De Tenajapa a Irak; chiapaneco participará en desafío global de hardware centrado en dar asistencia a países en guerra

Antonio se unió a su primer curso de MIT a los 24 años durante los MISTI-Global Startup Labs México. Cortesía: Hackaday.

*Antonio, Meesha y Thomas, juntos están trabajando en el desafío de garantizar el control de calidad de los procesos de fabricación distribuidos. Desarrollar la fabricación en el sitio en áreas remotas y situaciones de socorro en casos de desastre, un ciclo de retroalimentación sobre lo que funcionó y lo que no, multiplicará la efectividad de los esfuerzos.


Antonio de Jesús Anaya Hernández, originario de Tuxtla Gutiérrez, estudió Ingeniería en Aeronáutica en la Universidad Autónoma de Nuevo León; sin embargo, no logró concluirla, eso no fue un impedimento para que lograra ser uno de los integrantes de las doce personas aceptadas para trabajar dentro del programa Dream Team, un elemento nuevo y emocionante del Premio Hackaday 2020.

Por lo anterior, el Premio Hackaday 2020, es un desafío de diseño de hardware en todo el mundo centrado en la innovación global impactante. Este año, se asociaron con líderes de organizaciones sin fines de lucro, para abordar algunos de los problemas más difíciles del mundo en materia de conservación, socorro en casos de desastre, recursos renovables y dispositivos de asistencia.

“Está orientado a que los ingenieros que están en la comunidad y que están en el mundo, puedan ayudar a resolver problemas de la humanidad”, expresó Anaya.

Anaya Hernández añadió que, lanzaron la convocatoria a nivel mundial a principios del año 2020, con el objetivo de resolver cuatro problemas, los cuales son otorgados por cuatro organizaciones no gubernamentales que trabajan a nivel internacional. Formando equipos de 3 personas expertas.

“Cada una de estas organizaciones no gubernamentales tiene su proceso de aplicación, yo aplique para Field Ready”, mencionó.

Field Ready es una organización no gubernamental sin fines de lucro, su base se encuentra en Londres, Reino Unido; dan asistencia a situaciones de guerras y desastres en varias locaciones del mundo.

“Field Ready ahorita esta en Irak, Siria, Archipiélago de Fiyi, lo más impactante de esto es que están en zonas de guerra; son un equipo de ingenieros desarrollan productos para distintas situaciones de emergencia. En Somalia tienen unos paneles solares, una computadora y una impresora 3D, lo que hacen es imprimir dispositivos con aplicaciones médicas, cosas como una pinza de cordón umbilical hasta una bolsa que sirve para meter entre los escombros donde caen las bombas”, explicó.

El chiapaneco mencionó que, la organización realiza toda la documentación de como construir y lo tienen en internet, para que quien quiera lo descargue y lo pueda fabricar, tienen la noción de aportar a que los demás resuelvan problemas y los desarrollen.

A su vez, dijo que en el proyecto en el que trabaja se debe realizar en 10 semanas, el reto es un sistema de control remoto de calidad, ya que uno de los grandes desafíos de la fabricación distribuida es la garantía de calidad generalizada. Con tantas soluciones diseñadas, fabricadas e implementadas, la organización quiere garantizar mejor la calidad y la responsabilidad.

Por ello, los equipos diseñaran un medio de control de calidad que rastree y evalúe de forma remota las soluciones, proteja a los consumidores y garantice una hoja de ruta para la presentación de informes y la reparación.

“Nuestro reto consiste en desarrollarles a ellos aparatos, programas y metodologías, para que puedan hacer buen uso de la información y hacer que todas las locaciones que tienen estos proyectos puedan funcionar bien”, expresó Anaya.

Además, Anaya trabaja con otras dos personas dentro de este proyecto, sus compañeros son Meesha Gupta, estudiante de ingeniería eléctrica y matemática, trabajó en la construcción de brazos protésicos, vive en Schenectady, Nueva York; y Thomas Hartley, ingeniero de diseño con experiencia en informática y electrónica vive en Londres, Reino Unido.

Antonio, Meesha y Thomas, equipo Dream Field Field. Cortesía: Hackaday.

Es así como, Antonio al tener conocimiento sobre el proceso de diseño centrado en el ser humano, ayuda a dominar el flujo del proyecto; Meesha llevó la comprensión de su experiencia en software, ayuda desde pensar en los flujos de información hasta profundizar en la investigación y Thomas incluye todo tipo de conocimientos de diseño.

Con base a lo anterior, para saber lo que necesitan los clientes de Field Ready, comenzaron con una entrevista, recorrieron al sitio web de la ONG en busca de conocimiento y luego crearon un conjunto de preguntas. Tuvieron una conversación con ellos y logramos construir su propia comprensión de la organización y los desafíos que enfrentan.

Dentro de la primera semana de trabajo, están por entrar en la etapa de diseño conceptual después de una intensa investigación centrada en el usuario y centrada en la organización, han tenido conversaciones con Catherine de Field Ready sobre cómo documentan cada detalle de su producto, desde el número de pieza hasta la evaluación de riesgos, el plan de pruebas y todas las cosas necesarias que les ayudaran a tener una idea concreta para diseñar un sistema robusto de etiquetado y seguimiento.

