Elecciones, consenso sobre ruinas

Manuel Velasco y Enrique Peña Nieto en diciembre de 2014. Foto: http://www.elconstituyente.mx/

Manuel Velasco y Enrique Peña Nieto en diciembre de 2014. Foto: http://www.elconstituyente.mx/

 

Los resultados de las elecciones en Chiapas eran previsibles. El avasallamiento de la alianza PVEM-PRI en los comicios federales (las 12 diputaciones) y locales (los 24 distritos y alrededor de 100 alcaldías de 122) no sorprenden en un contexto advertido de elección de Estado donde los recursos políticos, institucionales y económicos del gobierno se pusieron a disposición de los candidatos oficiales.

El gobernador Manuel Velasco puede presumir su “hazaña” ante el presidente Enrique Peña Nieto al ponerle a disposición una docena de dóciles legisladores federales (más los “pluris” que se deriven de más de un millón de sufragios o lo que es lo mismo, 70% de la votación en el estado) que le ayuden a controlar el Congreso en la segunda mitad del sexenio; puede fanfarronear frente a la dirigencia nacional del PRI que el partido fuerte en Chiapas es el PVEM al obtener por sí solo 46% de los votos; y puede congratularse ante los administradores de la franquicia pvemista de haber convertido a Chiapas en un bastión “verde” para poder renegociar su apoyo al régimen en la sucesión presidencial del 2018.

Sin embargo, lo que Velasco no puede presumir es que en Chiapas haya democracia; lo que significa que el triunfo electoral de su administración es cuestionable porque hubo campañas adelantadas, inequidad en la contienda, uso y manipulación de recursos públicos, compra y coacción del voto, e irregularidades los días de los comicios.

En este sentido, la avasalladora hegemonía del Verde no es una señal de fortaleza política sino sólo una demostración de eficacia electoral basada en el pragmatismo y regida por las reglas no escritas del código de la inmoralidad política.Lejos de que esa abrumadora y brumosa mayoría represente una mayor legitimidad para el gobierno, lo que refleja es un consenso frágil construido sobre la ruina social de la pobreza y la ignorancia,que perversamente se dejan crecer para asegurarse la clientela electoral que –en un círculo vicioso— permita la depredación desde el poder a cambio de miserables dádivas.

Pretender implantar supremacías con tintes de totalitarismo político, sólo se explica por un inaceptable deseo de preservar el poder a toda costa para una élite arribista que desprecia la pluralidad y que no ha sabido gobernar para resolver las demandas más urgentes de una sociedad atrapada en el populismo autoritario, la precariedad económica y la cabalgante pobreza. Basta citar los datos más recientes del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social para ilustrar la situación: en los dos primeros años de esta administración, el número de personas pobres creció en 179 mil y los que se ubican en pobreza extrema aumentó en 15 mil.

Esta es la prueba más contundente de que la hegemonía del Verde en Chiapas está siendo edificada sobre la miseria de sus pobladores más depauperados y eso es éticamente inadmisible. Ningún gobierno puede sostenerse sobre estas bases y ninguna aspiración política superior puede florecer ni ser viable dejando a su paso una estela de ignominia. La democracia que Chiapas necesita no es aquella que se enfoca a comprar clientelas y se agota en las urnas, requiere de una democracia que le permita en principio elegir libremente a sus gobernantes con las mejores propuestas y que éstos a su vez asuman el indeclinable compromiso de entregarse a resolver los problemas más urgentes de los chiapanecos.

Chiapas no quiere ser ya más el granero de votos de quienes luego se convierten en sus verdugos ni quiere ser un factor estratégico de los juegos perversos del poder. Sólo quiere un futuro promisorio, el que le han negado por décadas sus gobernantes. Nada más, pero nada menos.

edgarhram@hotmail.com

chiapaspost@gmail.com

www.doblefilo.mx

 

Un comentario en “Elecciones, consenso sobre ruinas”

  1. Andrés Gómez
    5 agosto, 2015 at 9:18 #

    Sr. Edgar. Es interesante su análisis, pero desde mi punto de vista su conclusión es herrada: Chiapas es una entidad política por lo cual carece de sentimientos. Intuyo que habla de los chiapanecos, pero estos en su mayoría por desgracia carecen de cultura política, entonces ¿quienes estamos artos de la forma de la administración política de Chiapas? ¿los estudiantes? ¿la clase media? ¿los empresarios? ¿las sociedades urbanas? y esta situación es delicada, tenemos problemas de identificación y por lo tanto de cohesión y evolución. Saludos

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