Parley (¡detengan esta masacre!) (o Hacia un código de ética del lector)

Kate and Sean

Kate and Sean

 

¿De verdad Sean Penn y Kate del Castillo rompieron el código de ética periodística? ¿Existe tal código, un código único y aceptado por todos o bien cada quien tiene el suyo? ¿Cuál es el castigo para quien lo rompe? Hay una gran discusión sobre el código, pero las personas que recibimos las noticias hemos quedado, en general, fuera de ella. ¿Los lectores podemos denunciar a quien incumpla el código o es una prerrogativa de los periodistas con credencial? ¿tendremos que hacer nuestro propio “código deontológico de las personas lectoras de noticias”? ¿o podemos confiar en que algún día lograremos concebir producción y consumo de información como un solo proceso, sujeto a los mismos principios éticos?

Flashback: La marina capturó a un delincuente que ya llevaba seis meses en fuga —su segunda fuga—. Un par de días después la revista Rolling Stone publicaba una entrevista con ese mismo delincuente. Nadie, que se sepa, lo había entrevistado fuera de la cárcel. Habría sido un escándalo vergonzoso para el gobierno federal que la entrevista se publicara mientras Joaquín Guzmán estaba prófugo. Una revista de espectáculos, con entrevistadores del espectáculo, habría logrado lo que no habían podido hacer las fuerzas armadas y las policías con uno de los presupuestos más altos de Latinoamérica. Habría sido, pero no lo fue, debido a una serie de eventos azarosos.

Pero la entrevista fue haciéndose más y más grande debido a que muchos periodistas la hicieron motivo de sus columnas y artículos, señalando que había roto el código de ética periodística y que, además y sobre todo, los autores NO son periodistas. Desde las páginas de periódicos y las redes se les ha acusado de todo: de complicidad, de mala prosa, de promover la narcocultura, de escribir con la sangre de las víctimas, de ser publirrelacionista del Chapo, de no saber grabar un video, de no ser valiente, de tener un amorío… pero sobre todo, que NO son periodistas.

La entrevista de Sean Penn y Kate del Castillo se ha citado ya miles de veces, se ha usado de ejemplo, ha ofrecido información nueva y relevante, además de que ha replanteado los procedimientos seguidos por las redacciones de los principales diarios. Las críticas que ha recibido son más de tipo moral que de formato. Al mismo tiempo que se da este debate lxs lectores hemos podido acceder a otras “joyas” de periodismo, como si la entrevista de Rolling Stone hubiera abierto la caja de Pandora de las malas prácticas. Ahí tenemos la nota que dio cuenta del cepillo dental que usaba Joaquín Guzmán (El Universal, 14/01/2016); el nuevo corrido de Joaquín Archivaldo (Proceso, 14/01/2016); las 21 aves exóticas que le decomisaron (Aristegui Noticias, 14/01/2016); el shampoo que no pudo usar (El Universal, 12/01/2016); el retoque en sus genitales para, posiblemente, elevar su desempeño sexual (EFE, 16/01/2016); los dvd’s que tenía en su casa (El Universal, 11/01/2016); el equipo de futbol que quería comprar (El Universal, 14/01/2016); la orden de tacos que pidió (Sin Embargo, 17/01/2016); el “paraíso fiscal” donde está registrada la marca de tequila que promociona Kate (El Universal, 17/01/2016); el alza en las ventas de una camisa (Crónica, 12/01/2016); y claro, los mensajes entre Kate del Castillo y Joaquín Guzmán, que se publicaron sin ofrecer pruebas de autenticidad y mucho menos de contar con una orden del juez para poder intervenir teléfonos, pero que fueron retomados por todos los medios y todos los memes lejos de cualqier consideración ética. Tampoco se puede dejar de mencionar dos episodios: la cobertura a modo y privilegiada que hicieron Carlos Loret y Televisa, y la gresca entre periodistas locales y periodistas de la ciudad de México por ver quién entraba primero a la casa del Chapo. Todo lo que se ha dicho en contra de la entrevista de Rolling Stone y de los entrevistadores se podría aplicar también a estas notas. Es la viga en el ojo propio que no se alcanza a mirar.

