La Concordia y sus pesares

 © Templo del Señor de Las Misericordias. La Concordia (Cuxtepeques). c1960.


© Templo del Señor de Las Misericordias. La Concordia (Cuxtepeques). c1960.

 

Amigas, amigos, concordeños, cuxtepequenses, frailescanos, chiapanecos y anexas. Por fin nos damos tiempo para terminar esta crónica. Mil disculpas a quienes la esperaban desde el fin de semana antepasado. Comenzamos. La Concordia, pueblo del Señor de Las Misericordias, es heredero de uno de los antiguos emporios agroganaderos de la época de la Colonia, propiedad de los padres dominicos de Comitán. Nos referimos a la Hacienda San Pedro Cuxtepeques o San Pedro Las Salinas.

De esta pequeña ciudad volvemos, justo luego de visitarla con motivo de la celebración del moreno Cristo Crucificado, aunque… regresamos algo entristecidos por cuatro razones de preocupación: la enfermedad de varios miembros de nuestra familia cercana, el decaimiento sociocultural de la fiesta del Cuarto Viernes, la flagrante desatención de los servicios públicos y la infraestructura municipal y… el estado lamentable en que se encuentra la carretera que desde Tuxtla Gutiérrez conduce a esta nueva ciudad. La primera cuestión es evidentemente un asunto privado, insubstancial en términos sociales y de opinión pública, mientras los otros son, típicamente, cuestiones del dominio público y del interés de la ciudadanía. Indicadores adecuados (aunque técnicamente no concluyentes ni exclusivos) para evaluar la función pública. Es decir, asignaturas básicas de cualquier buen gobierno al nivel local, regional o estatal.

Por esta razón conviene revisar tales tres rubros públicos, pues las cosas no marchan bien, al menos en la ciudad capital de los cuxtepequenses; esto desde una percepción externa. Ni media palabra hemos de expresar sin embargo, respecto del municipio en general y sus flamantes 484 localidades, pues nada sobre ello es posible otear, con tan sólo viajar por la carretera que conduce a la villa, visitar el templo del festejado Señor de las Misericordias, recorrer los stands, comercios, fondas y espacios comunales de la feria, y deambular por las calles de la ciudad.

1. Decaimiento sociocultural de la fiesta del Cuarto Viernes. Sí, pues aunque hoy los establecimientos comerciales y recreativos de la feria se extienden al interior y exterior de dos grandes secciones urbanas (cada una similar a 2.5 manzanas del antiguo pueblo), además de la exposición ganadera y los espacios que se adecúan para las carreras ecuestres y las peleas de gallos, la feria se ha convertido en un gran escaparate comercial. Licor y borrachos en la vía pública, plaza central convertida en tendedero y zona de campamento, música de la que llaman “banda” exclusivamente; nada de festivales, concursos, torneos ni competencias. Ni un sólo evento de corte cultural, ausencia total de la Casa de Cultura.

 

Se salvan por fortuna, las entradas de flores, la cabalgata, las carreras ecuestres, el palenque de gallos, los dos o tres tenderetes coletos que sobreviven, nuestro “punche” y enchiladas, las socoltecas vendedoras de zapotes, la pirotecnia y sus explosiones y luces coloridas; los merolicos ofertantes de cobertores, loza y cristalería; las sartas de tecolúmates que adornan la iglesia (traídas de la montaña) y… la marimba que alguien puso frente al templo. Sin embargo, nada hubo para la gente de cuarenta años y más. Nada para nuestros padres y abuelos. Cero marimbas, cero verdaderas orquestas, serenatas y bailes. Nada de música para el deleite de los oídos.

2. Flagrante desatención de los servicios públicos e infraestructura municipal. Nos referimos a lo que apenas vimos y seguramente padecen todos: plaza central resquebrajada y sin iluminación, conato de incendio e interrupción de la energía eléctrica (ante la equivocada y mal distribuida localización de tomacorrientes), provisión de agua escasa y de mala calidad, surtida tan sólo dos veces a la semana; abandono absoluto del embarcadero, cuando debería ser el paisaje de nuestro reencuentro, evocación para la memoria y recurso turístico por excelencia. Y… el malhadado Cristo Pescador o de los pescadores, que en vez de ver hacia la ciudad, fue orientado hacia el embalse y la montaña. Luce manco e inconcluso, aunque tenemos la certeza de que será terminado y/o reconstuído, para la buena memoria de sus constructores, la satisfacción del vecindario y las cuentas claras.

3. Estado lamentable en que se encuentra la carretera Tuxtla-La Concordia. Y es así efectivamente, pues hace apenas un año, el gobierno de la Federación (no el gobierno estatal ni el Ayuntamiento) reconstruyó el tramo Las Limas-La Concordia, incluyendo alcantarillas, re-encarpetado y señalización. Sin embargo, hoy nuevamente está algo menos que como antes. Baches, hoyancos, tramos destruidos, zonas intransitables, bandas angostas por invasión de particulares e incluso topes, por si hicieran falta. Naturalmente, evidencia palmaria de los grandes negocios del gobierno, o lo que es igual: corrupción a plena luz del día. Carretera en la que seguramente, con nuestros impuestos se pagaron 100 pesos (cien o 150 millones que igual da), y sin embargo tal obra a lo sumo vale 20 o 30. Así sin preámbulos ni negateos. Es decir, 70 u 80 millones a la bolsa de los corruptos, mientras sólo 20 o 30 pesos, o millones, verdaderamente pagados por la obra.

 

Y ahí dejamos estos asuntos para los instruidos. Para la crítica constructiva, para la Sociedad de los Amigos de La Concordia y los miembros del Ayuntamiento cuxtepecano. No es interés nuestro descubrir el hilo negro ni inventar el agua tibia, sino tan sólo dejar esta constancia para la memoria ulterior, la crónica de los días, nuestra historia. Para evidenciar una vez más lo que es del conocimiento de todos; los cánceres que desde los diferentes niveles del gobierno corroen a la sociedad entera: negligencia, ineficiencia, corrupción e impunidad como en este caso, y en general: ineptitud, autoritarismo gubernamental, arbitrariedad, colusión Estado-delincuencia, simulación y patrimonialismo político.

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