Cuatro caravanas, más de 10 mil migrantes en ruta hacia Estados Unidos

En ruta hacia Estados Unidos. Foto: Cortesía

Tres jóvenes han muerto en su éxodo al norte 
Han abierto las puertas, aún las que estaban cerradas. Por el río, en balsa, a nado; derribando rejas y bordeando obstáculos institucionales. Nada los detiene, ni el sol, el cansancio, las enfermedades y la presión de los gobiernos que intentan ganarles la voluntad de cualquier forma, aún con la promesa de un refugio que quizá no obtengan.
El pasado viernes 2 de noviembre cruzó la frontera la cuarta caravana, unas 2 mil personas de El Salvador. Cada cruce es una nueva sorpresa. La desesperación, el miedo al regreso, los ha hecho buscar nuevas formas.
A las 9 de la mañana intentaron abrir las rejas amarillas que impiden entrar al puente fronterizo internacional. El gobierno de Guatemala y su Policía Nacional hicieron el primer filtro. Los migrantes no pudieron derribar ese obstáculo que es a todas luces luces ilegal, ya que los gobiernos de Nicaragua, El Salvador, Honduras y Guatemala firmaron el 2006 un Convenio Centroamericano de libre movilidad, el CA-4. El acuerdo establece la libre movilidad entre los ciudadanos de esas naciones sin restricciones adicionales más que sus documentos de identidad nacional. En los hechos el CA-4 se rompió y la frontera de Estados Unidos empieza más de 2 mil kilómetros antes.
Al no poder derribar la reja, algunos de los integrantes de la cuarta caravana se lanzaron al río, entrelazando los brazos para vencer la corriente que cada tanto amenaza con arrastrarlos. Se dieron por vencidos cuando vieron que del lado mexicano cientos de policías los esperaban. Regresaron a la plaza central del poblado guatemalteco de Tecún Umán, ese que les ha servido de refugio.
Las otras caravanas
La primer caravana cruzó a nado y en balsa el río Suchiate, la frontera mexicana, hace dos semanas. La fuerza humana de más de 7 mil personas impidió que cualquier operativo de contención pudiera detenerlos. Tres días después la segunda caravana siguió sus pasos.
Esa vez se enfrentaron previamente a la policía mexicana que mantuvo cerrada la reja del puente fronterizo. Algunos migrantes arrojaron piedras y los uniformados de México respondieron con gases lacrimógenos y balas de goma, según documentaron el cuerpo de bomberos de Guatemala, a quienes les tocó atender los heridos. Henry Adalid Díaz, de 26 años, hondureño de nacimiento, murió luego que un proyectil le dio arriba del ojo derecho.
Este fue el segundo deceso que ha dejado el éxodo centroamericano. El primero que murió fue Melvin de Jesús Gomez Escobar, 22 años, joven hondureño. Él iba en la primer caravana cuando a la altura del municipio chiapaneco de Huixtla, cayó del tráiler en el que se había subido para aminorar el cansancio y los rayos del sol.
La segunda caravana cruzó por el río. Dos mil personas en medio del río y un fuerte operativo de contención. Lanchas con uniformados de la Secretaría de Marina que les cortaban el paso, helicópteros de la PF que sobrevolaban sobre ellos, del otro lado cientos de policías.  Dos horas en los que la corriente del río amenazaba con llevarse a algunos.
Cuando la fuerza de la corriente estaba por vencerlos, pactaron: al llegar al lado mexicano se inscribirían en la larga lista de solicitantes de refugio. Aceptaban llegar a un albergue y no moverse de ahí hasta que, pasadas semanas o meses, la respuesta a su solicitud llegara.
Fueron escoltados a una bodega y cuando la policía que los custodiaba se dispersó, los migrantes se salieron y emprendieron la ruta por la carretera que días antes recorrió la primer caravana. La solicitud de refugio, lo saben, es solo una estrategia de contención y no estaban dispuestos a detenerse.
Un día después llegó a Tecún Umán la tercer caravana. Era unos 300 migrantes originarios de El Salvador. A ese lugar llegó el cónsul de su país, Enrique Azúcar Hernández, y los convenció de que la mejor manera de entrar a México era con la solicitud de refugio. En grupos de 40 fueron pasando y ahí se dispersó la caravana. Ellos fueron trasladados a las instalaciones que se conocen como Feria Mesoamericana. Las autoridades mexicanas lo nombran albergue; para las organizaciones no gubernamentales es una extensión de una estación migratoria.
El 2 de noviembre la cuarta caravana, luego de intentar infructuosamente entrar por el puente fronterizo Rodolfo Robles, y  de descartar hacerlo cruzando el río, encontró una tercer opción. Caminar unos cinco kilómetros por la rivera del Suchiate hasta llegar al segundo puente fronterizo, el de Talismán.
Ahí, una treintena de policías desprevenidos no pudo contra el empuje de 2 mil migrantes desesperados. A tropel, rompieron la reja y entraron. Hoy ya se encuentran recorriendo las carreteras de Chiapas. Su objetivo sigue siendo el norte, la frontera con Estados Unidos.
José Fredy Villegas Jandres, de 33 años, viajaba en esa caravana. A él lo detuvo la deshidratación, el golpe de calor luego de empujar la reja amarrilla del puente fronterizo. Lo detuvo la presión arterial alta, el nivel de azúcar en la sangre, que también se le subió. Desfalleció y murió cuando integrantes del cuerpo de bomberos de Guatemala lo atendía,  mientras sus compañeros corrían en tropel cruzando fronteras.
Hoy, más de 10 mil migrantes recorren México rumbo a Estados Unidos. Otros, 2,934 según cifras de la Secretaría de Gobernación, han solicitado refugio en México. Más de un millar que formaron parte de las caravanas, ha sido deportado.

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