La invisibilidad del talento

Casa de citas/ 484

La invisibilidad del talento

Héctor Cortés Mandujano

 

Józef Teodor Konrad Korzeniowski (1857-1924), polaco, decidió, luego de ser marino, convertirse en escritor, cambiarse de nombre y escribir en inglés. Se llamó para la posteridad Joseph Conrad y su primera novela publicada, en 1895, la llamó La locura de Almáyer.

Tiempo después escribió en entregas Crónica personal, donde cuenta de su familia, sus trabajos como marino y de cómo se gestó su primera novela.  La leo en traducción de Miguel Martínez-Lage y publicada, en 2017, por la Secretaría de Cultura.

Empezó a escribir su novela, cuenta (p. 38), en 1889 y la terminó en 1894. La anduvo en muchos viajes. Su Almáyer existió; Conrad narra en su Crónica… cómo lo conoció fugazmente, cuando ya estaba en manos de la locura y todo mundo hablaba de él. Dice, a propósito del hombre que se volvería su personaje (p. 115): “¿Qué hay en un hombre, oh, Sombras? […] Su nombre llegó a ser propiedad común de los vientos; su nombre a poco estuvo de flotar desnudo sobre las aguas del Ecuador”.

 

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Leo después La locura de Almáyer (Editorial Losada, 2004), con traducción de Rafel Marquina.

Lingard ataca un barco de malayos y con sus huestes mata a todos, salvo a una pequeña con la que se encariña y a la que pone a resguardo. Sabe que la niña, ya mujer, será objeto de discriminación en el mundo de los blancos y por eso convence al joven soñador inglés, Almáyer, de que se case con ella, a cambio de una fortuna que Lingard le entregará.

Almáyer se une en matrimonio con la salvaje a la que desprecia y el matrimonio es un fracaso. Lingard le construye una casa y luego se pierde, junto con la promesa de volver rico a su “yerno”. Lo único que salva a Almáyer de la tristeza es su hija Nina, a la que adora y por la que hace planes locos, como la construcción de una casa enorme, con varias habitaciones, que rentará a los ingleses en la orilla del mar, donde vive, con vecinos malayos e indios, que lo ven con burla y desconfianza. Esa construcción es bautizada como “La locura de Almáyer”.

Pero Nina (otro sueño que le sale mal al padre) se enamora de Dain, un aventurero indio que causará la ruina y la verdadera locura de Almáyer. Gran primera novela de Conrad.

Dain también está enamorado de Nina. Le dice (p. 98): “¡Cuando no me hallo cerca de ti, Nina, parece que estoy ciego! ¿Qué es la vida para mí sin luz?”.

Las páginas donde el padre se da cuenta que está a punto de perder a su vida, son tremendas. Almáyer habla con ella, pero sus argumentos no son válidos para su hija, que tiene otros. Nina le dice y le rompe el corazón, lleno de sueños (p. 232): “No siempre se entienden dos seres humanos. No pueden oír más que sus propias voces”.

Ilustración: Nadia Carolina Cortés Vázquez

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La cara honrada del perro no engaña

Schopenhauer,

en En torno a la filosofía

 

La editorial Porrúa, en su colección Sepan cuántos… 455, de 1984, juntó para mi fortuna tres libros de Arthur Schopenhauer: La sabiduría de la vida, En torno a la filosofía y El amor, las mujeres, la muerte y otros temas.

Dice este célebre filósofo alemán en Sabiduría de la vida (p. 94): “Cada día es una vida en pequeño, cada despertar y cada levantarse un nacimiento en pequeño, cada fresca mañana una juventud en pequeño, y cada acostarse con su noche de sueño, una muerte en pequeño”.

En una de sus notas, páginas adelante, dice (p. 100): “El sueño es un préstamo hecho a la muerte”.

Escribe (p. 103): “Las facultades intelectuales más eminentes del uno no existen para el otro, como no existen los colores para el ciego. Es que el mayor talento es invisible para el que no lo tiene”.

Hay muchos refranes en sus libros; éste me encantó (p. 107): “No hay perro tan desdichado que no meneé la cola”; otro (p. 117): “Lo que tu enemigo no debe saber, no se lo digas a tu amigo”.

En muchos momentos exalta las propiedades benéficas de la soledad y del apartamiento (p. 113): “Entre los hombres, los imbéciles y los ignorantes son los más buscados y más mimados en todas partes; entre las mujeres, las feas. […] Por la misma razón, toda superioridad de espíritu tiene la propiedad de aislar: se huye de ella, se la odia, y, para tener un pretexto, se atribuye al que la posee defectos de toda clase”.

Es categórico (pp. 138-139): “La diferencia fundamental entre la juventud y la vejez será siempre ésta: que la primera tiene la vida en perspectiva, y la segunda, la muerte”.

En En torno a la filosofía dice que, así como los poetas, los filósofos no se hacen sino nacen. Dice (p. 132): “El microcosmos y el macrocosmos se explican mutuamente, resultando lo mismo en esencia”.

Escribe en uno de los capítulos de este segundo libro (“Consideraciones sobre la oposición de la cosa en sí y el fenómeno”), p. 181: “No conocemos empíricamente de las cosas y del mundo, nada más que su apariencia, o sea, la superficie”.

Cita el Don Juan de Byron (p. 222): “El amor es fugitivo, pero el odio es largo”.

En El amor, las mujeres, la muerte y otros temas dice (p. 265): “El amor del hombre disminuye de una manera perceptible a partir del instante en que ha obtenido satisfacción. Parece que cualquier otra mujer tiene más atractivo que la que posee; aspira al cambio”.

No citaré nada de lo que dice de las mujeres, porque es terriblemente misógino. Schopenhauer adoraba a su padre y éste se suicidó. Con su madre tuvo constantes enfrentamientos hasta que se alejó por completo de ella y ésta lo desheredó. Tal vez de allí le vino la inquina: no hablaba de las mujeres, sino de su madre.

No era un optimista (p. 301): “Si Dios ha hecho este mundo, yo no quisiera ser Dios. La miseria del mundo me desgarraría el corazón” y “Querer es esencialmente sufrir, y como vivir es querer, toda vida es por esencia dolor”.

Él, como Nietzsche, amaba a los animales, en especial a los perros (p. 311): “Quien es cruel con los animales no puede ser una buena persona”; luego dice (p. 324): “Si no hubiera perros, no querría vivir” y, por último y de nuevo: “No conocemos empíricamente de las cosas y del mundo, nada más que su apariencia, o sea, la superficie”.

Contactos: hectorcortesm@gmail.com

 

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