El deseo viaja en autobús

Los Amantes. Gabriel Nieto, pinto colombiano

Los Amantes. Gabriel Nieto, pinto colombiano

 

A veces por ser mujeres creemos que no tenemos derecho a experimentar más allá con nuestro cuerpo, y como no creer eso si cuando niñas nuestras madres o nuestras abuelas, siempre estuvieron ahí para decir que todo era malo. Si de pronto nos veían tocarnos la vagina, inmediatamente venía el regaño, ¡no sea cochina, no se toque!, o en la adolescencia cuando nuestras manos sin querer al rozar nuestros senos nos hacían sentir una corriente eléctrica, ahí estaban ellas para preguntar ¿Que estás haciendo?, y todos esos traumas de alguna manera inhiben el comportamiento sensual y erótico, es decir aunque uno quisiera sentirse sexi, los recuerdos de esos regaños le bajan la libido a cualquiera.

Pero ahora yo quiero invitarte a que juntas desarrollemos a la máxima potencia como dijeran los matemáticos, la posibilidad de vivir, explorar e imaginar, esas historias o fantasías que siempre han estado ahí en tu mente esperando a ser vividas, a lo mejor muchas de ellas no logren concretarse físicamente pero y si llega el momento de hacerlo, ¿lo pensarías?, en fin cada cabeza es un mundo y cada quien tiene el orgasmo que necesita.

Hoy quiero compartir contigo la primera de muchas historias, te aclaro, no son autobiográficas, que más hubiera querido yo, vivir cada una de ellas, pero también se vive a través de la lectura, y espero que juntas y juntos, podamos explorar esa sensación que nos da la imaginación, cuando ponemos a trabajar el cerebro.

 

El deseo viaja en autobús

A Rosario no le gustaba mucho viajar de noche, pensaba que por ser muy dormilona, algún día terminaría en otro destino diferente al que iba, pero en esta ocasión había terminado pronto con sus trámite en la capital del estado de Oaxaca, había llegado a las 14:00 horas, y para las cinco de la tarde, ya había sido atendida, sin embargo la corrida para su destino salía hasta las 23:45 horas.

A sus 32 años, en la edad perfecta, sostenía una relación con su novio, una relación muy abierta porque vivían juntos, ya tenían tres años, y aunque al principio todo era amor y pasión, esta última empezaba a extinguirse.

Ella le adjudicaba el enfriamiento de sus relaciones sexuales a la monotonía, habían caído en la rutina, ya no había más que experimentar, a veces el cansancio en ambos era la excusa perfecta, para desearse las buenas noches y compartir la cama, vaya manera de perder el tiempo se decía para sus adentros.

Y es que Rosario poseía una belleza salvaje, con sus rasgos indígenas, morena, de caderas grandes y senos voluptuosos, levantaba suspiros masculinos a su paso.

Esa tarde llegó a la terminal de autobús, y se sentó en la sala de espera, se puso a leer un rato y a ver su celular, y después simplemente se acurrucó en el asiento, la noche empezaba a refrescar y el ligero suéter que llevaba no lograba calentar su cuerpo.

Frente a ella, un hombre la miraba, veía cada movimiento que hacía, aunque a ratos se distraía, no le quito la vista de encima, poco antes de su partida ella se dio cuenta y no le importó, casi podría decirse que disfrutaba de las miradas de ese desconocido.

Por azares del destino, les tocó viajar en el mismo autobús, era mediado de semana y poca gente viajaba a bordo, a ella le tocó el asiento 33 y el misterioso hombre ocupó el número 36, ellos eran los últimos, en realidad viajaban unas 8 personas aparte de ellos.

Una vez que el autobús arrancó el hombre misterioso se acercó a ella y le dijo que si no le incomodaba que le sacara platica, ella no lo pensó, le dijo que no había ningún problema, entonces empezaron a platicar de ella, le contó en un dos por tres los problemas que enfrentaba con su pareja, ese hombre del que solo supo se llama Alex, le pidió a ella que le permitiera ayudarla.

¿Ayudarme?, ¿cómo?, preguntó ella, y entonces Alex le dijo que la ayudaría a sentirse plena y a disfrutar de su propia sensualidad.

Hagamos un ejercicio, le propuso él, haz de cuenta que estas dormida y déjame actuar cuando ya no te sientas cómoda simplemente abre los ojos y yo voy a parar.

Entonces, la oscuridad de la noche que caía sobre el autobús fue testigo de lo que ahí aconteció, Alex recostó los asientos, y después de una manera tan suave, empezó a tocarla, pero no eran caricias obscenas, eran más bien roces de sus dedos, que empezaron desde los pies de Rosario, poco a poco sus manos fueron subiendo, como la temperatura en el cuerpo de ella.

Las manos firmes de él sobre las piernas de Rosario, la hicieron dejarse llevar, ¿Qué tenía ese hombre que le prodigaba esas caricias suaves y despertaban en ella el instinto animal de su sexualidad?, lo sabría más tarde.

Alex  paro una de sus manos a la altura de su vientre, mientras que con la otra empezó a rozar los pezones sobre la ropa.

Rosario no abría los ojos, en realidad hubiera querido en ese momento ya no volver abrirlos nunca más presa del deseo, entonces él, le recorrió el cuello, aspiro su perfume y con su aliento bajo hasta sus senos, en donde con un movimiento sutil de su lengua hizo que ella gimiera.

Estaba lista, su mano de ella buscó afanosamente la de él para llevarla hasta el lugar más íntimo, él levantó su falda e introdujo sus manos en ese preciado tesoro que le era mostrado, Rosario mantenía los ojos cerrados, a diferencia de los demás pasajeros, ellos dormían, y en cambio ella estaba más despierta que nunca.

Los dedos de Alex se movieron suaves y después frenéticos en ese canal del deseo que no tardó en explotar, y entonces ella abrió los ojos pero no para decir que él parara, si no para agradecerle que volviera a sentirse plena.

Ya no hubo palabras, ella se acomodó encima de él, sin ruidos, solo con la respiración entrecortada, Rosario volvió a llegar al clímax por tercera vez, y entonces supo que podría recuperar la relación con su novio.

Al llegar a su destino, ella le dirigió una mirada de agradecimiento y una sonrisa de satisfacción y complicidad, el seguiría su viaje más adelante, tal vez para ayudar a alguien más.

 

Esto ha sido la columna del amor al erotismo, y espero que puedas estar en contacto conmigo para que compartas tus historias.

hablemosdesexo2014@hotmail.com

@hablemosdesex14

Un comentario en “El deseo viaja en autobús”

  1. baltazar zanabria sol
    31 marzo, 2014 at 13:02 #

    Emmanuel (1974), Silvya Krystel hace lo mismo en un vuelo de Paris a Bangkok

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