Sargazo en el Caribe mexicano

Sargazo en el Caribe mexicano. Foto: Archivo
Las vacaciones cercanas llevarán a muchos mexicanos a las costas caribeñas de México, lugares transformados por el turismo masivo y los hoteles instalados en la región situada en el estado de Quintana Roo. Sobre el turismo ya he hablado en estas páginas en otras ocasiones, y no es momento de repetir lo dicho, pero lo que ha destacado entre las problemáticas visibles en los últimos años es el arribo constante de sargazo. Una realidad que ha convertido el bañarse en el mar un auténtico albur porque rara vez el mar se encuentra libre de esta alga que flota en el océano Atlántico a causa, entre otras cosas y según los especialistas, del aumento de la temperatura del mar.
Las investigaciones sobre esta situación llevan tiempo efectuándose dado que las toneladas de sargazo tienen más de una década llegando a las costas caribeñas mexicanas. Empleados de hoteles y servidores públicos retiran, a diario, el sargazo que se acumula en las playas. Una situación evitable, según los especialistas, si se lograra retirar dicho sargazo en alta mar. Aspecto posible, aunque muy costoso.
Muchas personas pueden preguntarse cuál es el problema de dicho sargazo y por qué se retira de manera constante. Ello nada tiene que ver a una cuestión estética, sino que se debe a los efectos de su descomposición en la playa mediante la insolación solar. Si tal situación ocurre el sargazo produce sulfuro de hidrógeno, un gas tóxico para los seres humanos al ser inhalado. No solo los problemas incumben a la salud humana, también el sargazo afecta a los ecosistemas costeros donde se incluye la fauna, los corales y los manglares.
Por lo anterior, lo que sucede en el Caribe mexicano resulta un real problema para el monocultivo turístico de la región y para las distintas administraciones públicas. Por otra parte, y como contrapartida a lo que sucede, los especialistas han señalado alternativas a ese aumento, que parece imparable, del sargazo en las playas. Seguramente, la principal es transformar esta alga flotante en combustible, aunque los posibles usos se extienden a otros aspectos como ser posible alimento para animales.
No cabe duda que conocer más sobre el comportamiento de este problema vivido en la costa mexicana más preciada por el turismo internacional es fundamental para visualizar las acciones más certeras. Sin embargo, tal vez sería bueno que las administraciones públicas involucradas pudieran acelerar los procesos de aprovechamiento de un elemento marino que, dañino en unos aspectos, podría ser aprovechable en otros. Tal vez ello significaría una posibilidad para diversificar económicamente una región donde el monocultivo turístico ha determinado socialmente un territorio caracterizado por su biodiversidad. Al mismo tiempo, aplicar esas alternativas evitaría posibles desastres ecológicos en una zona privilegiada de la geografía mexicana.







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