Agricultura urbana, la gran contribución de las personas para crear una ciudad sustentable

La falta de tiempo y de espacio son los principales obstáculos de la sustentabilidad de la agricultura urbana. Cortesía: FAO.

*De acuerdo a la investigación, la falta de espacio, tiempo y de conocimiento en la agricultura hace que, pobladores de San Cristóbal de las Casas no puedan cosechar sus cultivos, mismos que tienen en los patios de sus casas, hasta en terrenos invadidos.


Araceli Calderón Cisneros, investigadora del Centro de investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social de San Cristóbal de las Casas (CIESAS), llevó a cabo un trabajo entorno al papel de la agricultura urbana familiar como medio de sustentabilidad de las familias de aquel municipio.

Calderón Cisneros menciona que, más de la mitad de la población mundial habita en centros considerados urbanos, situación que tenderá a incrementarse en las próximas décadas, sobre todo en las ciudades medianas de los países con menor grado de desarrollo, lo que representa importantes retos y dificultades en términos ambientales y sociales.

“Desde un punto de vista ambiental, las ciudades tienen diversos efectos negativos en escalas locales y regionales (como contaminación, pérdida de biodiversidad y servicios ecológicos, demanda de productos), hasta globales (por ejemplo, el cambio climático). Pero, por otro lado, debido a la concentración de la población y la excesiva dependencia de recursos externos, las ciudades y sus habitantes son muy susceptibles y vulnerables en momentos de crisis ambiental, social o alimentaria, que afectan, principalmente, a los habitantes urbanos más pobres», señala.

La creciente presencia del concepto de sustentabilidad, tanto en la literatura académica como en la política pública, existe muy poca claridad respecto a cómo se expresa y construye ésta sobre todo en el ámbito urbano. Especialmente, se carece de información sobre las ciudades medias o pequeñas, puesto que buena parte de los estudios urbanos se centra en las grandes ciudades que presentan las problemáticas más acuciadas.

La investigación sostiene que, la agricultura urbana ha estado presente en las ciudades desde tiempos históricos, aunque su sentido y funcionalidad ha cambiado dependiendo del contexto social e histórico. En términos generales, su principal función ha sido la de proveer alimentos a la población urbana, en especial a los sectores más desfavorecidos y, de manera especial, durante etapas de crisis social y económica en distintas ciudades del mundo.

«En las últimas décadas a la función productiva y alimentaria se han sumado otro tipo de funciones sociales, ambientales y económicas, tales como la regeneración del tejido social y la creación de vínculos comunitarios en las ciudades, el desarrollo de procesos educativos ambientales, el ejercicio de actividades que generan bienestar físico y emocional a la población, la producción orgánica y el cuidado del ambiente” menciona la investigadora.

Añade que, la agricultura ha estado presente en San Cristóbal de las Casas desde sus orígenes en forma de una producción de traspatio al interior del centro urbano y con áreas de pastoreo y cultivos agrícolas en los alrededores, que sobrevivieron hasta la primera mitad del siglo XX en el paisaje del municipio. Sin embargo, el crecimiento poblacional y la expansión del área urbana propiciaron que las áreas agrícolas y pecuarias se hicieran cada vez más pequeñas y se desplazaran hacia las orillas, aunque en algunos casos desaparecieron.

En general, la producción agrícola ha permanecido en la ciudad y su periferia y se ha transformado integrando a la producción tradicional de la ciudad al menos tres fuentes de cambio: la incorporación de las prácticas agrícolas de los asentamientos rurales periféricos cada vez más integrados a la dinámica urbana; la inmigración de indígenas de la región que al llegar a la ciudad intentan reproducir algunas de sus prácticas y conocimientos agrícolas y las diversas experiencias de los nuevos pobladores de distinto origen y formación profesional que incorporan otras variedades y otras técnicas a la agricultura de la ciudad.

“De manera paralela, han surgido otros elementos que influyen sobre las formas de mercado de la producción agrícola local, tales como la demanda de productos orgánicos y saludables, la valoración de los productos locales y las perspectivas sociopolíticas del consumo de alimentos» añade Calderón Cisneros.

Por medio de diversas entrevistas, la investigación realizada por Calderón Cisneros refleja la diversidad de los sistemas agrícola de la producción a las condiciones urbanas, mismas que representan un reservorio de agrobiodiversidad de especies alimenticias adaptadas al gusto y al clima local, por lo que constituyen una fuente fundamental de resiliencia y sustentabilidad ambiental.

La producción de alimentos observada incluye el cultivo de diversas especies vegetales y hongos y la cría de animales. Casi todas las unidades visitadas (95.4%) realizan producción vegetal aprovechando para sembrar distintas áreas de la vivienda incluyendo azoteas o macetas, algunas disponen de espacios específicos de cultivo como camellones de hortalizas, pequeñas milpas o invernaderos. En dos unidades contaban además con módulos de producción de setas comestibles.

“Las áreas que se destinan a la producción tienden a ser pequeñas, más de la mitad de los entrevistados (57.4%) tienen menos de 50 metros cuadrados para cultivar; las áreas registradas fueron desde 1 metro hasta 1,200 metros cuadrados, con excepción de un productor que disponía de poco más de una hectárea en las orillas de la ciudad. También se observó en varios lugares de la ciudad la presencia de cultivos de maíz en lotes baldíos no habitados, que suelen cumplir con la función aprovechar un espacio no utilizado y al mismo tiempo indicar la propiedad del mismo” resalta.

Los espacios muy pequeños limitan a los agricultores, quienes deben decidir si tener plantas o animales. Cortesía: 2000agro.

