Discriminación, violencia y estigmatización; el camino que vive una mujer transgénero

En las puertas del Congreso del Estado, mujeres trans pidieron a los diputados y las diputadas legislen por el derecho a la identidad.

*Las mujeres transgéneros son un grupo expuesto a diversas expresiones de violencia por infringir el orden heteronormativo mediante expresiones y prácticas de género que no corresponden con su sexo biológico, pero que son fundamentales en el reconocimiento de su identidad. El proceso de construcción y reivindicación de la identidad trans es transgresiva, presenta retos y violencias cotidianas mientras luchan por acomodarse en un mundo social hostil y excluyente.


*Investigación: Mujeres transgénero trabajadoras sexuales en Chiapas: las violencias del proceso de construcción y reafirmación de su identidad de género.

David Gutiérrez, Maestro en Ciencias, Recursos Naturales y Desarrollo Rural; Angélica Evangelista, Investigadora del Grupo de Estudios de Género de El Colegio de la Frontera Sur; y Ailsa Anne, Investigadora del Grupo de Estudios de Migración y Procesos Transfronterizos de El Colegio de la Frontera Sur, realizaron una investigación, donde analizan las violencias que viven las mujeres transgénero trabajadoras sexuales en Chiapas.

Por medio de experiencias narradas discutieron los choques normativos que provoca la constante reafirmación de su identidad trans, con los estigmas que recaen en el trabajo sexual, visibilizando los procesos de deslegitimación identitaria que crean oportunidades y hábitos de vida limitados y precarios para ellas.

En Chiapas, el trabajo sexual se reglamentó en 2004 cuando se anexó a la Ley de Salud del Estado el Capítulo XII, De las zonas de tolerancia, Artículo 201, donde establecen que, el sexo servicio sólo se podrá prestar en los establecimientos ubicados en la zona de tolerancia previstas por los ayuntamientos y en áreas definidas fuera de la zona urbana.

“Los establecimientos donde se preste el sexo servicio requerirán para su funcionamiento de licencia expedida por el ayuntamiento, así mismo se sujetarán al horario autorizado por éste”, finaliza el artículo.

Sin embargo, no en todos los municipios existen las zonas de tolerancia, por lo que, el trabajo sexual se oferta por medio de diversas dinámicas como es trabajar en un bar ubicado en una zona de tolerancia, que cuente con habitaciones para dar los servicios sexuales; esperar a los clientes en la calle y prestar el servicio en algún hotel, casa propia o rentada.

Así como, ofertar los servicios a través de teléfono, Facebook, Twitter, páginas de internet; y trabajar como meseras en bares donde se practica el fichaje, ofreciendo el trabajo sexual de manera clandestina, mismo que se lleva a cabo en hoteles, en casa propia, rentada, o incluso en la calle misma.

Los investigadores mencionan que, en el caso de las mujeres transgénero esta actividad no se encuentra regularizada, la mayoría recurren a las tres últimas modalidades expuestas. En Tuxtla Gutiérrez esperan a los clientes en la calle, cerca del centro de la ciudad y dan los servicios sexuales en la casa que rentan, desde tres a cinco mujeres para vivir y trabajar.

A su vez, las de San Cristóbal de las Casas, Chiapa de Corzo y Suchiapa utilizan el fichaje y brindan sus servicios en hoteles cercanos a los lugares donde trabajan, cuando las condiciones económicas les son favorables y pueden pagarlo. En este último municipio, cuando las condiciones económicas son malas, se ven obligadas a dar el servicio sexual a la orilla de un río cercano al lugar donde trabajan.

hiapas se ubica en el lugar número 15 de estados con más crímenes de odio contra la población LGBT+.

Gutiérrez, Evangelista y Anne, señalan que, varios movimientos sociales, entre ellos el de mujeres transgénero, luchan por el reconocimiento de su cuerpo, por la libertad para decidir sobre él. También que esta lucha no puede ser vista de una manera desarticulada con la estructura.

“Desde la infancia el cuerpo no es nuestro, sino que siempre está sujeto a expectativas de comportamiento y características corporales socialmente aceptables, y cuando no se sigue con dicha normatividad se queda expuesto a ser juzgado en el ámbito público, ante los ojos críticos de la sociedad”, menciona la investigación.

Por lo expuesto, añaden que, es importante reconocer que el cuerpo masculino con características o expresiones femeninas está expuesto a las violencias, altera el orden social, ya que transgrede las características físicas atribuidas a su género. En este sentido, no han logrado feminizarse, son susceptibles al rechazo del otro.

“Nosotras las trans siempre sufrimos agresiones por nuestra apariencia, desde el pinche puto, coyolón… a veces subo mi anuncio a la página, hay una página donde nos anunciamos…  me dijeron puto, narizon, feo; te agreden, no te tratan como mujer”, expuso Gloria de Tuxtla Gutiérrez.

