Peleábamos por la tierra: Adela Gómez

Adela Gómez, maestra de profesión, fue detenida en agosto pasado en el estado de Chiapas, luego de participar en una marcha en apoyo a campesinos que demandan oportunidades de desarrollo.

Adela Gómez, maestra de profesión, fue detenida en agosto pasado en el estado de Chiapas, luego de participar en una marcha en apoyo a campesinos que demandan oportunidades de desarrollo.

Por Adela Gómez Martínez (*)

Nací en Tuxtla Gutiérrez, en uno de los barrios que se llama La Pimienta. Ahí crecí y empecé a moverme de mi barrio cuando me gradué de profesora de educación primaria, de educación especial de 18 años.

Mi mamá  se dedicaba a vender, vendía tamales, vendía chicharrón, mataba  puerco, pollo, miscelánea, pan, todo.

Mi padre fue luchador social, estuvo metido en el Movimiento Indígena de los Chiapas y derivado de eso en el 68 se va con una comisión a ver a los estudiantes que habían masacrado, a él lo apresan y lo meten a Lecumberri. Yo tenía 4 años, entonces mi madre lo daba por muerto, y yo era muy pequeña en esa épocas cuando vuelve mi papá, yo tenía como 6 años, ahí supimos que no había muerto, que estaba preso, ya para entonces mi mamá había hecho muchos trabajos para poder mantenernos.  Entonces agarramos un ritmo de ventas con mamá, a mi me tocaba salir a vender el chicharrón o la carne así por kilo a la calle con mi hermana, en una palangana íbamos vendiendo y anunciando, anunciábamos lo que vendíamos, decían que muchos nos compraban porque yo era muy curiosa para anunciar y decía algo así como: señito va a querer su cochito, cochito, y entonces las señoras salían y me preguntaban y ya luego me compraban y yo aprovechaba para decir en la noche decía vamos a tener cena, empanadas y taquitos.  Mi mamá tenía eso, sus cargas de trabajo, sus enojos pero lo que soy, la base, fue de mi madre indudablemente, a lo mejor  lo adornado de lo que soy, es de mi papá, pero la base, el cimiento, es de mi mamá.

Tenía el carisma para ofertar

A mi me querían mucho mis hermanos, me cuidaban. A las señoras les llamaba la atención porque yo era muy pequeña y  ya andaba vendiendo y si no me compraban yo lo que decía, mire está bien rico, pruébelo, tenía el carisma para ofertar y si no lo compraban ya metía más rollo, les caía bien a todas las señoras, y les decía va a querer su pozol, cuánto le traigo. Cuando yo iba para hacerles el mandado, me regalaban algo, una cocada o algo rico, y hasta la fecha hay señoras grandes y me ven y dicen es la Adelita, aquella niña del barrio. Yo recuerdo mucho esa parte de mi infancia, también recuerdo que ya más grandecita mi mamá tenia una miscelánea, íbamos todos como hormiguitas, íbamos por el pan, el gran canasto, batiendo el lodo para traer el pan, e igual, era ir ofreciendo, ya llevábamos el pan caliente, y a todas las señoras las conocía de nombre y otra cosa que les gustaba es que yo iba a rezar con ellas, tenía como un club de mujeres grandes con las que yo me mezclaba, doña Lolita, doña Mechita, doña Esperancita y ya hasta me pasaban a traer, ¿va a venir Adelita al rezo?, y llevaba mi mantilla, era como la niña que es de todos.

Si me pegaban no lloraba

Mi mamá tenía muchos altibajos de carácter por lo mismo que pasaba, mi papá regresaba y se volvía a ir y nunca estuvo con nosotros, mi mamá siempre tuvo que suplir a ambos en la cuestión económica, en la cuestión sentimental, entonces de pronto estaba enojada a pesar de que yo trataba agradar, yo me levantaba muy temprano, dejaba todo listo para irme a la escuela tratando de ayudar a mi madre, pero ella a veces estaba muy enojada y cuando yo no rayaba bien el repollo, me pegaba, y una cosa que resaltaba es que yo no lloraba, tenía en la mente de que yo no iba a llorar y si me pegaban no lloraba y trababa de aparentar que no me dolió pero claro que me dolía y me lastimaba.

A mi me gustaba un niño del barrio, entonces me mandaron un día por el queso y me vi ahí con el chamaco, pasó una tía y me vio y yo llegué como 5 minutos tarde, ya me estaban esperando mi papá y mi mamá y me pegaron entre los dos. Eso yo lo recuerdo porque decía que era injusto, que no había hecho nada malo, y me empecé a rebelar, yo trabajo, yo hago muchas cosas y me pegan entonces yo ya no voy a seguir siendo la misma y decía que era injusto que no quieran a este niño porque es pobre.  En ese entonces empiezo a descubrir algunas cosas como la lectura. 

