Inseguridad agraria, identidades y conflictos en un territorio campesino: el caso de «Los Laureles»

La Reserva de la biosfera La Sepultura se localiza en una de las áreas de mayor riqueza biológica de Chiapas ya que esta es la zona de transición entre el Istmo de Tehuantepec, una región de poca humedad y mucho viento y la zona del Soconusco una de las regiones más húmedas de Chiapas. Cortesía: FOCET

*El territorio de Los Laureles es el escenario donde a partir de las relaciones sociales se recrean las identidades campesinas. Es también el marco espacial donde se determina el dominio soberano del Estado a través de las políticas ambientales que impulsan la conservación de los territorios a costa del sometimiento de una población que tiene poca capacidad de agencia.


Los pobladores que viven sin reconocimiento agrario en las reservas de la biosfera «La Sepultura» construyen identidades, enfrentan conflictos, desafíos internos y externos para construir su territorio, lo que dificulta la regularización agraria, dieron a conocer Juana Cruz Morales, Ana Gabriela Trujillo Díaz y Luis García Barrios, investigadores de la Universidad Autónoma Chapingo y de la Dirección Regional Sureste del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología.

Es así que, el objetivo de su investigación “Inseguridad agraria, identidades y conflictos en un territorio campesino enclavado en un área natural protegida: el caso de Los Laureles, Chiapas”, fue identificar y analizar dichas identidades.

Los resultados mostraron que, la mayoría de los entrevistados han forjado identidades multidimensionales para enfrentar su inseguridad cotidiana, por ejemplo, son a la vez huérfanos, peones, agricultores, pobres y custodios de la naturaleza.

Es de importancia mencionar que, los investigadores resaltaron que uno de los mayores problemas en el medio rural es la inseguridad agraria, sobre todo cuando hay factores y decisiones externas que afectan los derechos agrarios de los pueblos.

Si bien es cierto que en México el Programa de Certificación de Derechos Ejidales y Titulación de Solares (PROCEDE) dio certidumbre agraria, es importante señalar que sólo se beneficiaron aquellos individuos que contaban con derechos agrarios, indicaron los especialistas.

Ya que, el PROCEDE no favoreció a los poseedores de tierras que permanecen sin dichos derechos. Así, pese a las promesas de la reforma al artículo 27 constitucional del año 1992, la incertidumbre agraria continúa para los denominados asentamientos irregulares.

Por otro lado, señalaron que el decreto de áreas naturales protegidas (ANP) es un factor que contribuye a la inseguridad agraria debido a que centraliza el control territorial al poner en manos de organizaciones gubernamentales y no gubernamentales el manejo del territorio.

Las consecuencias agrarias del decreto de una ANP son varias, pero es importante señalar que con el decreto se reconocen asentamientos regulares (legalizados) e irregulares (no legalizados). Es decir, si la población demuestra la legal y legítima posesión del predio en donde se encuentra el asentamiento, es regular, en caso contrario, se considera irregular, detallaron Cruz Morales, Trujillo Díaz y García Barrios.

Esa dinámica ha provocado la emergencia de una nueva identidad, los irregulares, estos conducen a fuertes conflictos al interior de los territorios. La problemática surge luego del decreto de las ANP, pues los asentamientos irregulares quedan imposibilitados para transitar hacia la regularización de la tenencia de sus tierras, debido a las normatividades impuestas mediante el decreto de conservación.

Comunidad Los Laureles

La Reserva de la biosfera La Sepultura se localiza en una de las áreas de mayor riqueza biológica de Chiapas ya que esta es la zona de transición entre el Istmo de Tehuantepec, una región de poca humedad y mucho viento y la zona del Soconusco una de las regiones más húmedas de Chiapas. Cortesía: FOCET

En Chiapas, existen cerca de 432 mil 600 hectáreas (ha) sin resolución agraria, distribuidas en 69 municipios de los 119 que hay la entidad federativa, aquellos con más casos son Ostuacán, Ocozocuautla, Tonalá, Pijijiapan, Villacorzo y Villaflores. Sin embargo, esos casos representan sólo 30% del total de los predios sin resolución agraria, el restante se distribuye en otros municipios.

Ante ese escenario, el objetivo de su investigación fue identificar y analizar las identidades de los campesinos que durante el reparto agrario no obtuvieron el reconocimiento legal de sus posesiones en la reserva de la biosfera «La Sepultura» (REBISE) y, al defender el territorio apropiado, enfrentan conflictos y desafíos tanto internos como externos que dificultan la regularización.