En términos generales, la producción es de bajos insumos externos, ya que utiliza principalmente semillas propias, fertilizantes naturales y tierra del mismo predio; con excepción del agua de riego que se obtiene en su mayoría del sistema municipal. La información recogida por la investigadora del CIESAS, indica que existe una fuerte intención de minimizar el uso de insumos químicos o externos en sus sistemas, recurriendo a lo que sus propias viviendas les pueden proveer, o bien acudiendo a redes familiares y de amistad en la ciudad o en sus lugares de origen en la región.

Así mismo, sobresale el uso de diversos residuos como los desperdicios de cocina, estiércol de ganado bovino y de gallinas, follaje de jardín, hojarasca del monte, tierra, residuos del cultivo de setas y hasta la recolecta de orina humana, los cuales son procesados de diversas maneras formas para obtener compostas y abonos foliares.

“En cuanto a la diversidad de plantas sembradas se en listaron más de cien productos en total; en cada vivienda se nombraron entre 1 y 34 productos con un promedio de 12. Los cultivos más frecuentes fueron aquellos de los que existe una tradición productiva en la zona, que se adaptan bien a las condiciones ambientales de la ciudad, o que son fácilmente cultivables en macetas y espacios pequeños” comenta en su investigación.

El primer lugar lo ocuparon las hortalizas y verduras de las que se indicaron 38 tipos (las más comunes fueron chayote, calabacita, chile, acelga, lechuga, papa, haba, cebolla, repollo, rábano, apio, tomate verde), 21 tipos de las plantas aromáticas y hierbas (siendo los más comúnmente señala dos el cilantro, epazote, hierbabuena, hinojo y tomillo), y 22 tipos de árboles frutales (durazno, ciruela, manzana, aguacate, pera, higo, fresa y limón como los más comunes).

Cultivos básicos como maíz y el frijol también fueron señalados, aunque su presencia seguramente responde más a la costumbre de sembrarlos que a la posibilidad de obtener una buena producción. Algunas familias que son originarias de otras partes del país o del extranjero han traído semillas y cultivos que no son comunes en la zona.

Por su parte, la producción animal es practicada en poco más de la mitad de las viviendas (58%). En su mayoría se trata de aves de traspatio y otros animales pequeños, usualmente en corral, que se producen en pequeña escala, aunque algunos productores poseen varios tipos de animales en cantidades considerables.

“La cría o engorda de gallinas y pollos está presente en prácticamente todas las viviendas con producción animal (95%), es estas también las más numerosas (en total suman 421 individuos), le sigue en importancia (pero casi tres veces menor) la cría de guajolotes (13 viviendas con 99 individuos). Otros animales tuvieron una presencia en menos del 10% de las viviendas como conejos, patos, borregos, gansos, cerdos y codorniz” indica Calderón Cisneros.

La producción animal también tiende a ser de bajos insumos externos. En su mayoría el origen de los animales ha sido el pie de cría doméstico y la compra a otros productores (en 61% y 50% respectivamente), y con menor frecuencia la recepción vía regalo (16%) y la compra en veterinaria (10.5%). Comúnmente se alimentan con maíz complementado con verduras y/o con el desperdicio de alimentos sobre todo de tortilla. Pocas personas mencionaron comprar alimentos balanceados, que suelen ser utilizados con los polluelos que se están criando.

“El espacio disponible para la producción tiende a ser pequeño y en algunos casos, de propiedad ajena. Esta es una limitante importante, sobre todo para aquellos cultivos que requieren un mayor espacio, o para la producción animal. Algunos testimonios ejemplifican esto: No hay espacios suficientes donde sembrar. Me gusta tener cosas para comer, pero lo tengo que sembrar en macetas y a veces no dan las plantas… o bien… me gustaría sembrar maíz, frijol y calabaza, pero el espacio no me lo permite”, señala.

La agricultura urbana es una actividad secundaria para los pobladores coletos. Cortesía: Ethos Laboratorio de Políticas Públicas.

Por otro lado, encontró que la dificultad del tiempo que se le puede dedicar a la producción agrícola en la ciudad, es otro de los factores que se repite en la población con cultivos urbanos, debido a que esta constituye una actividad secundaria en la mayoría de los casos.

“Algunos entrevistados consideran que realizar una producción en espacios pequeños requiere mucho más trabajo del que se necesitaría en la agricultura convencional y este trabajo extra no lo pueden realizar fácilmente” añade.

Otro problema relacionado es la disponibilidad de recursos económicos, ya que algunos consideran que la producción urbana, por sus características, requiere de mayor inversión económica que algunas familias no pueden realizar (invernadero, macetas, compra de tierra, sistemas de riego, sistemas de cultivo en espacio reducido).

Además, las personas al tener escasa experiencia señalaban como problemas aspectos generales sobre «la manera de cómo sembrar» o la capacidad de identificar una plaga y la forma de combatirla, mientras otros con mayor conocimiento señalaron aspectos más específicos como la necesidad de encontrar mejores variedades animales. El clima frío y el exceso de lluvias en la ciudad constituyen un reto, así como la calidad del suelo.

“La agricultura urbana constituye un sistema integral cuya presencia y funciones pueden ser promovidas y mejoradas para contribuir en mayor medida a la construcción de la sustentabilidad urbana. El reconocimiento e impulso de la agricultura urbana para la sustentabilidad de una ciudad como ésta debe considerar, por tanto, el entorno regional que provee tanto de producción complementaria, como de insumos y fuentes de diversidad cultural y biológica” concluye la investigadora del CIESAS.

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