¿Qué pasa si analizamos la entrevista de acuerdo al código de ética periodística? ¿Saldrá tan reprobada como dicen los periodistas que lo invocan? ¿qué pasa si la comparamos con las notas recién enlistadas?

Los códigos de ética periodística coinciden en lo esencial: Se debe respetar la verdad, priorizar los hechos, buscar la objetividad (aunque sepan que no hay tal cosa), establecer las diferencias entre información y opinión, enfrentar las versiones, respetar la presunción de inocencia y rectificar informaciones erróneas. Ninguno dice nada sobre no entrevistar criminales (ni siquiera si son los más buscados o los más sanguinarios) y tampoco dicen nada respecto a no cotejar la entrevista con la fuente (se orientan más al contrario, diría yo).

Es decir, la mayoría de los códigos del periodismo internacional aprobarían la entrevista de Sean Penn y Kate del Castillo, en todo caso habría debates alrededor de la interpretación de ciertos artículos referidos a la moral y el respeto, pero en esos casos y como norma deontológica, la interpretación válida es la del directamente involucrado y no la de terceros, pues precisamente el código está ahí para defender los criterios del periodista frente a las presiones externas.

Al ser una discusión que afecta tanto a periodistas mexicanos como norteamericanos, podemos acudir a un código de alcance internacional. Por ejemplo, los “Principios profesionales de la ética profesional del periodismo”, declaración de la UNESCO aprobada el 20 de noviembre de 1983:

  1. El derecho del pueblo a una información verídica.
    Los entrevistadores han ofrecido información verídica (al menos no se ha demostrado que sea falso nada de lo que ahí dice, cosa que tanto a Popper como a Lakatos les bastaría para aceptarlo como corroborado).
  2. Adhesión del periodista a la realidad objetiva.
    En la actualidad casi todos los códigos se refieren a la objetividad como anhelo, no como algo posible. De ahí que en la interpretación de este punto usualmente se apela a la honestidad (Sean Penn, para mi gusto, se pasa de honesto cuando habla de sus problemas intestinales) y a la necesidad de ubicar el contexto, cosa que si hacen en la entrevista.
  3. La responsabilidad social del periodista.
    El entrevistador ha asumido su responsabilidad social (tanto en el texto como en entrevistas posteriores). Hay quien le pide o le demanda que al enfrentarse al capo debió ser mucho más agresivo, exigirle que denunciara a sus socios en el gobierno y en la iniciativa privada. Él ha respondido (entrevista con Charlie Rose en 60 Minutos) que hace un tipo de periodismo experimental donde lo que busca es la dimensión humana de los personajes para de ahí anclarse a la discusión sobre la guerra contra las drogas.
  4. La integridad profesional del periodista.
    Demostró integridad profesional (aunque no sea periodista). No acepta dinero por su trabajo periodístico ni escribió nada que fuera en contra de sus convicciones.
  5. Acceso y participación del público.
    Favoreció el acceso del público a la información, eso es innegable. (Cabe hacer mención que en este artículo 5, el código de la UNESCO dice que se debe favorecer la participación del público en los medios, incluyendo “la obligación de la corrección o la rectificación y el derecho de respuesta”. ¿Cómo promueven eso los periodistas mexicanos que no permiten que sus entrevistados revisen sus preprints?).
  6. Respeto de la vida privada y de la dignidad del hombre.
    Respeta la vida privada y la dignidad de su entrevistado, de acuerdo a la normativa internacional. (desde su punto de vista, también lo hizo pensando en la dignidad de las víctimas de la guerra, pero este es uno de los principales puntos que señalan los periodistas).
  7. Respeto del interés público.
    Este artículo es complicado, pues indica que el periodista debe demostrar respeto por el interés público, las instituciones democráticas y la moral pública. Se podría decir —como una hipótesis incomprobable— que la opinión más generalizada en estos momentos es aquella que dice que hay que respetar las instituciones, sin importar que hayan dejado de ser democráticas o de interés público. Señalar sus omisiones y complicidades es traición. Aquí aparecen la gran mayoría de los dilemas éticos que ahora increpan al periodismo mexicano: Por un lado, la transparencia que puede (o no) ser usada por la delincuencia como promoción, por el otro, la opacidad decidida y definida por un individuo, un periodista, que se niega a dar a conocer información de interés público. Por otro lado está también el dar a conocer información de interés público que contribuya, aunque sea de rebote, a la rendición de cuentas, aunque ello signifique el la cesión de principios particulares (el interés de la mayoría vs el interés personal) o bien, reservarse dicha información por considerar que la honorabilidad del periodista está por encima de cualquier información que se pueda conseguir. Así, en abstracto, puede ser sencillo decidir. En el campo, a la hora de la decisión, casi siempre es más complicado.
  8. Respeto de los valores universales y la diversidad de las culturas.
    El artículo 8 dice que el periodista debe contribuir, por la vía del diálogo, a “establecer un clima de confianza en las relaciones internacionales, de forma que favorezca en todo la paz y a justicia, la distensión, el desarme y el desarrollo nacional”. Aquí también las opiniones están divididas, pues por un lado está el entrevistador, que dice que justo esa era su intención, contribuir al debate alrededor de la guerra contra las drogas, señalar complicidades en su propio país y abrir el camino hacia la paz, mientras que del otro lado está un coro de periodistas que dicen que no, que ha favorecido a la guerra, que ha fortalecido a uno de los bandos, y no solo eso, sino que se inclinó por el malo. Es una constante que aquellos que buscan la construcción de la paz serán señalados de colaboracionistas por uno de los dos bandos (o por los dos, la vida y la libertad tanto de Sean Penn como Kate del Castillo están en riesgo, amenazados por ambos lados).
  9. La eliminación de la guerra y otras grandes plagas a las que la humanidad está confrontada.
    El último artículo señala que el periodista debe estar comprometido con el humanismo, con los valores universales, que le permitan combatir la guerra y toda forma de violencia, odio o discriminación. Al igual que en los puntos anteriores, Sean Penn dice que si, que eso es lo que le motivó, pero que su intención se vio frustrada porque muchos periodistas decidieron que lo más importante era discutir acerca de su persona.

Pero el código que Sean Penn y Kate del Castillo rompieron es uno no escrito, más moral que ético. Más del tipo “Prohibido jugar al periodista” basados en la premisa “nosotros nos jugamos la vida a diario, ustedes no”. La entrada al club dice “Solo para periodistas con credencial y de tiempo completo”, sin importar si vienes acompañado de un material único y revelador. La pelea entre periodistas ciudadanos y periodistas profesionales se ha declarado.

Mientras tanto, el resto, la gente que consumimos la información producida por ambos, les observamos sin poder participar del debate (al menos no de forma efectiva). Son SUS códigos, SUS prácticas, SUS métodos lo que está en entredicho, las y los lectores podemos opinar, pero es también un principio ético que para opinar sobre el cómo hacer periodismo debes de ser, primero que nada periodista (o asumirse como tal, pidiendo entrar al club y cambiar su reglas de ingreso). Es decir, que cuestionen, defiendan y modifiquen el código de ética periodística quienes estén dispuestos a dar su vida por cumplirlo. Los demás miramos, y si acaso, opinamos, de lejos.

Pero como lectores podríamos también tener un código de ética. Es mucho más difícil, por no decir imposible, ponernos de acuerdo. Pero hay que ir avanzando. Una buena cantidad de la información a la que podemos acceder es generada en medios que privilegian el interés económico antes que la búsqueda de la verdad o el interés público. Tenemos la obligación de cuestionar la información que nos ofrecen pues es la forma en que podemos defender nuestro derecho a una información verídica. No necesitamos credenciales ni cartas de buena conducta.