Empecé a entender que había una gran injusticia

Mi papá llevaba a la casa muchos libros a esconder, libros que no tenían nada malo y yo empecé a tomar el gusto por la lectura como de 11 años, el primer libro que yo leo es Macario y era muy similar a nuestra vida, en dos o tres días, luego leí la rebelión de los colgados y empecé a entender que había una gran injusticia en nuestro  pueblo y empecé a hacer preguntas a mi papá porque ahí narraban como mataban a los indígenas.  En esas épocas yo leía en la calle, sacaba una sillita y leía en voz alta y quería que oyeran los vecinos de al lado y leía bien fuerte mis libros y decían de donde agarraste esos libros y algunos se interesaban en lo que yo leía.

También en esas épocas yo empecé como a explorar mi cuerpo, a mi nadie me explicó que era la menstruación, la regla, o porque yo me sentía triste, porque a veces yo me sentía muy triste, a veces muy contenta. También me empiezo a rebelar,  empieza otra etapa con mi vida.

 Todos nos decían, no van a pasar el examen

La entrada a la secundaria también fue algo que me marcó. Yo estuve sola ahí haciendo fila tres noches para sacar mi ficha con una amiga del barrio, al tercer día llegan los papás de los demás y la fila que habíamos protegido por 3 noches nos la arrebatan y nos mandan hasta la cola entonces yo empiezo a ver que mi amiga empieza a llorar, y empiezo a romper fila entre los señores, a codazos, ahí si me sirvió cuando con mis hermanos nos poníamos a luchar en la arena. Yo iba a la puerta, y mi amiga venía atrás de mi agarrada y dije yo hice fila tres noches y no me van a quitar mi ficha y nos dice el de adentro, no es que ya se acabaron, ya vete, no yo aquí no me muevo del portón. Entonces un maestro nos miraba y Magnolia lloraba y el maestro nos dice, haber hijas, donde están sus papás, no tenemos papás, solitas hicimos cola, tres noches y aquí hemos estado y ¿por qué no nos van a dejar estudiar? entonces el maestro sacó una tarjetita y anotó una dirección y dice búscame en esta dirección y me la dio y ahí decía su nombre, y dirección, y nos quedamos ahí esperando hasta que llegó a su casa, si hijas, ustedes merecen tener una ficha, entonces nos dio dos fichas y luego presentamos el examen porque todos nos decían no van a pasar el examen y mi amiga y yo llegamos a la escuela.

Nace mi gusto por ser maestra

Cuando llegó el primer día de clases me encontré con un maestro terrible, malísimo y nos dice, haber muchachos van a ir alzando la mano y decía, la Rodulfo Figueroa, cuantos hay, la no se qué, entonces la mía nunca pasó, yo soy de la Club de Leones le dije al maestro, de la Club de Leones dice y ¿cómo estas acá?, presenté el examen y lo pasé, acá no vas  aguantar ni dos meses porque ustedes son de la barriada, y además son bien torpes porque no les enseñan bien, ni siquiera les enseñan ni a multiplicar y yo creo que de ahí  nace mi gusto de querer ser maestra. Nos pone unas multiplicaciones a cada quien y yo rápido, tratando de enseñar que yo podía, lo hago bien, pero el maestro me dice, ya vez que te dije que no servías, si porque le pones palito al 7 me dice.

Al final gana la planilla, y en el tercer año le tomamos la escuela al director. Iniciamos un proceso con los jefes de grupo, empezamos a hacer reuniones, para hacer mejoras a la escuela, desde la cooperativa, y  hasta los horarios, toda esa parte estudiantil. El paro duró como 2 meses. Creo que ha sido uno de los movimientos únicos donde los alumnos de secundaria le tomaron el local al director.

 Me dijeron que me tenía que casar

En aquel tiempo mi mamá tuvo problemas muy fuertes, se endeudó tanto que la casa donde nacimos se la quitó un agiotista, ya le debía mucho, yo ya tenía como 16 años y estaba en la normal y entra en una racha muy difícil, anduvo de arrimo con mi hermano mayor.

Me casé en el primero de Normal. En tercer de secundaria yo conozco al papá de mis hijas, era un hombre muy guapo, y mayor que yo 10 años, entonces yo tenía 13 y el tenía 23. Y yo me enamoré de el, o sea lo vi y me gustó, pero nunca pensé que me iba a casar con el de pronto. Para mis hermanos era pecaminoso y deshonroso que yo tuviera novio y me besara, y me dijeron que me tenía que casar y yo tuve miedo de que mi mamá se muriera de la diabetes. Mis hermanos empezaron a preparar todo para que yo me casara y yo iba en la Normal, entonces yo no estaba ni embarazada, ni nada, y cuando me vine a dar cuenta ya estaban los preparativos de la boda, y me caso, yo tenía listo el vestido blanco, porque yo era virgen.

