El Canelo

Saúl «Canelo» Álvarez. Foto: @Canelo

Resulta un poco difícil explicar por qué Saúl Álvarez, el Canelo, no arraiga en el gusto popular en un deporte tan nuestro, tan establecido y orientado por nuestra cultura popular y de masas. Eso me pasó cuando lo intenté con mi colega, amigo y carnal, Daniel, argentino que, entre otras cosas, es roquero indomable, experto en deportes y boxeador amateur en sus tiempos libres. Sabe de lo que habla, pues. Daniel ee explica que el Canelo es un peleador completo, en su medida, en su peso, y lo que requiere su técnica. O como dicen por ahí: el mejor libra por libra.

Es difícil, porque es cierto que el Canelo es ahora mismo el mejor del mundo en su peso; además tiene ya cuatro campeonatos, lo que significa grandes records nacionales, superando a cualquier boxeador mexicano en la tradición de este deporte, y eso es mucho decir.

México ha sido potencia en el box. Si hay un deporte en el que el país ha destacado, tanto a nivel amateur, como profesional, es en el pugilismo. En términos de figuras, número de campeonatos, impacto mediático, después de Estados Unidos, somos lo mejor del mundo. Grandes nombres han sobresalido a lo largo de la historia; la cantera de campeones y de calidad técnica siempre fue interminable. En los Juegos Olímpicos, el box siempre dio medallas. Los peleadores siempre sacaron la casta en cualquier justa internacional. Por eso, México representa todo un mercado, de aficionados, de ratings televisivos y de mucho dinero invertido en diferentes niveles mercadotécnicos.

Todo eso es lo que envuelve al Canelo, para bien o para mal. Independientemente de sus logros indudables, en México hay mucha duda si en verdad le corresponde un lugar –que, dicho sea de paso, podría ser uno de lujo, de entre los mejores de todos los tiempos- dentro del santuario de los héroes de los encordados. Ante todo eso, Saúl Álvarez tiene en su trayectoria ciertos pecados que la gente no se lo han perdonado.

Como todo mundo sabe, en sus primeros años, el Canelo fue “prensado” por el otrora poderoso monopolio continental de los medios de comunicación, Televisa. Cuando se dice eso, no quiere decir únicamente formar parte de los derechos de transmisión, tampoco impedir dar entrevistas a otros medios, etc., sino formar parte exclusiva de toda la gama de publicidad y mercado generada por la empresa. El Canelo salía en programas del corazón, en muchos otros de concursos, por supuesto en comerciales, anunciando cosas. Daba entrevistas a los comentaristas del consorcio y presumía sus incipientes logros en un público a modo, el de Televisa.

También sus peleas fueron así: se le puso contrincantes a quienes fácilmente podía vencer. Esta es la parte más criticable del Canelo Álvarez. Una parte de la afición, la más crítica, digamos, le cuestiona que se haya dejado “manipular” por nada más, ni nada menos, que la empresa que ha significado lo peor en cuanto a cooptación y homogenización cultural, como Televisa. Dócilmente aceptó esas reglas y todas sus peleas fueron duramente cuestionadas por lo fáciles que resultaban para incrementar su fama en su veloz y fulgurante carrera. Se dijo –aún se hace- que peleaba con sparrings y no con verdaderos adversarios de buen nivel. No obstante, todo era un preámbulo para la pelea mayor y la más importante, con el gringo polémico y creído Floyd Mayweahter Jr.

Vi la pelea en un bar muy popular, con muchos chavos rurales, con sombrero, botas vaqueras y música de banda, y en medio de la paliza que le propinaron al mexicano, los comentarios de que eso era una farsa porque nuestro boxeador no daba la talla ante semejante rival, prontamente se convirtieron gritos de “fraude” y encabronamiento de parte de casi todo el público que comenzaba a silbar sin parar.

Este dato es interesante, porque si ya el pecado de ser parte de Televisa daba por descontado a la clase media “ilustrada” como fans del Canelo, el enojo de esta población de extracto más bajo, daba nota de lo que todos nos dábamos cuenta: nuestro incipiente campeón era un invento.

Desde luego, esta pelea supuso el evento de mayor audiencia en la historia del box en México. Televisa y todo el mundo, incluido el Canelo, salieron con bolsas llenas de dinero. Y pasó lo que tenía que pasar. Una vez derrotado Álvarez fue, literalmente echado de Televisa, exprimido hasta decir basta, como potencial moneda de cambio, le sacaron todo el jugo mercantil que se pudo; le quitaron a su novia mediática, la presentadora de Televisa, Marisol González, también tuvo que devolver un Humvee, último modelo, que presumía en las redes, y como un ronin inesperado, de pronto se quedó sin amo.

Una vez pasada esta primera tormenta en su carrera deportiva, en solitario primero, pero después en la otra televisora más importante, TVAzteca, Álvarez se preparó más y mejoró considerablemente su técnica. Es evidente que ha mejorado mucho. Pareciera que después de la frivolidad impuesta como “estrella” en Televisa (recordemos que en esa empresa hace cantar a actrices y actuar a cantantes, nomás porque sí), desde ese entonces se puso a entrenar, aunque siempre ha quedado el estigma de que sus peleas y rivales son, si no arregladas, sí en cierta comodidad para afianzar su carrera profesional. Esta mancha lo ha perseguido siempre. Gane a quien le gane, todo el aluvión de críticas hace alusión a eso, a que siempre le ponen rivales con quienes no se esfuerza. En un país donde la trampa y la transa ha sido cosa de todos los días, cualquier triunfo sin ayuda de nada o nadie, es digno de sospecha. Y en ese sentido, vaya que el pelirrojo la tiene.

Otra cosa más hace que el Canelo no arraigue en lo profundo de los gustos nacionales. Su clase social no proviene de la más popular, tal y como ha sucedido con prácticamente todos los grandes ídolos de nuestro boxeo. No surge de una cuna de oro, pero tampoco fue de paja. No es de clase pudiente, pero no es de origen campesino. Es un clasemediero, que tal vez no encaja en la figura de los que vienen “de abajo” y se la rifan a base de chingadazos para llegar a ser los número uno. Además -y no menos importante-, es su color de piel. Asociada ésta a cómo se estructuran las clases en el país, si eres güero entonces no vienes de abajo. Estereotipos aparte, es verdad que Saúl, el Canelo, Álvarez, ya no es tan ostentoso ni presumido como quizá lo fue antes. Declara parco y no se mete en líos extra deportivos. Aunque su boda fue con cierto exceso de derroche, no tiene escándalos que lo persigan más allá del box. Se le nota sincero, abierto y franco. Quizá demasiado perfecto, demasiado bonito, para el sentido de pertenencia que abreva de la raza de bronce y huele a tierra mojada.

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