De becas y reproches

De becas y reproches

José Ramón Guillén

No es precisamente virtud del ser humano olvidar la queja y ocupar ese tiempo en acciones más enriquecedoras para su persona y los que le rodean. Dentro de ese fatídico cúmulo de desencantos mexicanos la concesión de becas para estudios superiores suele estar en boca tanto de los beneficiados como de los excluidos.

A nadie extrañan las quejas contra el sistema educativo nacional, con toda razón, sin embargo si el punto de interés son las becas, y más las que se conceden en distintos niveles de la mencionada educación superior hay que abrir un paréntesis y reflexionar. Las universidades públicas se han visto rebasadas por el incremento de solicitudes para incorporarse a alguna de sus carreras, de ahí el creciente número de universidades privadas que han proliferado en el país. A lo anterior hay que añadir los recortes presupuestales anuales, donde la educación suele salir mal parada. Aún con tales recortes algunas de estas universidades públicas conceden becas a sus estudiantes de más bajos recursos. Insuficientes, seguro, pero esfuerzo institucional que podría incrementarse si se racionalizaran gastos de otra naturaleza y no todo el mundo se hiciera ojo de hormiga en la revisión de cuentas.

En la formación de Maestros y Doctores el incremento del gasto para apoyar dichos estudios es considerable. Los requisitos son ser aceptado en alguno de los posgrados nacionales o internacionales reconocidos por el CONACYT y, por ello, acreditados para que sus alumnos reciban un apoyo económico para dedicación completa a su formación. No siempre se produce tal aplicación académica del estudiante, pero la posibilidad existe.

Conozco casos de varios países, además de haber comentado esta circunstancia con colegas extranjeros que visitan México por alguna actividad académica. Ninguno de ellos deja de sorprenderse por el apoyo que reciben los posgrados reconocidos y, por ende, la dispensa económica que el Estado otorga a los alumnos sin prácticamente ninguna exigencia más que la finalización de sus estudios y la obtención del grado.

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Algunos Estados tienen estas formas de apoyar a su población, algo que debe redituar al futuro del país, pero también las exigencias son mayores, como los compromisos que los estudiantes deben asumir finalizada su formación al regresar con trabajo lo que la nación les dio. Al juzgar por mi experiencia, repito, México lleva años realizando un esfuerzo enorme en estos gastos. Y aquí de nuevo se retorna a lo de siempre: se podría aumentar si no tuviéramos tanto ladrón de guante blanco y los gastos fueran racionalizados de otra forma. Cierto, y hay que luchar porque ello suceda, pero hasta entonces muchos intelectuales y profesionistas tienen acceso a una educación de calidad que envidian países de Latinoamérica e incluso de Europa. Es bueno ser cochi pero no tan trompudo.

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