Encuestas al gusto

Las encuestadoras andan con la brújula perdida. En el DF pronosticaron triunfos para el PRD que se esfumaron; en Nuevo León no lograron “retratar” la diferencia abismal a favor de El Bronco, y en Querétaro no se les apareció ni en photo finish el panista que finalmente ganó la gubernatura.

Eso sí, para limpiar su imagen, las encuestadoras incluyen en sus informes que sus estudios de opinión “no son pronósticos” y que podrían registrarse cambios en el lapso del proceso electoral.

11402788_1007504889268697_6718871362328564592_n Es normal, desde luego, que haya cambios, pero que en escasos diez días las preferencias se muevan 20 puntos es inaceptable. GEA/ISA en Nuevo León se equivocó por 44 puntos y Covarrubias y Asociados por 30. Parametría, El Universal y Arcop hablaron de una preferencia electoral aplastante a favor del PRI-PVEM y PANAL.

Es más, a finales de mayo, Mitofsky publicó que la gubernatura de Nuevo León la ganaría la priista Ivonne Álvarez con una preferencia de 29.2 por ciento, que en segundo lugar estaría Felipe de Jesús Cantú, con el 23.5 por ciento, y en tercero, El Bronco, con 21.4 por ciento.

11040510_10155722851520722_5879243437486240736_n   Los resultados fueron, sin embargo, muy diferentes. El Bronco ganó con el 48.8 por ciento de la votación, 25 puntos más que la candidata priista y que el panista.

Estos resultados tan desconcertantes de encuestadoras “serias” llevaron a afirmar Ciro Gómez Leyva que si “nuestros encuestadores fueran pilotos, estaríamos muertos”. Y agregó:

“Las encuestas electorales mexicanas de la segunda década del siglo XXI son demasiado erráticas, malas, no saben medir al votante. Son como esos futbolistas a que se refería el escritor David Toscana: lo normal en ellos es la mala puntería y mesarse los cabellos. Un pianista que cometiera tantos errores sería abucheado. Un médico perdería la licencia. Un piloto estaría muerto”.

Pero las encuestadoras no se disculpan ni explican, siguen, por el contrario, en lo suyo. Viven de diseñar resultados al gusto del candidato, para que éste los exhiba, los publicite y, también, se hinche el ego de la gran campaña realizada.

Las encuestas que ahora circulan en Tuxtla están hechas para eso: ser un componente más de las estrategias de campaña. Quien se lo crea, parecen decirnos sus directivos, es su problema.

En estos días aparecerán más encuestas diseñadas al gusto de los candidatos y de sus seguidores, con resultados tan dispares que se requerirá una buena dosis de fe para creer en ellas.

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