Pero, también parecer más femenina puede ser riesgoso. En los relatos de las entrevistadas, los investigadores identificaron que, cuando los clientes asumían que eran mujeres biológicas y solicitaban sus servicios sexuales, al momento de percatarse de que eran transgénero las violentaban en represalia por no haber revelado su identidad.

“…llegué a la frontera en Comalapa, fui a fichar a un bar, se ficha la cerveza, cada media te cuesta setenta pesos, yo le ganaba cincuenta y pagaba veinte de caja. Me tomaba hasta veinte o treinta cervezas, salía borrachísima. Hubo una vez que un hombre me invitó a fichar… el hombre pensaba que yo era mujer y me sacó… supuestamente íbamos a ir al hotel y todo eso, pensé que él ya sabía que yo no era mujer… no se dio cuenta que yo era gay, me empezó a agarrar a machetazos, tengo un machetazo en el hombro…” contó Thalía, de Tuxtla Gutiérrez.

Nicol; trans que fue agredida, cayó en coma y murió, sin que fuera detenido su agresor.

Además, la clandestinidad a la que se ven obligadas las ha protegido del estigma y la discriminación por parte de sus familiares, amigos, conocidos y la sociedad en general. Respecto a esto, varias de las entrevistadas dijeron dedicarse al trabajo sexual a escondidas de su familia.

“A mis catorce años, cuando empecé a vender mi cuerpo, me sentía muy feliz y triste porque comencé muy joven, mi familia me preguntaba que dónde agarraba dinero ‘Le ayudó a la vecina a vender taco’, claro era mentira… no creas que es tan fácil vender el cuerpo, porque hubo momentos en que me daba temor, me sentía sucia, pues que te estén tocando, ¡No quería! fue por necesidad…”, compartió Amanda, de Chiapa de Corzo.

Los investigadores mencionan que, clandestinidad es el resultado de las condiciones sociales hostiles y las estrategias de supervivencia de estas mujeres, también intervienen factores institucionales. La no regularización del trabajo sexual hace que ejercerlo de esta manera no sea sinónimo de invisibilidad, sino significa que las trans no pueden acceder a la protección que ofrecen los espacios semiprivados del trabajo sexual regulado.

Por lo que, se ven obligadas a ejercer esta actividad oculta a simple vista, es decir, en espacios públicos pero solitarios. Es ahí donde se encuentran expuestas a las violencias verbales y físicas transfóbicas, por parte de desconocidos.

“…hace como dos semanas o una semana estábamos paradas y pasó un grupo de personas en un coche, y pues pasaron, y nos empezaron a insultar, nos dijeron de cosas feas: que éramos putos, que no deberíamos existir, que éramos una amenaza para la sociedad”, dijo Susana, de San Cristóbal de las Casas.

Gutiérrez, Evangelista y Anne, mencionan que otro actor social que violenta a las mujeres transgénero son las mujeres cisgénero que también son trabajadoras sexuales. Las trans afirman que la regularización del trabajo sexual les brindaría mayor seguridad, pero se sentirían en desventaja frente a las agresiones transfóbicas de las mujeres cisgénero, e incluso de otras mujeres transgénero con cuerpo feminizado y estilizado.

“Si nos reubicaran en la zona de tolerancia, esos hombres no nos llegarían a buscar porque lo que menos quieren es que alguna mujer, algún conocido, los mire allá, imagínate, aquí las mujeres biológicas y allá las mujeres trans, qué es lo primero que van a decir las mujeres biológicas ‘míralo va a coger puto, va a coger mampo’. Yo te digo porque allá en las zonas de tolerancia de Tonalá eso pasa… las mujeres biológicas se sienten celosas y agreden a los hombres”, compartió Gloria, de Tuxtla Gutiérrez.

También, las violencias que viven las mujeres transgéneros por parte de sus compañeras de trabajo no tienen que solo con su identidad de género y la transformación de su cuerpo. Los investigadores, observaron situaciones en las que otros sistemas de opresión da lugar a las prácticas violentas.

“A veces las compañeras de prostitución te rechazan mucho, así como eres, que no sabes hablar español, no sabes… no sabes explicar o expresión, no sé cómo dicen hablar español, y te dicen, te hacen burla por ser Chamula. Como yo siempre he dicho, sí acepto que soy Chamula, acepto que soy indígena”, expuso Yuri, de Tuxtla Gutiérrez.

Por todo lo expuesto, lo grave de la violencia sexual no sólo es lo traumático del acto y los problemas psicológicos que se derivan; también está el peligro de contraer el Virus de la Inmunodeficiencia Humana (VIH), sida e infecciones de transmisión sexual (ITS).

En ese sentido, la exposición que tienen a estos riesgos no puede ser atribuida solo a la situación individual y personal de no haber utilizado el condón; deben considerar las circunstancias de poder en las que se tienen relaciones sexuales no protegidas y por qué razones.

Por último, la vulnerabilidad de contagiarse de VIH, sida e ITS se maximiza en un contexto de violencia institucional que no garantiza mejores condiciones de seguridad y servicios de salud para las mujeres transgénero trabajadoras sexuales.

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