Si el periodista arriesgó su vida, si lo invitaron a cenar tacos, si le dan regalos en navidad, si es más valiente que todos, si recibe chayote, si no recibe chayote, todas esas cosas son bronca del periodista y de las capacidades de autorregulación de su gremio. Como lectores debemos analizar su información, sus datos, sus opiniones, contrastarlas, cotejarlas, refutarlas. Es una chamba y no tenemos tiempo de hacerla, pero tampoco hay tiempo de andar sopesando la moral o la testosterona de nadie. Consecuencia de lo anterior es que no debemos culpar ni responsabilizar al mensajero. Incluso si a dicho mensajero lo están lapidando otros mensajeros mientras lo responsabilizan de toda la violencia en todo el mundo. Los lectores debemos dialogar con el mensaje, no con los genitales de mensajeros y entrevistados.

Leonardo Toledo Garibaldi

San Cristóbal de Las Casas

Enero 2016

Referencias (Textos para abonar la discutidera):

El código de UNESCO:

http://www.canalaudiovisual.com/ezine/books/sitiolegisla/codigointernacionaletica.html

León Krauze. “La humillación de Joaquín Guzmán”.
http://www.letraslibres.com/blogs/blog-de-la-redaccion/la-humillacion-de-joaquin-guzman

Jan Martínez. “No olvide los muertos, señor Penn”

http://elpais.com/elpais/2016/01/13/opinion/1452713712_581491.html

Penn y Kate, al servicio del Chapo

https://sociedad.wordpress.com/2016/01/14/penn-y-kate-al-servicio-del-chapo/?fb_action_ids=507173112358&fb_action_types=news.publishes

Raymundo Riva Palacio. “¿Qué hiciste, Kate?”

http://www.elfinanciero.com.mx/opinion/que-hiciste-kate.html

Marcela Turati. “El Chapo, glamourizado antes de Hollywood”.

http://www.maspormas.com/2016/01/13/el-chapo-en-la-alfombra-roja-desde-antes-de-sean-penn/#.VpgNIzhEqYg.facebook

Lydia Cacho. “El gobierno y el miedo a que Kate del Castillo cuente su versión”.

http://www.proceso.com.mx/?p=426787

Mario Campos. “La chapomanía exhibe a la prensa mexicana”

http://mariocampos.net/2016/01/15/la-chapomania-exhibe-a-la-prensa-mexicana/

Eréndira Derbez. “Los genitales del Chapo no me importan, no tienen por qué importarme”

http://masde131.com/2016/01/los-genitales-del-chapo-no-me-importan-no-tienen-por-que-importarme/

Antonio Martínez Velázquez “Sean Penn y el Chapo: la función social del periodismo”

http://horizontal.mx/sean-penn-y-el-chapo-la-funcion-social-del-periodismo/

Témoris Grecko. ¿A quién creía Sean Penn que daba la mano?

http://www.elperiodico.com/es/noticias/internacional/quien-creia-sean-penn-que-daba-mano-4823470

Watch Sean Penn’s 60 Minutes Interview; Then Print, Cut Out, and Frame His Best Quotes About El Chapo, Drugs, Humanity, and Journalism

http://www.vulture.com/2016/01/sean-penn-60-minutes-el-chapo.html

Los chats de Kate y la violación de comunicaciones privadas

http://www.proceso.com.mx/?p=426997

Un comentario en “Parley (¡detengan esta masacre!) (o Hacia un código de ética del lector)”

  1. GraphosCc
    20 enero, 2016 at 12:18 #

    Esta semana #graphoscc habla del hombre del momento Alejandro González Iñárritu #TheRevenant #Cine http://ow.ly/Xfs9A

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