Artículos publicados por: Antonio Cruz Coutiño

Defoliantes y “tragonas” por así decir, pues cortan las hojas más no las ingieren. Las que en ocasiones acaban con rosales y jardines enteros, incluyendo crotos, tulipanes, hojas moradas, jazmines y gardenias; las que trepan y destrozan todos los cítricos de nuestras huertas… como en una ocasión vi personalmente todo eso con estos ojos. Cuando subían todas marciales e impertérritas, por cientos de miles, al tronco y ramas de un inmenso flamboyán.

Zompopo, chicatana, cizín y nucú

Defoliantes y “tragonas” por así decir, pues cortan las hojas más no las ingieren. Las que en ocasiones acaban con rosales y jardines enteros, incluyendo crotos, tulipanes, hojas moradas, jazmines y gardenias; las que trepan y destrozan todos los cítricos de nuestras huertas… como en una ocasión vi personalmente todo eso con estos ojos. Cuando subían todas marciales e impertérritas, por cientos de miles, al tronco y ramas de un inmenso flamboyán.

Pero entonces, doña Fausta mi madre, repetía lo que seguramente había aprendido de sus padres y abuelos sobre el sompopo: que se alimentaban de las inmundicias de los puercos, burros, caballos y vacas, y lo peor: que venían del panteón, en donde vivían entre los difuntos podridos, entre las tumbas, y se alimentaban del ceso de los muertos.

Zompopo, chicatana, cizín y nucú

Pero entonces, doña Fausta mi madre, repetía lo que seguramente había aprendido de sus padres y abuelos sobre el sompopo: que se alimentaban de las inmundicias de los puercos, burros, caballos y vacas, y lo peor: que venían del panteón, en donde vivían entre los difuntos podridos, entre las tumbas, y se alimentaban del ceso de los muertos.

© Cuatro soberbios burros. Tomado de: https://bucker125.wordpress.com/2017/04/23.

Tina y las piedras voladoras

Esta demonia entonces, la famosa Tina, además de llevar agua, siempre cargaba algunas lajas en los cántaros. Los descargaba en la cocina, ponía el agua en la tinajona que descansaba oronda sobre el piso, apartaba las piedras que llevaba —todas redondas, azules, livianas y del mismo tamaño—, escondía las piedras en las bolsas del delantal y luego se iba al patio, en donde las guardaba al pie de un cocotero.

© Guijarros, piedrecitas de río. Antiguo río San Pedro, La Concordia, Chiapas.

Tina y las piedras voladoras

Esta demonia entonces, la famosa Tina, además de llevar agua, siempre cargaba algunas lajas en los cántaros. Los descargaba en la cocina, ponía el agua en la tinajona que descansaba oronda sobre el piso, apartaba las piedras que llevaba —todas redondas, azules, livianas y del mismo tamaño—, escondía las piedras en las bolsas del delantal y luego se iba al patio, en donde las guardaba al pie de un cocotero.

© Cabalgata de la hermosa de rojo.http://footage.framepool.com/es/shot/902029765

Leyenda del Cerro de La Señorita

Ya de ahí, cuando varios días después regresó la compañía, la noticia se conoció en todas las fincas. Se supo que en el cerro se había perdido, que había desaparecido la señorita de Comitán y es así que desde ese tiempo, todo ese montañal le dicen y le decimos el Cerro de La Señorita.

© Templo de San Caralampio. Comitán de Domínguez, Chiapas (2019)

Comitán, comiteco y arquitectura

Algún día, dije para mis adentros, volveré a Comitán para fotografiar sus calles, templos, plazas, mercados, fachadas, detalles constructivos… pero, sobre todo, volver a ver las dos o tres vetustas casas que aún quedarían entre las antiguas rancherías de La Ciénega y Río Grande, sobre la extensa ribera del rumbo Nororiental.

© San Pedro y sus llaves.Pintura de Peter Paul Rubens (1577-1640)

San Pedro Cuxtepeques

Y así lo llevaban por todas las calles y hasta el río, para que viera tan sólo las pozas y el riachuelo que quedaba. Yo vi sólo una vez todo eso, a finales de los años sesenta o quizás a principios de los setenta y, aunque no muy creo estas historias, obligado estoy a registralas, pues esta es la voz de nuestros viejos, y en esas voces sí creo y más aún las respeto. 

© Tan sólo para ambientar.Panteón de Sxbal de Las Casas (2001)

Cuxtepeques. Cuentos de Semana Santa

En esta tierra… especialmente relatos sobre montañas y prominencias, bolas de fuego que circulan entre ellas, o sobre el Sombrerón, arquetipo del “dueño” de la obscuridad, montes y bosques; proveedor de riquezas y ganados.