¿El fin de las democracias?
Entonces, el dictador manda a reprimir a migrantes en el norte del país. Lo hace con una fuerza especial, con órdenes estrictas de “cazar” y llevar a la cárcel y quizá, quien sabe, desaparecerlos. No importa. El tema es no dejar que los migrantes, ilegales, sucios, bad hombres, los “otros”, los apestados, se apoderen del país. La paranoia política clásica de un manual que, pensábamos, había quedado atrás, hace 80 años.











