Seguridad hídrica en la frontera Chiapas-Guatemala

Paso de las personas por el río Suchiate, desde Tecún Umán. Fotografía tomada por el autor (octubre, 2019).

*El río Suchiate constituye una de las seis cuencas transfronterizas existentes entre México y Guatemala. Aunque tiene un tamaño reducido en comparación con otras de mayor extensión en la región, se considera como la transfronteriza que registra la mayor densidad de población en toda la frontera compartida.


A través del artículo: “El agua en la frontera Chiapas-Guatemala. Reflexiones antropológicas sobre la seguridad hídrica”, los investigadores Aki Kuromiya y Hugo Saúl Rojas Pérez* describieron las prácticas y percepciones relacionadas al agua de los habitantes fronterizos de México-Guatemala; en especial a sus nociones de agua residual y de la contaminación del río Suchiate.

El río Suchiate nace en las faldas del volcán Tacaná en Guatemala y sigue su curso hasta el océano Pacífico, formando la frontera entre ambas naciones, como lo determinó el Tratado de Límites entre México y Guatemala de 1882.

Sin embargo, la mayor parte de las ramas de ese río se localiza en Guatemala y drenan agua hasta el cauce principal, como el Cabuz. A lo largo de su corriente, cruza por varios asentamientos humanos: municipios mexicanos como Tuxtla Chico, Metapa de Domínguez, Frontera Hidalgo, y del lado de Guatemala, Tacaná, Malacatán, San Marcos, Ayutla y Ocós.

Así pues, los hallazgos mostrados por Kuromiya y Rojas Pérez muestran los límites culturales para establecer la seguridad hídrica en el contexto local y fronterizo. Mientras el aseguramiento del agua potable, en cuanto a su calidad y cantidad es percibido como una autorresponsabilidad, el manejo de las aguas residuales que generan es invisibilizado tanto por los habitantes como por la administración municipal.

Además, la contaminación del río que divide a los dos países se considera que no se origina en “nosotros, los de este lado”, sino en los “otros”. Estos datos, les revelaron que, para reflexionar la seguridad hídrica en la frontera, es decisivo contar con una gobernabilidad multinivel que tome en consideración las barreras culturales.

Mientras tanto, los relatos y conversaciones acerca del agua potable fueron abundantes y con detalles durante su periodo de investigación, cuando les preguntaban a la ciudadanía si sabían hacia dónde iban sus aguas residuales, la mayoría no supo contestar. En ambos lados de la frontera se expresaron: “me imagino que hacia el río”, refiriéndose al Suchiate.

Pozo de piquete o anillo. Fotografía proporcionada por el interlocutor local.

En el caso de Ciudad Hidalgo en Chiapas, la institución encargada del servicio de alcantarillado es el departamento de Obras Públicas del gobierno municipal. Según el encargado, el municipio cuenta con cuatro cárcamos en donde se almacenan las aguas residuales que genera la ciudad y de ahí, usando las bombas, fluyen hacia una planta de tratamiento municipal a un kilómetro al sur de la ciudad.

La articulación que enfrentó el gobierno (2018-2021) es que desde 2013, la planta de tratamiento no funciona. Es decir, las aguas residuales de la zona urbana llegan a esa planta, pero no se les da tratamiento sólo se almacenan a cielo abierto.

Durante una visita que realizaron los investigadores a la planta, observaron que dichos caudales se desbordan de los depósitos y se encausan a un canal hacia el río Suchiate, el cual, tendría que llevar el agua ya tratada.

En el departamento de obras públicas del municipio les comentaron que el actual estado de la planta de tratamiento se debe a los descuidos e indiferencia de las administraciones anteriores, sobre todo, porque no ha sido posible mantenerse en uso por falta de financiamiento. El fondo financiero no alcanza para remodelar los equipos, ni para mantener el gasto corriente en ese rubro.

El funcionario encargado del alcantarillado del gobierno municipal afirmó que: “el agua residual no llega tan sucia al río, pues tiene más de un kilómetro y, mientras, el suelo la va absorbiendo”.

Algunas quejas son de los problemas evidentes, relacionados con inundaciones y malos olores provocados por el deterioro de los drenes y cárcamos, en los que el gobierno trabaja.

Planta del tratamiento del agua residual del municipio. Fotografía tomada por la autora (diciembre de 2019)

Kuromiya y Rojas Pérez pudieron deducir que, el gasto para el mantenimiento de la planta y el alcantarillado no se pueden cubrir con el presupuesto municipal. Además, en el caso del municipio Suchiate, no se realiza ningún cobro mensual por el uso del servicio de drenaje para los ciudadanos.

