Disparando a los pies

PRINCIPAL DOS

José Ramón Guillén

Entiendo los enojos de todo tipo y origen, los descontentos sociales también, porque no son nuevos en la historia de México ni de la humanidad, sin embargo cuando un solo sector de la ciudadanía, como está ocurriendo en Chiapas en estos últimos días, amedrenta al resto hay que preguntarse ¿Dónde se encuentra el Estado que debe proteger a quienes no son responsables de los enojos? La justeza o no de las reivindicaciones, en este caso del magisterio chiapaneco o de quienes se trate, no puede encontrar solamente la vía violenta cuando desde hace tiempo la discrepancia con reformas y acciones gubernamentales ha sido anunciada y manifiesta en suelo chiapaneco y en otros Estados de la República.

Tampoco es momento para atizar fuegos contra las corporaciones, por mucho que disgusten el funcionamiento de las mismas, porque el sindicalismo construido en la Posrevolución mexicana no se democratiza con un juicio de intenciones, alguna maldición o palabra malsonante. El problema hoy, por los hechos sucedidos en la capital tuxtleca, remite a la ausencia de Estado y de sus instituciones en Chiapas. ¿Cuál es su papel? ¿Dónde están sus acciones? Esa es la pregunta que muchos ciudadanos se hacen tras los penosos acontecimientos vividos; pero habrá que ir más allá, porque no es suficiente preguntarse por los gobernantes, los propios ciudadanos deben hacerse la misma pregunta respecto a su papel en la construcción de su terruño o a la hora de apostar por instituciones justas y por honestidades que inician por la conformación y accionar del ciudadano común y corriente.

Si no se empieza por cuestionar este cúmulo de despropósitos de largo aliento histórico, pero arrumbados en el baúl de la ignominia de otros, por supuesto, no de nosotros, los abismos sociales inmediatos y de futuro pueden ser infinitos e insalvables.

Si Chiapas, como lleva años siendo, es simplemente un botín de extraños, pero también de propios, será mejor declararlo abiertamente y sin tapujos; algún gesto de valentía se agradecería en estos tiempos. Y sus ciudadanos, si no buscan en el baúl arrumbado será mejor que avizoren otros horizontes lejos de un Estado fallido. Muchos ya lo han visto así y otros más lo seguirán confirmando hasta que se tenga conciencia de que la política es ejercicio de responsabilidad y servicio de todos, palabras extrañas pero de urgente recuperación.

 

 

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