia escolar de la que han sido blanco durante su formación, comprenden la etapa adolescente de 15 a 19 años, etapa en la que, de acuerdo con las especialistas, ejercer o recibir violencia puede llegar a marcar los procesos identitarios y de adopción de valores, pero también a quienes muestren rasgos de inconformidad a este orden de género; es decir, hombres y personas LGBT.

El resultado más relevante observado por Evangelista y Miranda, es que no existe una cultura de denuncia entre la población chiapaneca, sobre todo en la adolescente en etapa escolarizada, quienes pasan una gran parte de su tiempo en dichos espacios socializando y experimentando interrelaciones, que se ven mediadas por prácticas, como la violencia, generando así que las y los adolescentes vean en la violencia una conducta cotidiana.

“Al manifestar miedo a las represalias y consecuencias, que las convencieron de no denunciar, y al no tener conocimiento sobre cómo y dónde denunciar. Así, los agresores, mayoritariamente hombres, quedan en la impunidad apoyados por redes de complicidad institucional e incluso seguramente continúan conviviendo con ellas si es que no se vieron obligadas a abandonar los estudios como consecuencia de la violencia sufrida en la escuela” señalan.

Además, añaden que es probable que la naturalización y normalización de la violencia hacia las adolescentes que se infiere a partir de los motivos para no denunciar explique los menores porcentajes de la violencia sexual, física y emocional entre adolescentes de Chiapas respecto a las adolescentes a nivel nacional. Sin embargo, destaca que para el acoso sexual/hostigamiento sexual las adolescentes en Chiapas reportan un porcentaje cuatro veces superior, 3.1% vs. 0.7%, para el último año como periodo de referencia.

Los resultados del estudio revelan como principales perpetradores de la violencia sexual, física y emocional contra a sus compañeros; es decir, se trata de una violencia que existe, en su mayoría, entre pares. Sin embargo, también se registra que lo maestros violentan sexual y emocionalmente a las adolescentes ostentando una relación de jerarquía y de privilegio masculino.

La violencia a la que están expuestos las y los adolescentes, puede ser un factor para la deserción escolar en Chiapas. Cortesía: Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana.

El hecho de que entre las adolescentes con mayor escolaridad en Chiapas se presenten los mayores porcentajes de violencia sexual, emocional y física podría apuntar a que existe mayor registro, debido a que se cuestiona la normalización y naturalización de la violencia de género hacia las mujeres. Así también, sugiere que la violencia física ocurre en los primeros años de formación escolar.

“Materia de investigaciones futuras es explorar la bidireccionalidad de la violencia para no concentrarse solamente en la violencia que las mujeres sufren, sino también en la que ellas ejercen. La investigación por realizarse en este sentido permitiría comprender la frecuencia de la violencia física perpetrada por otras adolescentes en Chiapas, así como precisar cuánta de ésta es violencia de género y cuánta perpetrada por otros motivos diferentes al género” indican Evangelista y Miranda.

Asimismo, señalan que el análisis de la violencia de género en el ámbito escolar resulta de suma importancia, también por las posibles consecuencias sociales. El ausentismo y la deserción escolar en relación con la violencia de género tienen escaso registro estadístico; pero si se toma en cuenta que Chiapas es una de las entidades con menor presencia de mujeres en la educación media superior, se puede inferir la relación entre dichos sucesos.

De igual forma, mencionan que los resultados analizados enfrentan al reto conceptual de diferenciar la violencia de género de otras formas de violencia hacia las mujeres asumiendo que no toda la violencia contra las mujeres es violencia de género. “Se revela también la imperante necesidad de investigar los cruces entre el género y otras condiciones sociales, además del estado conyugal, la escolaridad y la condición étnica, tales como la discapacidad y la preferencia sexual” finalizan.

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