Xojobal sit-elawil

Al mirar nos reconocemos, sabemos quiénes somos, cómo somos, de qué vamos.  Foto: Marco Antonio Girón

Al mirar nos reconocemos, sabemos quiénes somos, cómo somos, de qué vamos. Foto: Marco Antonio Girón

 

El pasado 29 de octubre de 2015, como parte de las actividades del Festival de Fotografía Tragameluz, el fotógrafo Marco Antonio Girón abrió las puertas de la galería “Xojobal sit-elawil” (que en castilla se puede traducir como “Resplandor en los rostros”), ubicada a dos calles del centro de Tenejapa. Está compuesta por dos salas, habilitadas con iluminación led —en cuya instalación participó Fabián Ontiberos, de la Galería Canthil4— y abrió con una exposición fotográfica colectiva que presenta diferentes miradas de Tenejapa.

Marco Antonio Girón es el responsable del área de fotografía y video de El Colegio de la Frontera Sur (ECOSUR) donde ha desarrollado una labor notable, en particular con su trabajo de macrofotografía —un ejemplo de esto se puede ver en la exposición “La vida secreta de lo pequeño”, montada en el Café Frontera de San Cristóbal de Las Casas, donde comparte créditos con Carla Quiroga—, pero además de esto ha logrado hacerse tiempo para trabajar en favor de la cultura tradicional de su pueblo, desde una perspectiva de los bienes comunes intangibles. Mantiene y actualiza una fanpage de Tenejapa, además de estar trabajando en un sitio web que presentará y compilará la tradición oral y visual de este pueblo tseltal.

Tuve el honor —nunca antes lo había dicho con más sinceridad— de ser invitado por la galería Xojobal sit-elawil a escribir el texto de sala de su primer exposición. Lo comparto ahora, no para ahorrarles el viaje, sino con la esperanza de que les incite a llegar y mirar.

 

...y la mirada será nuestra

…y la mirada será nuestra. Foto: Marco Antonio Girón

…y la mirada será nuestra

Texto de sala de la exposición “Memoria de Tenejapa”

 

Al mirar nos reconocemos, sabemos quiénes somos, cómo somos, de qué vamos. Es a partir de la mirada que construimos identidad, dignidad, territorio. Primero miramos, luego nombramos y así vamos construyendo el mundo que nos rodea. Nos distinguimos por el color de nuestra ropa y las formas de nuestros rostros, por el largo del cabello y el brillo de los ojos. Así vemos a los otros, a las otras, y les nombramos: madre, padre, hermanos, primas, amigas, vecinos. Del mismo modo las otras personas nos miran y nos nombran, es en ese cruce de miradas que nos vamos haciendo personas, que nos vamos haciendo de nuestro nombre, en mirar y en ser mirados es que nuestro rostro se va tornando sabio y nuestro corazón se hace firme.

Pero pasa, nos ha pasado, que nunca falta el que quiere imponer su mirada, el que dice que su mirada y su palabra es la única, la verdadera. Nos imponen un solo color, un solo rostro, un solo nombre. Rostro, color y nombre irán cambiando según desde donde nos miren: “Ustedes, quienes viven entre el Bravo y el Suchiate, tienen este color, sus rostros son de esta forma y su nombre será este”. “Ustedes, los del pueblo de la chía, tienen este color, sus rostros son de esta forma y su nombre será este”. “Ustedes, quienes viven en Los Altos, tienen este color, sus rostros son de esta forma y su nombre será este”. “Ustedes, quienes viven cerca del río de la cal, tienen este color, sus rostros son de esta forma y su nombre será este”. A lo largo de la historia, de las guerras, de las ocupaciones, hemos ido perdiendo nuestro color, nuestro nombre y nuestro rostro cada vez que alguien más fuerte nos nombra a partir de su mirada impuesta.

