El regalo de la escritura
Algunos días un poco más grises otros un tanto más soleados, llenos de ánimo y acompañados del canto de las aves, de la lluvia, del viento, pero también del silencio.
Algunos días un poco más grises otros un tanto más soleados, llenos de ánimo y acompañados del canto de las aves, de la lluvia, del viento, pero también del silencio.
Recordó la algarabía del canto de los pájaros mientras aún percibía el olor a tierra mojada.
Mientras iba a casa pensó que el solo hecho de participar ya la hacía ganadora y que había un gran aprendizaje en esa sesión, soltar el miedo para defender su palabra, sus ideas, su trabajo y su valor y respeto como mujer artista.
No pudo evitar traer al presente la primera vez que vio a una chicharra. Era una tarde cálida de primavera, las chicharras cantaban, casi como de costumbre.
Ninguna, seguirían en la lucha diaria desde sus trincheras, con el dolor, la impotencia, pero también la fortaleza, la resiliencia y la esperanza que surge del trabajo de mujeres en colectivo.
El olor a tierra mojada invadió el cuarto. Había llovido, lo suficiente para generar esa ráfaga de aire que la despertó.
La escritora Dinorah Jade llegó minutos antes del inicio. Sonia la saludó y le dio la bienvenida. Poco a poco fue llegando el público. El grupo era pequeño, 13 personas, en su mayoría mujeres, solo llegaron dos varones. Había varias generaciones, mujeres adolescentes, jóvenes y adultas mayores. En el caso de los varones, eran el hijo adolescente y el padre adulto joven.
El sonido de claxon del auto que estaba detrás de ella la hizo salir de su pensamiento. El tráfico comenzaba a fluir. Mientras avanzaba a su destino Claudia siguió deseando sentir el aroma a tierra mojada, aroma a vida y a naturaleza.
Una vez que Mati dio la indicación, Leonora abrió los ojos y quedó maravillada ante la cantidad de piedras de cuarzo que había dentro de la cajita. Todas las piezas eran de cuarzo en bruto.