Una de las cosas más fuertes  de mi vida cuando yo me voy a Tapachula, en el movimiento de la región bananera en Suchiate, mataron a un compañero, y me comisionan para ir a reconocer su cuerpo porque su esposa estaba embarazada, y por ser la líder y la más fuerte me ponen a buscar el cuerpo porque lo desaparecieron y por fin de tanto nos dice que esta en la morgue en las Américas en Tapachula. Entonces veo las lozas llenas de sangre y con muertos y la compañera se dirige a un cuerpo y ahí estaba el.  De las cosas que más recuerdo el olor de la sangre, tan penetrante, su cuerpo  atravesado con R-15 y ella se abalanza y se desploma, entonces yo la recojo y cuando volteo a ver la señora ya venía sobre su hijo y empieza a dar unos gritos, pero que gritos, ella nada más lo veía y quería revivir a su hijo. 

El poder es atreverse

Siento que disfruto el poder cuando veo que las cosas que hago tienen un impacto en la comunidad, o con las mujeres, o con los compañeros, que se traducen en bienestar, en proyectos, en  millones o en viviendas. Pero luego viene una recriminación permanente y algunos toman como soberbia pero creo que es humano que  me gusta que me reconozcan, no lo diga pero eso es algo que en el fondo  me agrada.

Un problema con los compañeros de la organización en el ejercicio del poder, creo que un asunto de género, me ven como una mujer que de pronto soy la que dirige las reuniones con las  Secretarías y es muy común en mi dar propuestas que no las tengo diseñadas y me sale en las reuniones y en las negociaciones y hay logros y entonces eso ha ido haciendo un liderazgo. De las mujeres tengo mucho amor y mucho reconocimiento y de los líderes hombres es donde está el golpeteo. De mi actual pareja siento que tiene una gran capacidad de análisis, de debate, de todo, y lo sigo mirando con una gran admiración. Algunos problemas con mi pareja es que aunque hemos logrado tener y compartir ese poder, a veces discutimos y me ha dicho  que tú ya no hablas quedito, sólo hablas fuerte, es que tú ya no sabes obedecer solo mandas.

 Es muy difícil aceptar los liderazgos de las mujeres

Las mujeres tenemos años luchando y después de un conjunto de acciones nos hemos dado cuenta que  sirve estar organizados y se van dando los liderazgos porque las mujeres salen a hacer acciones y luego viene el otro proceso, yo también puedo dirigir,  entonces empiezan los liderazgos de las mujeres pero en Chiapas es muy difícil aceptarlos por la educación que se ha dado de tiempo atrás, se generan esas costumbres, el mandato es de los varones.

Si las mujeres líderes descubren que estando juntas es como logran atender sus demandas, es como surge la chispa de organizarnos y vamos a encontrar que la unidad en la acción es lo que va a determinar la respuesta a las demandas, que la mayoría de veces son  familiares.  La mujer no lucha por tener algo para ella, está hablando de la familia primero y después es  por conciencia, y tenemos que hacer que el hombre entienda y tenerlos del lado de las mujeres  estratégicamente y consolidar que la participación de la mujer para ir arribando hacia un proceso del poder de las mujeres, porque  no podemos llegar desde ahorita mismo y decir te vamos a derrocar a ti machismo, tiene que ser un proceso donde nos aceptemos como entes sociales y con derechos hombres y mujeres.

No  podemos decir no me dejo que me mandes pero yo si te quiero mandar, sino encontrar ese equilibrio que rompa con esas cosas y sería muy soñador pensar que lo vamos a lograr de inmediato, estamos  hablando de una nueva sociedad, con una nueva cultura, con una nueva forma de ser, desde la gestión organizativa pero también desde tu familia.

 El movimiento de las mujeres está aletargado

Yo creo que el movimiento de mujeres está aletargado, está somnoliento,  no quisiera decir que está en retroceso porque es más duro, se ha sabido jugar una política del estado, y ha instrumentado una política que hace que estemos las mujeres pero que no estemos en movimiento, hoy se enseña a la mujer en Chiapas como un rostro bonito, una Miss, conjuntamente con el Cañón del Sumidero, o  la madre abnegada, eso somos, para el estado hoy y el movimiento de mujeres no hemos dicho nada.

Muchas mujeres si aprendimos ahí y yo creo que haber ido a las comunidades cuando se incidió en las políticas públicas, no desde el escritorio, eso fue importante, quedaron sembradas ideas, teorías  que las mujeres no conocían,  esas semillas que están dispersas en las regiones de Chiapas son las que pueden rescatar el conjunto de anhelos de proyecto que desde ahí se vislumbraban.

