Artículos publicados por: Antonio Cruz Coutiño

© Hmmm. Caviar mesoamericano. ¡Rico nucú!Mercado San Juan. Tuxtla Gutiérrez (2011)

Zompopo, chicatana, cizín y nucú

Áselos de poco a poco, guárdelos en algún recipiente hermético y después, mézclelos como Dios le dé a entender. Con pan, galletas, tostadas o tortillas. Revuélvalos con cualquier clase de alimentos, o bien cómaselos a puños o a cucharadas, que está usted ante el alimento más versátil, nutritivo y suculento de México y Centroamérica, aunque quizás del mundo.

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Zompopo, chicatana, cizín y nucú

O sólo asados para su conservación. Conserva de la cual dependen todos los usos culinarios y gastronómicos susceptibles, entre ellos las típicas botanas o platillos del medio día en bares y cantinas

Robar el maíz a las hormigas, cultivarlo y reproducirlo, es tarea posterior de los hombres, quienes inauguran con él su inmejorable y definitiva alimentación, tal como se narra en este fragmento de la leyenda tojolabal El Nuevo Mundo: 

Zompopo, chicatana, cizín y nucú

Robar el maíz a las hormigas, cultivarlo y reproducirlo, es tarea posterior de los hombres, quienes inauguran con él su inmejorable y definitiva alimentación, tal como se narra en este fragmento de la leyenda tojolabal El Nuevo Mundo: 

Cierto. Dos temas de mayor interés son: el nombre propio de nuestras hormigas arrieras, y sus múltiples apelativos y mitos; los mitos mesoamericanos asociados a ellas, transmitidos a nosotros hasta la fecha.

Zompopo, chicatana, cizín y nucú

Cierto. Dos temas de mayor interés son: el nombre propio de nuestras hormigas arrieras, y sus múltiples apelativos y mitos; los mitos mesoamericanos asociados a ellas, transmitidos a nosotros hasta la fecha.

Defoliantes y “tragonas” por así decir, pues cortan las hojas más no las ingieren. Las que en ocasiones acaban con rosales y jardines enteros, incluyendo crotos, tulipanes, hojas moradas, jazmines y gardenias; las que trepan y destrozan todos los cítricos de nuestras huertas… como en una ocasión vi personalmente todo eso con estos ojos. Cuando subían todas marciales e impertérritas, por cientos de miles, al tronco y ramas de un inmenso flamboyán.

Zompopo, chicatana, cizín y nucú

Defoliantes y “tragonas” por así decir, pues cortan las hojas más no las ingieren. Las que en ocasiones acaban con rosales y jardines enteros, incluyendo crotos, tulipanes, hojas moradas, jazmines y gardenias; las que trepan y destrozan todos los cítricos de nuestras huertas… como en una ocasión vi personalmente todo eso con estos ojos. Cuando subían todas marciales e impertérritas, por cientos de miles, al tronco y ramas de un inmenso flamboyán.

Pero entonces, doña Fausta mi madre, repetía lo que seguramente había aprendido de sus padres y abuelos sobre el sompopo: que se alimentaban de las inmundicias de los puercos, burros, caballos y vacas, y lo peor: que venían del panteón, en donde vivían entre los difuntos podridos, entre las tumbas, y se alimentaban del ceso de los muertos.

Zompopo, chicatana, cizín y nucú

Pero entonces, doña Fausta mi madre, repetía lo que seguramente había aprendido de sus padres y abuelos sobre el sompopo: que se alimentaban de las inmundicias de los puercos, burros, caballos y vacas, y lo peor: que venían del panteón, en donde vivían entre los difuntos podridos, entre las tumbas, y se alimentaban del ceso de los muertos.

© Cuatro soberbios burros. Tomado de: https://bucker125.wordpress.com/2017/04/23.

Tina y las piedras voladoras

Esta demonia entonces, la famosa Tina, además de llevar agua, siempre cargaba algunas lajas en los cántaros. Los descargaba en la cocina, ponía el agua en la tinajona que descansaba oronda sobre el piso, apartaba las piedras que llevaba —todas redondas, azules, livianas y del mismo tamaño—, escondía las piedras en las bolsas del delantal y luego se iba al patio, en donde las guardaba al pie de un cocotero.

© Guijarros, piedrecitas de río. Antiguo río San Pedro, La Concordia, Chiapas.

Tina y las piedras voladoras

Esta demonia entonces, la famosa Tina, además de llevar agua, siempre cargaba algunas lajas en los cántaros. Los descargaba en la cocina, ponía el agua en la tinajona que descansaba oronda sobre el piso, apartaba las piedras que llevaba —todas redondas, azules, livianas y del mismo tamaño—, escondía las piedras en las bolsas del delantal y luego se iba al patio, en donde las guardaba al pie de un cocotero.

© Cabalgata de la hermosa de rojo.http://footage.framepool.com/es/shot/902029765

Leyenda del Cerro de La Señorita

Ya de ahí, cuando varios días después regresó la compañía, la noticia se conoció en todas las fincas. Se supo que en el cerro se había perdido, que había desaparecido la señorita de Comitán y es así que desde ese tiempo, todo ese montañal le dicen y le decimos el Cerro de La Señorita.