Juan Pablo Zebadúa Carbonell: Guardar la calma

Mi madre se enfadaba cada vez que recordaba las tremendas goliza que México le daba a los países caribeños en tiempos de clasificación mundialista. Una vez Zague le metió 7 goles a Martinica. Él solo. ¿Por que no debería alegrarse de que, de vez en cuando, nos sintiéramos una potencia en cualquier deporte? ¿Y más tratándose del futbol, donde en realidad no somos ni hemossido tal cosa? Luego comprendí que esto último es el meollo del asunto: mi madre, siempre sensible a las causas justas y con mucho apego a las posibilidades de los débiles, siempre reclamaba la gran cantidad de dinero que los jugadores y la Federación Mexicana de Futbol (Femexfut) generaba, y al final solo se quedaba ahí, en el futbol, y no en otro deporte. Era, pues, su forma de decir lo “manchado” que era el futbol mexicano en relación a otros países que ni ligas profesionales tenían. Entonces, colérica, culminaba así su opinión: ojalá así jugaran contra las potencias.

Asunto resuelto. O casi. Mi madre no sabe de futbol, pero conoce la institucionalidad nacional porque la ha padecido. Sabe que la Femexfut es parte de los entornos de Televisa y de los grandes intereses empresariales del país. Cuando las cosas se ponen rudas para ella en este pasional deporte, expresa lo que cientos de miles en el país piensa de la selección: o le da igual o en verdad quisiera que perdiera. Para que se le quite lo presumidos, aduce mi madre, con ese gesto tan suyo mezcla de impotencia ante una inequidad (institucional) y de cierta revancha ante una entidad muy poderosa en el país (la selección).

Por eso se extrañó cuando México le ganó a Alemania. Le explico que no solo ganó sino que hizo ver mal, muy mal, a la potencia futbolística, tetra campeón del mundo, y por eso es noticia planetaria en el Mundial de Rusia 2018. Se quedó pensando y finalmente concluyó que esperaba México no se amilanara y continuara así. Ahí viene el verdadero problema.

Por todo lo anterior, es que debemos de guardar la calma. No dejo de decir también que es el triunfo más resonante de la participación de los mundiales, sobre todo a quién se le ganó y cómo se ganó. Sobre todo esto último. Si hacemos memoria, cada vez que debuta la selección genera una buena expectativa, sobre todo si gana. Comenzamos a soñar, es normal y correcto, pero conforme pasa el tiempo la desilusión es un fantasma diabólico que se cierne sobre nuestras cabezas. Eso ha pasado durante 40 años. Transitamos siempre del “ahora sí”, “ya merito”, “ojalá y Dios quiera”, al “por fin seremos campeones del mundo”. En medio de este discurso terriblemente dialéctico, la guillotina de la crítica, entre el endiosamiento a ultranza y el linchamiento mediático como descargo de culpas.

Juan Pablo Zebadúa.

En ambos extremos, son frases que no tienen mucho que ver con el futbol y sí con el deseo irrefrenable de vencer ese karma indoblegable. Lo cierto es que no es nada nuevo que México gane sus primeros juegos mundialistas y las pasiones se desenfrenen alrededor suyo. Guardemos la calma. Es posible que México se desenfrene porque no tiene nada que perder, y todo, absolutamente todo por ganar. De ahí que casi se desmorona el país cuando se derrota a Alemania.

Escribía hace algunos meses con respecto a la era de Osorio como entrenador: “Juan Carlos Osorio, entrenador de la selección nacional de futbol, me cae bien. No es agudo estratega como Lavolpe, pero hace cosas raras en el campo de juego; no es un genio, como el Loco Bielsa, pero estudia los juegos y lee de futbol; tiene carácter, pero no es un patán como el Piojo Herrera; no es tan simple, parco y austero como el Ojitos Meza, pero se mueve de bajo perfil. En fin, es un medio-medio. Mucho gris y no tan blanco y negro. Es el entrenador ideal de la selección”.

Lo sigo creyendo. En el encuentro contra Alemania, el entrenador colombiano tenía toda la loza de la crítica encima; una preparación desastrosa antes del Mundial y con la implacable y filosa daga de sus críticos, que eran –casi- toda la prensa deportiva del país. Todo por perder, todo por ganar. Las mejores cartas echadas en un juego de una sola mano. Para Osorio, se ganaba todo o se perdía todo. Y echó a andar el mejor partido de su vida. Inolvidable.

Sigo en la auto cita: “No es que realmente seamos malos, sino que nuestro nivel es mediocre, dicho esto sin la carga peyorativa con que utilizamos la palabra. Pero es la verdad. Ni tan-tan, ni muy-muy. Nuestro nivel es medio sin que seamos de los últimos lugares del mundo…pero tampoco estamos al nivel de Alemania o Argentina. Eso es todo”.

Guardemos la calma. Una vez superado el escollo más complicado del grupo, viene el próximo desafío. México ante Corea es amplio favorito, de acuerdo a la actuación de ambas escuadras en sus primeros encuentros. Si en algo quiere trascender Osorio es permitir que la selección gane, y aún con Suecia, pero que lo haga exactamenteo mejorque contra los alemanes. Eso sería cambiar de actitud, de mentalidad, de visión, de valores, de esquema o “estilo” de juego nacional. De vencer el síndrome de “ratones” que nos hemos adjudicado desde hace muchas decenas de años y por el cual el futbol nacional ha trabajado mucho, casi siempre sin éxito. En el fondo, el Mundial entero está el juego contra Corea, de ganarse bien y con solvencia, habremos pasado la prueba de la primera fase con honores; porque no sería un triunfo, uno mas en nuestra historia, que se deba a lo fortuito del “ojalá” y “tuvimos suerte”. Pero si se empata o se pierde, o se gana “apenitas”, más de lo mismo, chispazos de suerte, efímera fortuna de mediocridad.

Con calma y nos amanecemos.

 

 

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