Así nos dijeron “tu, el que va de rojo, serás hijo de Idelfonso”, “tu, el que va de gris, serás hijo de Prometeo”, “tu, el que viste de verde, serás hijo de Azrael”. Nos vestimos del color que nos fue dictado por una mirada de arriba, creemos que nuestra piel es del color que nos dijeron (que nos dicen) y aceptamos llamarnos de acuerdo a esa clasificación que alguna vez hizo quien nos miró y nos nombró. Esos colores y esos nombres se impusieron primero por las armas y luego por la fuerza del Estado. Pero luego llegaron las cámaras, a las que sólo podían acceder unos cuantos, que llegaron montados en sus privilegios. Desde ahí nos miraron y volvieron a ponernos nombres (que solían empezar por el adjetivo “típico”), con la diferencia que ahora nos fijaron en un papel y nos volvieron una imagen fija, inamovible, estática. “Así los hemos visto, así se tendrán que quedar”. Llegamos a creer que cambiar, mudar de ropa, de rostro o de nombre sería perder, perdernos, sólo porque dejaríamos de parecernos a esos que dijeron que éramos y seríamos.

Ya lo demostró Marty McFly: al cambiar nuestro presente, las fotografías fijas del pasado-futuro se desvanecen. A ese personaje el futuro incierto le provocaba angustia y malestar, le mareaba pensar que no sería quien debía ser sino quien iba siendo. Así nosotros, así nosotras, por eso es importante volver a mirarnos, volver a nombrarnos todos los días para poder seguir siendo.

Las miradas siempre fueron nuestras, de cada quien, pero no todo el mundo podía fijarlas. Foto: Marco Antonio Girón

Las miradas siempre fueron nuestras, de cada quien, pero no todo el mundo podía fijarlas. Foto: Marco Antonio Girón

Las miradas siempre fueron nuestras, de cada quien, pero no todo el mundo podía fijarlas. La transformación de la industria fotográfica permitió ampliar esa posibilidad y ahora cada vez más gente puede mostrar a los otros la forma en que les mira y en que se mira. Ya no hay una mirada única, sino que vamos por el mundo intercambiando miradas y construyendo una realidad a partir de sus interacciones. Un mundo donde todos miramos, donde la mirada de cada quien tiene la misma posibilidad de existir y nombrarse. Un mundo donde, al menos en cuanto a la imagen se refiere, todas las miradas caben.

Un hombre sabio, cuya sabiduría se perdió con su nombre, dijo una vez: “Una foto es una mirada. No sólo una mirada, pero también una mirada. Es, sobre todo, una mirada que se muestra, que dice ‘esto miro’. Pero también dice ‘esto miro de esta manera’.”

Ahora nos encontramos frente a muchas miradas colgadas en estas paredes. Nos gustarán más unas que otras, pues así es esto de mirar y encontrarse. Al mirar la mirada de ese otro que nos miró y dijo “esto es así y así se llama” la reconstruiremos, la nombraremos de nuevo. “Ese Andrés así nos miró”, “Ese Antonio así se mira cuando nos mira”, “Ese Pedro así le dijeron que mirara”, “Esa Ástrid así nos quiso mirar”, “Ese Marco así nos miramos”. Miraremos sus miradas y las nombraremos desde quienes somos, desde donde nos reconocemos parecidos y desde donde nos sabemos diferentes.

Ahora las fotos están aquí. Ya las podemos hacer, ya las podemos ordenar, ya les podemos poner el título que consideremos más adecuado (y borrar todos los “típicos”), y debemos saber que en cuanto alguien más las mire dejarán de ser nuestras y pasarán a ser un bien común, en el universo infinito de entrecruzamientos de miradas de adentro y afuera.

 

Ahí lo ven. Ahí lo veremos.

 

Leonardo Toledo

Otoño de 2015

2 Comentarios en “Xojobal sit-elawil”

  1. Marco
    26 noviembre, 2015 at 12:11 #

    Gracias a todas y todos los que participaron en el proceso de creación de este nuevo espacio cultural en Tenejapa.

    Gracias a Chiapas paralelo, a Leonardo Toledo por la difusión.

    Saludos

  2. Delmar
    12 noviembre, 2015 at 15:49 #

    Excelente texto, me gustó mucho, en serio que sí.

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