Para ello, estudiaron el caso de la comunidad «Los Laureles», localizada en Villaflores, misma que fue integrada a la REBISE. Para comprender las causas que ocasionaron que la población no obtuviera la resolución presidencial antes del decreto de la reserva en 1995, utilizaron una metodología que combinó: recorrido diacrónico, entrevistas e historias de vida en profundidad.

Los Laureles es un territorio porque es un lugar donde se realizan las acciones de apropiación del espacio, se desencadenan los poderes, las fuerzas y las debilidades de los campesinos, es un espacio del que los campesinos se han apropiado y lo valorizan. El territorio está vinculado siempre con el poder y con el control de procesos sociales mediante el control del espacio, indicaron los investigadores.

Identidades y la construcción

La Reserva de la biosfera La Sepultura se localiza en una de las áreas de mayor riqueza biológica de Chiapas ya que esta es la zona de transición entre el Istmo de Tehuantepec, una región de poca humedad y mucho viento y la zona del Soconusco una de las regiones más húmedas de Chiapas. Cortesía: FOCET

Cruz Morales, Trujillo Díaz y García Barrios indicaron que la población que habita en Los Laureles llegó a ese espacio buscando tierras. Al asentarse, conformó tres grupos definidos por su identidad.

En ese sentido, las identidades generadas configuraron tres grupos sociales. El grupo I, se integró por 11 familias oriundas de las fincas La Cieneguita y La Esmeralda, luego de la construcción de la presa Belisario Domínguez “La Angostura” emigraron a las fincas El Diamante y Ámbar y después se asentaron en el ejido Valle Morelos del municipio de Villacorzo.

Una vez en Valle Morelos, se dedicaron a trabajar como jornaleros, pues carecían de tierras. En 1986, decidieron migrar al ejido Tierra y Libertad, municipio de Villaflores. En 1987, se establecieron en las tierras que hoy son conocidas como Los Laureles.

Mientras que, el grupo II se compuso de nueve familias que subsumidas en una familia patrilineal. Son originarias de una finca ubicada en Mapastepec. Los miembros de ella, eran peones de rancho y se dedicaban a la ganadería, migraron en busca de tierras al ejido Valle Morelos, y en 1989, a Los Laureles, por invitación del líder del Grupo I.

El grupo III se conformó por siete familias provenientes de comunidades ubicadas en los municipios de San Juan Chamula y San Cristóbal de Las Casas, además del estado de Tabasco y de un rancho de Veracruz; la mayoría de ellos indígenas.

Algunas familias de ese grupo llegaron a Los Laureles en 1987 y otras en 1992.  El común denominador de esas familias es que arribaron al lugar en busca de tierras para dedicarse a la agricultura.

Después de más de treinta años de haberse posesionado de las tierras, los miembros de los tres grupos no han obtenido la resolución presidencial para formalizar la legal posesión agraria, debido a que su pasado como peones y trabajadores agrícolas a las órdenes y bajo el yugo de un patrón o finquero les impide incentivar su capacidad de agencia para iniciar un proyecto colectivo y concluirlo, expusieron los investigadores.

Por lo tanto, se asumen como una comunidad marginal y reproducen su identidad de peones para ganarse la vida trabajando a la orden de un patrón, a pesar de poseer una considerable cantidad de tierras en las que, si tuvieran los recursos necesarios, podrían sembrar diversos cultivos o criar animales.

Su historia de vida reveló que, se identifican como peones, trabajadores y chambeadores. Hay campesinos que, aunque cuentan con una considerable cantidad de tierra no la sienten como suya.

Así pues, los miembros de los grupos I, II y III han construido su identidad a partir de dar sentido a las actividades productivas que realizan, pero sobre todo su identidad más simbólica es asumirse como pobres.

Las relaciones de los individuos de los grupos sociales se limitan al entorno local, por ello, es una comunidad marginal dado que se caracteriza por estar organizada alrededor de la familia patrilineal y de las relaciones de vecindad organizadas a partir de la conformación de grupos en los que la identidad está muy marcada por su origen natal.

En términos de representación, la comunidad se encuentra en desventaja, pues sólo ha tenido tres comisariados en treinta años de historia. La carencia de un título de propiedad significa permanecer al margen de posibles beneficios económicos para trabajar las tierras. Por eso se movilizan para trabajar, recreando su identidad de jornaleros, peones o chambeadores y aceptando las relaciones de poder.

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