Gente pobre, políticos ricos

A cualquiera que no conozca a Chiapas le parece exagerado lo que se dice de sus riquezas; pero lo cierto es que todo mexicano o extranjero que, después de haber visitado los países más ricos del mundo, recorre el estado de Chiapas, exclama ingenuamente; «este es un país hermosísimo. Aquí existen todos los climas y todas las producciones del mundo. A esta tierra pri­vilegiada le está reservado el más brillante porvenir».

Los terrenos de Chiapas, de una fertilidad prodigiosa, cruzados por ríos y arroyos en todas direcciones, producen todos los frutos conocidos y gran parte de ellos de calidad suprema. El trigo, el maíz, el arroz, el cacao, el café, la caña de azúcar, las frutas de todas clases, la vainilla, el hule, el algodón, el henequén, el añil, el tabaco, son artículos sobresalientes en Chiapas. Los ga­nados vacuno, caballar y lanar se multiplican allá de una manera asombrosa.

Los inmensos bosques y montañas vírgenes de Chiapas encierran con incalculable abundancia todas las especies de maderas preciosas y ¿quién sabe cuantas riquezas minerales?

Los ríos que de las altas montañas bajan a las llanuras, producen fuer­za motriz capaz de hacer funcionar innumerables máquinas. En resumen, cada uno de los ramos enumerados podría por sí solo hacer la felicidad de un gran país.

Y sin embargo de poseer tantos elementos de riqueza, Chiapas es uno de los estados más pobres y desgraciados de la República. ¿Por qué? Porque en Chiapas no hay caminos, porque no hay escuelas, no hay periódicos, porque los gobernadores en vez de ocuparse del engrandecimiento y pros­peridad del país, se dejan cegar por la ambición y sólo se afanan en hacerse ricos a expensas del estado.

Esa ha sido la triste historia de Chiapas, esa es la historia actual.

¿Para qué engañarnos a nosotros mismos haciéndonos creer que el país es dichoso? Eso es contraproducente, porque una llaga no se cura ocultándola, sino exhibiéndola y aplicándole la medina que convenga.

Por otro lado ¿a quién se pretende engañar? ¿Al pueblo? Eso no es posible. ¿Cómo podéis hacerle creer que es muy feliz a aquel que no tiene qué comer? ¿Cómo puede convencerse de que está muy bien administrado a aquel que diariamente lo ve sufrir abusos?

Para que cambie la triste situación de Chiapas, precisa que usted lo sepa todo, señor Presidente, no tomando informes de aquel gobierno porque él se los dará como se los da siempre, a su modo, sino mandando al estado mismo personas del todo desinteresadas que den a usted informe completamente imparcial.

Pero no solamente desea Chiapas que usted conozca la deplorable condición en que se encuentra; lo que le suplica encarecidamente es que una vez conocido el mal, aplique usted el remedio. ¿Cuál es éste? Es muy sencillo, y extraño mucho que hasta hoy no lo haya usted puesto en práctica; hacer a los gobernadores de hoy en adelante responsables de su administración, es decir, introducir la moralidad en el gobierno del estado.

Todo lo anterior pertenece al pronunciamiento del Dr. Belisario Domínguez, fechado el 13 abril de 1903.

 

Han pasado 112 años desde entonces, pero este texto sigue siendo tan vigente como en aquellos años porfiristas: Conservamos la pobreza y una clase política groseramente enriquecida. Para acabar con este mal, Belisario Domínguez recetaba moralidad de los gobernantes, vigilancia de los ciudadanos y trabajo inteligente de todas las partes.

Eso, evidentemente, ha faltado en estos más de cien años de atraco de los gobernantes y de indiferencia del grueso de los chiapanecos.

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