En términos de agenda yo creo que esta claro que una es la cuestión del desarrollo social, no esta siendo atendido, hay paliativos pero las mujeres que tienen un proceso y las que no lo tienen se dan cuenta que sigue siendo su demanda, y en la cuestión agraria, seguimos en el pasado, aparentemente se agotó el reparto agrario pero hay un alto índice de mujeres que no tienen tierra donde sembrar y la otra parte es la cuestión de la justicia, la  violencia, las muertes de mujeres, incluso el encarcelamiento de mujeres.

En las comunidades sigue existiendo la pobreza,  hay mujeres que se mueren por parto, por falta de atención médica, yo sigo teniendo fe en que las mujeres de las organizaciones sociales pueden ser importantes en este proceso de alianza y otro sector que hay que atender son las compañeras que quedaron dispersas del proceso que se inició, los talleres, los diplomados, eso abrió expectativas y la cabeza de las mujeres.

En las organizaciones arriba siguen estando los hombres.

Para incidir en las agendas y en las políticas públicas hemos tratado de que previo a las elecciones pusiéramos compañeras como candidatas, empujar a las compañeras a los puestos de elección popular y desde ahí recoger las demandas de las mujeres y que se metieran a los ayuntamientos; proponer a las mujeres líderes y confiables pero  nos encontramos con varias dificultades porque los partidos tienen sus propios liderazgos y no fácilmente aceptan líderes de organizaciones sociales, y las mujeres de los partidos muchas veces no tienen un compromiso real con las mujeres de las organizaciones, cuando suben se olvidan, teniendo su salario es para vestirse, para comprar alhajas.

Hay algunas mujeres líderes al frente de las organizaciones sociales pero de manera general los que están arriba siguen siendo hombres y las mujeres van de relleno.

 Siento que hago menos aunque haga más

Todas estas experiencias influyeron en lo que ahora soy y no hubo solo algo que me llevara de la mano, muchas cosas las fui desarrollando, yo creo que fue bueno pero también tienen una carga negativa, me gustaría saber descansar por ejemplo, saber quedarme quieta, no sentir.

A veces yo tengo necesidades como las tuve en aquellos momentos en que yo era niña y tenía que hacer muchas cosas y no podía descansar. Ahora quisiera descansar, relajarme, dormir. Otra cosa que creo que fue producto de toda mi historia es que quiero defender todo, y si no lo hago dentro de mí está el remordimiento, creo que esa es una de las cosas que quisiera cambiar.

Tal vez no he encontrado todas las respuestas, de las cosas es que aún estoy es buscando como esto de saber relajarme, disfrutar más de lo que hago, pues ahora ha sido como angustiante, y siento que hago menos aunque haga más.

 En esas tierras voy a encontrar algo de mí

He luchado por  librarme de mis miedos o de las cosas que creo que están mal y voy acelerando y de pronto haces de lo que venías huyendo y siempre pienso cómo no huir sino solucionar. Pero algo importante es que a mi el diablo no me ha tentado con los recursos de la organización, pero no se mañana, pero creo que no porque tengo claro lo que quiero.

Ahora  yo lo que quisiera, uno de los anhelos es que mis hijos se cristalicen, que estén bien, que no se pierdan en este marasmo de cosas que suceden en esta sociedad.

Mis sueños personales no son tener bienes, ni lujos, ni riqueza, yo quisiera viajar, pero ir pues a pasear. Me gustaría conocer la India, tener espacios de encuentro con otras gentes porque yo pienso que en algún momento de mi vida tal vez vivía por ahí porque siento que en esos lugares,  en esas tierras voy a encontrar algo de mí.  Siempre he pensado que algún día voy a llegar ahí, no es viajar por viajar, sino encontrar algo que creo que se quedó ahí, no se si algún día lo voy a lograr pero es algo que quiero.

(*) Adela Gómez Martínez fue detenida en agosto pasado, luego de haber participado en una marcha de campesinos. Actualmente permanece recluida en el penal El Amate, acusada de motín, entre otros delitos. Esta biografía sobre su vida fue redactada por Marcela Laguna, para el libro “10 Historias de Mujeres Líderes de Chiapas. A la fecha 174 organizaciones locales, estatales y nacionales; así como activistas activistas, pastoras, religiosas y académicas, exigen al gobierno de Manuel Velasco su liberación.

3 Comentarios en “Peleábamos por la tierra: Adela Gómez”

  1. Yolanda Hernandez
    3 junio, 2014 at 12:30 #

    Es admirable como una mujer se levanta de la nada, sin pedir nada; a luchar solamente para poder ser y hacer, frente a las injusticias vividas desde pequeña, pero que la literatura que llegó a sus manos le dio los elementos para gritar rebeldía contra toda desigualdad, inequidad e injusticia. Siempre han existido Adelas que nos han legado una vida diferente, derechos como mujer, como trabajadora y como sujeto social. Habrá que luchar por su libertad, desde donde podamos hacerlo

    Todos los rincones del país y México entero necesita mujeres como Adela Gómez

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