Es decir, la única cuota por ese concepto es cuando un habitante realiza su contrato del servicio para construir una nueva casa. Esas deficiencias tributarias complican el mantenimiento del servicio.

Por lo que, el gobierno municipal de acuerdo con las entrevistas realizadas, está consciente de que no ha cubierto las actividades sustantivas establecidas para el tratamiento del agua residual y, por lo tanto, está contaminando el medioambiente de su territorio, pero: “es difícil cumplir el lineamiento federal con el presupuesto municipal”.

La situación es similar en Tecún Umán. La Oficina Municipal del Agua (Omagua) también se encarga del servicio de alcantarillado y cuenta con cinco “tinas” en las que deposita las aguas residuales de la ciudad, y de ahí se bombean a un depósito que se encuentra a unos dos kilómetros.

Se refieren a esos depósitos como “plantas de tratamiento”, pero son parecidos a “tinas” de aguas residuales, ya que no hay instalaciones para tratar las aguas. Desde el depósito principal, éstas se vierten a un ramal del río Naranjo, que corre paralelo a la ciudad y desembocan en el océano Pacífico.

Al igual que lo comentado por el encargado del municipio de Suchiate, el jefe de Omagua argumentó que las aguas residuales no llegan a contaminar tanto, pues las absorbe el suelo.

En el caso de esta municipalidad, hay un cobro mensual de cinco quetzales para el servicio de alcantarillado; y cuando requieren una obra mayor, como mantenimiento de los tubos de drenaje o renovación o construcción de planta, se le pide el apoyo material y financiero al Instituto de Fomento Municipal (Imfom) del gobierno nacional de Guatemala.

Aunque están pagando los costos mensuales, los habitantes de Tecún Umán tampoco supieron explicarnos hacia dónde van las aguas residuales que se generan en su casa. No tenían idea de si el municipio contaba con la planta de tratamiento o no.

Lo que es importante recalcar es que la gente de estas ciudades no tenía idea de cómo funcionaba el servicio y la importancia de su existencia, y por lo tanto no se quejaban en este aspecto con sus gobiernos, ni consideraron que fuera un problema de su localidad, indicaron los investigadores.

El agua residual no forma parte de sus preocupaciones cotidianas para los habitantes de ambos lados, pues el drenaje no tiene significado como algo que debe mejorarse con su propio esfuerzo, en contraste con las responsabilidades que asumen para el abasto del agua potable.

Personas nadando o lavando ropa en el río Suchiate. Fotografía tomada por la autora

Para los gobiernos locales, las deficiencias en el manejo de las aguas residuales tampoco recubren un problema en sus prácticas políticas. La planta del tratamiento de agua implica una inversión no realizable para el gobierno local: requiere un apoyo de las instituciones de mayor nivel. Pero, los gobiernos locales tanto de Ciudad Hidalgo como de Ayutla no lo identifican como un problema urgente para su administración.

El funcionario de Ciudad Hidalgo comentó la importancia de dar mantenimiento a los cárcamos, pues están ubicados dentro de la zona urbana, de forma que los habitantes se dan cuenta si están funcionando o no, pero como la planta del tratamiento está fuera de la zona y nadie la ubica, es por ello que no le afecta a su imagen como gobierno.

Incluso comentó que sería importante cobrar el servicio del alcantarillado para mejorar el tratamiento del agua residual. Pero, considera que ninguna administración se atrevería a crear una partida nueva para el cobro de ese servicio, porque los habitantes no estarían conformes con ellos y tendría efectos en las siguientes elecciones de autoridades locales.

El gobierno de Ayutla, Guatemala, consideró que el tratamiento del agua residual no es importante ni necesario por el momento para la vida municipal, porque no se observa la contaminación del cuerpo del agua y tampoco afecta el medioambiente.

Estos hallazgos implican que no hay una apropiación local del agua residual, ni como un desecho generado por sus actividades, ni como problema colectivo a resolver, sino que permanece invisibilizado. Una vez que el agua se drena a sus alcantarillados, ésta no existe, o no pertenece a nadie. Para el gobierno local, es en este servicio donde enfrenta el límite de su capacidad administrativa y de financiamiento, finalizaron Kuromiya y Rojas Pérez.

*Investigadores:

Aki Kuromiya, doctora en Antropología Social por la Universidad Iberoamericana A. C.

Hugo Saúl Rojas Pérez, doctor en Antropología Social de la Universidad Iberoamericana.

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