Los Castañón, de una casa de adobes a una offshore en Panamá

Noé Castañón Ramírez, presidente del PRI municipal de Tuxtla Gutiérrez, no se imaginó que su nombre se vincularía al de Lionel Messi, ese extraordinario jugador del Barcelona, mucho menos al de Vladimir Putin.

El motivo: ser clientes de Mossack Fonseca, una empresa panameña, especializada en blanquear dinero y evitar el pago de impuestos, de acuerdo a una investigación realizada por el Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación.

Carlos Salinas en la boda de la hija de Noé Castañón. Foto de la Revista QUIÉN

Carlos Salinas en la boda de la hija de Noé Castañón. Foto de la Revista QUIÉN

No es que las offshore, que literalmente significan “fuera de la costa” sean ilegales, pero son empleadas por los políticos con fines financieros perversos, en especial para proteger dinero mal habido.

Noé Castañón Ramírez no es precisamente un empresario destacado. Tampoco un político de trayectoria brillante y de primer nivel, como para estar en el dream team financiero.

Su capital económico es más bien herencia directa de su padre, Noé Castañón León, un abogado que inició con trabajos modestos como mecanógrafo de juzgado y que, apadrinado por Jorge Ináurruti, ministro de la Corte, se convirtió en secretario de estudio y cuenta, y al paso de los años, en ministro del Poder Judicial de la Federación.

A medida que avanzaba en los puestos vinculados a la jurisprudencia, Castañón León también fue acumulando una fortuna, del que ya dio cuenta Chiapas Paralelo, el 14 de febrero de 2014:

“El  ministro hizo de La Corte su fortaleza para ocupar cargos  gubernamentales en serie, y desde luego,  amasar su actual fortuna personal inventariada, hasta donde se ve,  con una casa en  la ciudad de México, en las cercanías del California Dancing Club; una segunda casa en la ciudad de Cuernavaca, su rancho bardado con malla perimetral  en ese mismo estado de Morelos”.

Esa colaboración periodística, firmada por Arlequín y titulada, “Noé Castañón, historia de familias”, también indicaba que el exsecretario de gobierno con Juan Sabines Guerrero poseía una residencia en el Fraccionamiento Los Laureles y un edificio en el lado poniente de la capital chiapaneca.

“Naturalmente, agregaba el texto, son  propiedades que no reflejan nada la  casa  de adobes, tejas de barro y piso de tierra, donde  el exmagistrado presidente de la Tribunal Superior de Justicia del Estado nació y vivió su infancia y parte de su adolescencia”.

Por estos antecedentes, la aparición de Noé Castañón Ramírez en #PanamaPapers solo puede deberse a su padre, porque él “no tiene la madera” de su progenitor, es más bien “un junior, un aprendiz de político. Joven antipático, alzado y clasista”, dice la citada columna, y además porque en su breve carrera política le habría sido imposible acumular una cantidad de dinero de la magnitud que se requiere para invertirlo en un paraíso fiscal.

Desgraciadamente, y a diferencia de otras partes del mundo, en donde veremos que actuará la justicia para investigar a los políticos, empresarios y deportistas involucrados en este escándalo y determinar su culpabilidad, en el caso de México, la difusión de estos documentos servirá solo para exhibir a los personajes públicos vinculados en este oscuro entramado financiero. El Estado se abstendrá de investigar a Noé Castañón o  Juan Armando Cantú.

Esa vuelta a la hoja, esa estrategia de echar al olvido estos posibles delitos, en lugar de investigarlos y castigarlos, es lo que ha convertido a México en el país de la corrupción, de la impunidad y en el verdadero paraíso de los políticos atracadores.

 

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