Las bofetadas, «herencia tradicional»

Juan Sabines e Isabel Aguilera. Foto: Cortesía

Juan Sabines e Isabel Aguilera. Foto: Cortesía

La bofetada  asestada por el gobernador Manuel Velasco Coello y el ceremonial de la disculpa pública, es también parte de la herencia tradicional dejada por su antecesor Juan Sabines Guerrero.

La media tarde con sus invitados en la palapa de gobierno de la feria Chiapas  fue testigo de la ira de Sabines contra su cónyuge.

El grupo de  mujeres aguardaba la llegada del ex mandatario. Se trataba de una reunión más de aquellas donde Sabines  gustaba exaltar su respeto y reconocimiento a la condición femenina.

Días de vino y de rosas en aquel intercambio de alabanzas mutuas donde  Juan , el ahora aborrecido, se acompañaba de su familia para transmitir un sentido moralizante a sus compromisos institucionales.

La impaciencia carcomía ya cuando Sabines apareció, no para dirigirse al estrado ni al micrófono que ya esperaba su discurso.

El ex gobernante de mirada extraviada y brazos casi contraídos fue directo a su mujer. Sin que mediara ninguna palabra  descargó una bofetada a Isabel que sólo  contrajo el rostro de ira encorajinada.

La mano apenas cimbró  el bello rostro de Isabel cuando  detrás de Sabines se abalanzó sobre él, ágil raudo y certero,  Manuel Velasco Coello.

La mano del entonces senador de la república estalló meteórica en la mejilla de Sabines, quien aturdido  por el relámpago de dedos huesudos no hilvanaba cómo alguien se atrevía a abofetearlo en público también.

Cuando Sabines volteó con el rostro carmesí  fundido por la ira, topó con un Manuel en actitud resuelta y de combate. La silueta de guepardo del legislador federal estaba ya presta para contrarrestar la respuesta del ahora aborrecido ex gobernador.

Juan, El  Furibundo, quedó sin devolver la cachetada. Sus  cortos brazos y sus regordetes dedos nada más papalotearon en el pequeño espacio donde Manuel también fue contenido por los escoltas.

Isabel, La  Carilinda, con los ojos vidriosos abandonó el lugar cobijada por algunas mujeres.

Instantes después, sin decir ninguna palabra ni pronunciar discurso alguno, El Furibundo  se retiró del lugar donde por horas la multitud de mujeres lo aguardó y esperó su discurso de equidad, respeto y tolerancia a éstas.

Raudos y solícitos los meseros empezaron a servir los bocadillos y las bebidas para despejar, en lo posible,  el bochornoso incidente protagonizado por Sabines.

En adelante  los comentarios menudearon:

Sabines estaba tocadito; lo que hizo El meco fue un acto caballeroso  digno de hombría; le sorrajó por que no merecía otra cosa, eso de pegarle, y en público, es de poco hombre.

2 Comentarios en “Las bofetadas, «herencia tradicional»”

  1. roberto
    4 febrero, 2015 at 13:03 #

    Sin gracia el autor de este articulo….. que es lo que pretende… y totalmente de acuerdo con tigo rox.

  2. Rox
    4 febrero, 2015 at 5:29 #

    No se quién es el autor de este artículo, pero el lenguaje que usa es de una tal exageración literaria que se hace insoportable de leer. Pretencioso y retórico…

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