Además, cada uno de ellos investigó cómo diferentes industrias, como la alimentaria, médica y sanitaria y la ayuda humanitaria, implementan sus sistemas de etiquetado y seguimiento.

El objetivo de los 3 integrantes es construir un software fácil de usar, pero que cumpla el propósito del desafío, es decir, que el sistema de etiquetado y seguimiento garantice la protección del consumidor y la facilidad de uso junto con la reparación del producto y recuperación.

También, han creado un cuadro de consideración que, destaca varios detalles importantes en los que deben centrarse para su desafío, cualquier producto que prototipiquen cubrirá esas bases de una manera fácil.

Anaya comentó que, junto a Meesha y Thomas han logrado hacer un buen trabajo desde el primer día, colaboran de manera respetuosa y cada uno aporta ideas.

“Algo que tengo que recalcar es que los tres somos súper amables. Por experiencia digo que hay equipos donde uno trata de imponer más, una lucha de liderazgo, aquí no, no sé si fue apropósito, cada uno sabe muy bien que es lo que tiene que hacer, cada que vamos a publicar algo nos ponemos de acuerdo, trabajamos de una forma colaborativa muy efectiva”, mencionó.

Por otro lado, el chiapaneco compartió que, se inscribió a la convocatoria el último día, ya que tuvo que pensarlo, pues se sentía un poco inseguro, pero aun así tenía esperanzas, su trabajo de forma contextual, es muy parecido al de Field Ready.

“Lo deje pasar varios días, terminó la convocatoria y luego dijeron que lo extendían 10 días más, luego tenía que actualizar mi curriculum, me pedían una página de LinkedIn, una página persona donde pusiera mis proyectos, todas las cosas que he hecho, recomendaciones… eran como las 9 de la noche del día que iba a terminar y dije ‘Bueno voy a ver que tal sale’… no pensaba que fuera digno para meterme a esto”, compartió.

La respuesta de la convocatoria la recibiría a la semana, una donde tuvo que manejar la ansiedad de querer conocer la respuesta, para él, este es el trabajo ideal, su sueño siempre había sido trabajar en un proyecto con una exposición a nivel mundial.

“Mandaron un email diciendo que se habían atrasado porque había muchas aplicaciones, ahí ya vino lo difícil, tuve insomnio y me dio taquicardias, si ya me hubieran descartado ya me hubieran avisado, es lo primero que hacen, dan las gracias por participar”, comentó.

Entrevista con el chiapaneco Antonio Anaya.

Después de días difíciles en espera, recibió el correo que tanto había estado esperando, en el le avisaban que había sido aceptado e incluía su contrato para firmarlo de manera inmediata.

“Yo no me sentía con suficiente confianza de que saliera todo bien, pero al final si me dijeron, estuvo muy padre, estresante, pero muy padre”, expresó.

En la actualidad, Antonio ha cambiado la idea de no tener confianza en si mismo, el trabajar con sus compañeros le ha servido, también ha aprendido mucho y le han reconocido el trabajo que ha estado realizando.

“Estar con ellos y que me digan sabes un buen de esto, la verdad me ha cambiado muchísimo el panorama”, añadió.

Además, para el ha sido un proceso muy impactante, ya que fue el segundo latinoamericano, el único mexicano y chiapaneco en formar parte de este gran proyecto. Más por el hecho de que personas a nivel nacional y estatal que son muy buenos también aplicaron a esta convocatoria.

“Muchas veces he defendido que, por el hecho de ser de Chiapas, no quiere decir que no pueda participar en algo de este nivel o de tecnología, algo que me gustó es que me recalcaron siempre como mexicano y chiapaneco, para mí no hay nada decir que haya una limitación”, expuso.

Es importante mencionar que, Ayala ha trabajado diseñando sistemas electrónicos para automatizar procesos en agricultura, con el paso de los años pudo acceder a distintos apoyos y programas de profesionalización, el más importante que tuvo fue Programa de incubación tecnológica con el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) en el año 2015; después entre 2016 y 2017 participó en un Programa de Media Lab del MIT, como programador.

En cuestiones sociales también ha trabajado dando talleres y cursos gratuitos para estudiantes de universidad con ayuda de la Universidad Autónoma de Chiapas y de algunos maestros, al igual que apoyo en comunidades y como mentor en eventos de tecnología, esto de forma local.

En base a experiencia laboral, trabajó con la Embajada de los Estados Unidos de México, en el Programa Access Education, el cual trata de llevar talleres de tecnología a zonas indígenas de Chiapas.

“Me tocó dar clases de programación de videojuegos en la Casa de la Cultura de Tenejapa, estuve trabajando con ellos por contratos, el último fue entre septiembre y noviembre del año pasado»

Por último, en mayo fue mentor tecnológico del hackathon del MIT, llamado Latinoamérica vs Covid-19, en donde terminaron participando más de 2 mil personas de todo el mundo, contó con un total de 250 mentores, de los 20 países de Latinoamérica y algunos de Estados Unidos.

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