Javier Espinosa Mandujano o la memoria recuperada

Hay autores de un solo libro. No necesitan más para demostrar su talento, su sabiduría y el manejo magistral de la palabra y de los personajes.

Javier Espinosa Mandujano, con la novela Soledad que viene, pertenece a ese club exclusivo.

Tienes dos obras publicadas, aunque ha de contar, sin duda, con mucho material escondido detrás de su escritorio notarial. De lo contrario no se explica la palabra precisa, la frase cincelada y novedosa, producto sólo del trabajo largo y concienzudo.

Soledad que viene me permitió recuperar las palabras de las cosas ya idas que aprendí en la niñez, en la Finca La Nueva Era. Hacía mucho tiempo (¿30 años quizás?), que no había vuelto a escuchar del arnero, mucho menos de majar maíz, que eran actividades de fin de año entre mis parientes.

El arnero, que era un marco de madera con malla de mecate grueso, permitía que mis tíos majaran las mazorcas con un palo sólido para así recoger en el fondo el maíz sin olote. Era un trabajo que requería fuerza y constancia. La llegada de las desgranadoras mecánicas jubiló al arnero, primero de las cosechas, y después de mi memoria.

Sin título            Espinosa Mandujano vino a hablarme nuevamente de esas cosas ya perdidas y de un Chiapas parsimonioso, recién despertado al siglo XX.

El autor, no en balde es notario público, realiza un registro meticuloso de hombres y de nombres ya también olvidados: Chabel Espinosa, Eleuterio, Rafa Tacuachi, Procopio Camacho, Arsenia Escarpulli, José Cucuyuchi, Chinto Salazar, Lampo Castellanos, Juan Vicente La Chentona, Eglantina, Fausto Cerda, Baudilio Galdámez, Galación, Severo Santos, Noro de la Cruz, Eufrasio Salinas, Eustorgio Zárate, Lucerindo Ramos, Liborio Peña aparecen en sus páginas.

No sólo está el registro notarial de nombres mundanos, sino que abundan los nombres de árboles, yo no sé si desaparecidos hoy físicamente, pero sí de la plática diaria: madrecacaos, higoamates, sáuces, guayabillos, quebrachos, gulaveres, piñones, guanacastes, canelos, guachipilines, mulatos, guapinoles, primaveras blancas, cupapés amarillos, cachos de toro, huitumbillos, coyoles, nambimbos, chircas…

La novela, que relata la odisea de hombres de a caballo, presenta frases maravillosas, como las que aquí transcribo:

“Seguía flotando en el alma de aquella gente la estima que le producían los acontecimientos de gente conocida y a veces desconocida que les dejaba el extraño placer de sentir que no estaban solos en este mundo” (p. 190).

“Se quedó sólo con el aliento cercano de toronjil tierno de aquella mujer” (p. 200).

“Ni se pidieron ni se dieron prendas, sólo fueron quietamente hasta la cama con el respaldar de incrustaciones blancas y allí iniciaron dos secuestrados por la soledad una nueva vida, amparados por el viento que viene y por la lluvia que ahora corría sonando sus cascabeles en la tierra” (p. 211).

Leer a Javier Espinosa Mandujano es transportarse a otros tiempos, donde la palabra recobra su realeza y su sentido verdadero. Sus descripciones de caballos y de la comunicación entre jinete y caballo son de antología, y un terreno inexplorado aún para los escritores.

Las dos historias que intercala el autor en Soledad que viene, del viejo Aquilino y de la Santísima Virgen Rosario, cumplen funciones diferentes. La primera permite ubicar a los hombres de finca en su dimensión humana: Aquilino, el viejo Aquilino, aprovecha un viaje de su mujer para resucitar sus pasiones juveniles al lado de una muchacha de amplias caderas a quien embaraza… La segunda, la historia de la Santísima Virgen del Rosario rompe, sin embargo, con la acción de la novela, no obstante el interesante relato del mulato Santa Fe. Es una narración diferente y merece su propio espacio.

Fuera de esta observación y del título que, según mi parecer, no refleja la fuerza narrativa de Javier Espinosa Mandujano, tenemos una obra magistral, producto de toda una vida dedicada a la observación y al ejercicio sabio de mirar a los hombres y adentrarse al fondo de sus pasiones, tristezas, alegrías y ambiciones.

Espinosa Mandujano, Javier. Soledad que viene. León de la Rosa Editores. Tuxtla Gutiérrez, 2006, pp. 247.

 

 

 

 

 

4 Comentarios en “Javier Espinosa Mandujano o la memoria recuperada”

  1. armando
    11 julio, 2014 at 21:41 #

    Vientos, Sarelly, y como dicen que dijo él que lo dijo: espero que sea cierto.

  2. Luis López Velázquez
    11 julio, 2014 at 12:58 #

    Se queda corta la descripción que hace de Don Javier en esta síntesis, mi estimado Sarelly. Quienes tenemos el gusto de conocerlo y trabajar personalmente con Don Javier, podemos asegurar que su vida y obra merecen más reconocimientos, tanto del gobierno del estado como de la sociedad. Aunque no son muy conocidas, tiene muchas obras publicadas, con la misma calidad de la que en esta ocasión nos describe. Felicidades.

  3. Isaac Muñoz Gomez
    11 julio, 2014 at 12:22 #

    Excelente Nota. Muchas Felicidades!!! Y ahora a buscar esta novela para volver a recordar mi pasado y origen.

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