Al pío lector, con epíteto natural del pollo

Casa de citas/ 266

Al pío lector, con epíteto natural del pollo

Héctor Cortés Mandujano

 

Como las dedicatorias ya pueden ser usadas arteramente por políticos,

esta columna no está dedicada a ningún político y sí a mi amigo Sarelly Martínez

Nadie se conjura contra el tirano primero que él mismo

Quevedo

 

Los sueños, de Quevedo (mi ejemplar es de Espasa Calpe, 2003; el libro se publicó originalmente en 1627), son una colección de lo que dice el título y como ellos tienen ideas libérrimas (p. 21): “Lo que más me espantó fue ver los cuerpos de dos o tres mercaderes, que se habían vestido las almas del revés y tenían todos los cinco sentidos en las uñas de la mano derecha”.

Habla de las dificultades de cuadrar la realidad con la creación, en este caso con un poema (p. 73):

 

Dije que una señora era absoluta,

Y, siendo más honesta que Lucrecia,

Por dar fin al cuarteto la hice puta.

Forzóme el consonante a llamar necia

A la más de talento y mayor brío:

¡Oh ley de consonantes, dura y recia!

            […]

            A Herodes otra vez llamé inocente,

Mil veces a lo dulce dije amargo

Y llamé al apacible impertinente.

Ilustración: Juventino Sánchez. Ahí los esperamos

Ilustración: Juventino Sánchez. Ahí los esperamos

 

Cada sueño, por cierto, está dedicado a cierto tipo de lector; la mayoría de las dedicatorias son muy simpáticas, pero ésta creo que se lleva las palmas (p. 88): “Al lector, como Dios me lo depare, cándido o purpúreo, pío o cruel, benigno o sin sarna”.

En uno de sus sueños se le aparece la muerte y le explica (p. 114): “La muerte no la conocéis; y sois vosotros mismos vuestra muerte. Tiene la cara de cada uno de vosotros, y todos sois muertes de vosotros mismos”.

La muerte le presenta a otras (p. 118): “Estaba la muerte de amores, la muerte de frío, la muerte de hambre, la muerte de miedo y la muerte de risa, todas con diferentes insignias. La muerte de amores estaba con muy poquito seso”.

Quevedo fue contemporáneo de nuestra Sor Juana, y por ello puede explicarse que ambos tocaran el tema de cómo los hombres pervierten a las mujeres; Sor Juana en sus famosas “Redondillas” y Quevedo en las páginas 234-235. Habla una mujer: “El adulterio en nosotras es delito de muerte y en vosotros entretenimiento de vida. […] No hay sentido nuestro que por vosotros no esté encarcelado; tenéis con grillos nuestros pasos, con llave nuestros ojos; si miramos, decís que somos desenvueltas; si somos miradas, peligrosas. […] Infinitas entran en vuestro poder buenas a quien forzáis a ser malas, y ninguna entra tan mala a quien los más de vosotros no haga peor”.

Contactos: hectorcortesm@gmail.com

 

 

Sin comentarios aún.

Deja una respuesta

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Comparta su opinión. Su correo no será público y será protegido deacuerdo a nuestras políticas de privacidad.
A %d blogueros les gusta esto: