Por vos muero

Casa de citas/ 264

Por vos muero

Héctor Cortés Mandujano

 

Leo, regalo de mi amigo Marco Antonio Besares, las Poesías castellanas completas (Editorial Castalia, 2001), de Garcilaso de la Vega. Por la introducción de Elías L. Rivers me entero que la poesía de este hombre la publicó su amigo, también poeta, Juan Boscán. Garcilaso murió a los 35 años, en 1536, y Boscán en su homenaje publicó, en 1543, hace ya tiempito, los poemas suyos y los de su amigo muerto. Sin embargo (p. 22), “hacia 1570, libreros y editores se dieron cuenta de la exqu

isita poesía de Garcilaso podía tener mayor aceptación sin el voluminoso lastre de la de Boscán”. El favor, pues, sirvió para sacar a la luz la obra de Garcilaso y al mismo tiempo para mandar a la oscuridad la de Boscán. Así son estas cosas.

El amor es centro de su poesía, como queda claro en el final del famoso “Soneto V” (p. 47): “Por vos nací, por vos tengo la vida,/ por vos he de morir, y por vos muero”.

Sin ser un erudito en la materia, muchas veces he dicho que la lengua que se habla en las comunidades rurales de Chiapas (es decir, en casi todo el territorio) pertenece al siglo XVI español, y es muy evidente en lo que escribe Garcilaso. La lengua se ha estacionado en la gente de los campos chiapanecos. En el “Soneto X”, por ejemplo, sus terminaciones los podría firmar un hombre o una mujer iletrados de cualquiera de nuestras comunidades (p. 52):

 

Pues en una hora junto me llevastes

todo el bien que por términos me distes,

 llévame junto el mal que me dejastes;

si no, sospecharé que me pusistes

en tantos bienes porque deseastes

verme morir entre memorias tristes.

Ilustración: Juventino Sánchez

Ilustración: Juventino Sánchez

En el “Soneto XXXI” escribe la palabra abuelo como si fuera miembro de la Rial Academia de la Lengua Frailescana (p. 73): “¡Oh crudo nieto, que das  vida al padre/ y matas al agüelo!”, y en mi recordada “Égloga I” esta frase que también parece de Villaflores donde aún se habla no de despertar del sueño, sino de recordar del sueño. Salicio y Nemoroso hablan de sus mujeres, una infiel y otra muerta; cuando han terminado de hablar de sus pesares, se van (pp. 145-146): “…Y recordando/ ambos como de sueño, y acabando/ el fugitivo sol, de luz escaso,/ su ganado llevando, se fueron recogiendo paso a paso”.

En esta égloga dice Salicio (p. 134): “Tu dulce habla ¿en cuya oreja suena?/ Tus claros ojos ¿a quién volviste?/ ¿Por quién tan sin recato me trocaste?”; dice Nemoroso (p. 140): “¿Dó están agora aquellos ojos claros/ que llevaban tras sí, como colgada,/ mi alma, doquier que ellos se volvían?”

Me gusta Garcilaso. Este cuarteto del Soneto XVII termina con belleza esta Casa de citas (p. 59):

 

            El ancho campo me parece estrecho,

            la noche clara para mí es escura,

            la dulce compañía amarga y dura,

            y duro campo de batalla el lecho.

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