Mujeres ch´oles transforman el arte de lo cotidiano para continuar el saber tradicional de la naturaleza

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*El libro está dedicado a las mujeres ch’oles, quienes dedican el arte de transformar lo cotidiano de la vida en un elemento valioso para continuar el saber tradicional de la naturaleza.

Redacción Alma Martínez

En el marco de la celebración de la 13ª Edición del Congreso Mesoamericano de Investigación de la Universidad Autónoma de Chiapas (UNACH), Martín Plascencia, Paola Ubiergo, Guadalupe Rodríguez y Lourdes Zaragoza, presentaron su libro titulado “Plantas comestibles del solar Maya Ch’ol, Chiapas”, en el que dan cuenta de todo lo que sucede en el solar, de las relaciones entre cultura, naturaleza y convivencia.

El investigador Martín Plascencia explicó que en el libro hay un encuentro entre la antropología y la agropecuaria, ya que hace un recorrido por los pueblos ch’ol de Chiapas, por su cultura, modos de vida y unidades de producción. De ahí que está divido en tres partes: el pueblo maya ch’ol, el solar y las plantas de uso comestible.

Por su parte, la Dra. Paola Ubiergo, detalló como en el norte del estado hay una gran presencia de indígenas ch’ol, desde la zona de Palenque, Salto de Agua, Tila y Tumbalá, sin embargo, el texto se centra en la zona de Tumbalá pues ahí encontraron identidad a nivel territorial y cultural. Además de una vegetación en la que predominan cuencas y ríos que no solo forman parte del paisaje, sino que también representan vías de comunicación.

Añadió que en Tumbalá hacen un aprovechamiento interesante de los recursos naturales, debido a que han ido heredando de generación en generación las formas de uso de varios ecosistemas presentes en la zona y de la agricultura, como la milpa. Por eso, el libro aborda el contexto histórico del solar y de las comunidades.

Ubiergo señaló que el solar es un agroecosistema que presenta un papel fundamental en el sistema de vida del pueblo ch’ol; la conservación del conocimiento tradicional de especies vegetales, ha permitido obtener diversos recursos para la subsistencia y ha contribuido en los ingresos económicos de las familias. Asimismo, es un lugar donde han creado un sentido de comunidad y de convivencia familiar con diferentes patrones de organización en función de las zonas de producción.

También en los agroecosistemas familiares existen vínculos entre la diversidad vegetal, el aporte nutricional y la salud; debido a que las especies culturalmente significativas tienen importancia social y biológica en la salud de la población.

De acuerdo con el autor y las autoras, el solar maya ch’ol se caracteriza por presentar cuatro espacios zonificados destinados para el aprovechamiento de sus recursos, los cuales son: traspatio, hortaliza, jardín y reserva forestal; en los cuales registraron 80 especies, agrupadas en 38 familias botánicas, siendo 52 especies nativas y 28 especies introducidas.

Destacaron que las plantas comestibles son una de las categorías más importantes dentro de las plantas que utilizan la familia ch’ol y que en estas familias tienen muy bien representada la cocina tanto a nivel de estructura como a nivel de organización y valoración de los elementos naturales.

Así, hicieron un esfuerzo por documentar el conocimiento que las familias de las comunidades de Tumbalá relacionan con cada especie comestible en función a la etnobotánica y el manejo ecológico. Para cada especie realizaron una descripción en la que integraron su fotografía, nombre, ubicación, origen, el manejo más frecuente y su uso comestible.

Concluyeron que el libro no solo tiene un fin académico, sino que buscan que los saberes y conocimientos de las comunidades queden registrados y que ellas y ellos puedan utilizarlo como apoyo en sus espacios y como referencia para las futuras generaciones que se interesen en el uso de las especies.

Este libro consigue integrar los saberes tradicionales y la cultura del pueblo ch’ol, se destaca muchísimo toda la variedad de material comestible por este pueblo y hay que recordar que la identidad gastronómica les brinda cultura a estas comunidades, indicó Guadalupe Rodríguez, coautora del libro.

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